I.
M. I.
Viva Jesús, viva María.
11-1
El adiós de la tarde a Jesús Sacramentado.
(1) ¡Oh Jesús mío! Prisionero celestial,
ya el sol está en el ocaso y las tinieblas invaden la tierra, y Tú quedas solo
en el tabernáculo de amor. Me parece verte triste por la soledad de la noche,
no teniendo en torno a Ti la corona de tus hijos y de tus tiernas esposas, que
al menos te hagan compañía en tu voluntario cautiverio.
(2) Oh mi prisionero divino, también yo
siento que el corazón se me oprime por tener que alejarme de Ti, y me veo
forzada a decirte adiós, pero qué digo, ¡oh Jesús!, nunca jamás adiós, no tengo
ánimo de dejarte solo, adiós te digo con los labios pero no con el corazón, más
bien mi corazón lo dejo junto Contigo en el sagrario, contaré tus latidos y te
corresponderé, por cada uno, con
un latido de amor; numeraré
tus afanosos suspiros, y para darte
consuelo te haré descansar en mis brazos; seré tu vigilante centinela, estaré atenta para ver si alguna cosa te
aflige o te da dolor, no sólo para no dejarte nunca solo, sino para tomar parte
en todas tus penas.
(3) ¡Oh, corazón de mi corazón! ¡Oh amor
de mi amor! Deja ese
aire de tristeza y consuélate, no resisto verte afligido.
Mientras con los labios te digo adiós, te
dejo mis respiros, mis afectos, mis pensamientos, mis deseos y todos mis
movimientos, que enlazando entre ellos continuos actos de amor, unidos a los
tuyos te formarán una corona, te
amarán por todos. ¿No estás
contento, ¡oh! Jesús. Parece que me dices que sí, ¿no es verdad?
(4) Adiós, ¡oh! amante prisionero, pero
aún no he terminado, antes de irme quiero dejar también mi cuerpo ante Ti,
intento hacer de mi carne, de mis huesos, tantos diminutos pedazos para formar
tantas lámparas por cuantos sagrarios existen en el mundo, y de mi sangre hacer
tantas llamitas para encender estas lámparas, y en cada sagrario quiero poner
mi lámpara, que uniéndose a la lámpara del sagrario que te ilumina la noche, te
dirá: “Te amo, te adoro, te bendigo, te ofrezco reparación y te doy las gracias
por mí y por todos”.
(5) Adiós, ¡oh! Jesús, pero escucha una
última cosa: “Hagamos un pacto, y el pacto sea que nos amemos más; Tú me darás más amor, me encerrarás
en tu amor, me harás vivir de amor y me sepultarás en tu amor; estrechemos más fuertemente el
vínculo del amor”. Sólo estaré
contenta si me das tu amor para poder amarte de verdad.
(6) Adiós ¡oh! Jesús, bendíceme, bendice
a todos, estréchame a tu corazón, aprisióname en tu amor, y dándote un beso en
el corazón te dejo, adiós, adiós.
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11-2
Los buenos días a Jesús.
(1) ¡Oh Jesús mío! Dulce prisionero de
amor, heme aquí Contigo de nuevo, te dejé con decirte “adiós”, y ahora vuelvo a
Ti diciéndote: “Buenos días”. Me consumía el ansia de volverte a ver en esta
prisión de amor para darte mis amorosos saludos, mis latidos afectuosos, mis
respiros encendidos, mis deseos ardientes, y toda yo misma para infundirme toda
en Ti y dejarme toda en Ti en perpetuo recuerdo y prenda de mi amor constante
hacia Ti.
(2) ¡Oh, mi siempre adorable amor Sacramentado!,
¿Sabes? Mientras he venido para entregarme toda yo misma a Ti, he venido
también para recibir de Ti todo Tú mismo, yo no puedo estar sin una vida para
vivir, y por eso quiero la tuya, pues a quien todo da todo se le da, ¿no es
cierto, ¡oh! Jesús? Así pues, hoy amaré con tu latido de amante apasionado,
respiraré con tu respiro afanoso en busca de almas, desearé con tus deseos
inconmensurables tu gloria y el bien de las almas; en tu latido divino correrán
todos los latidos de las criaturas, las tomaremos todas, las salvaremos, no
dejaremos que escape ninguna, aun a costa de cualquier sacrificio, aunque tenga
que sufrir yo todas sus penas. Si Tú me echases de tu presencia, me arrojaré
aún más adentro, gritaré más fuerte para implorar junto Contigo la salvación de
tus hijos y hermanos míos.
(3) ¡Oh mi Jesús! Mi vida y mi todo,
cuántas cosas me dice este voluntario cautiverio tuyo, pero el emblema con el
cual te veo todo marcado es el emblema de las almas, y las cadenas que tan
fuerte te atan son el amor. Las palabras almas y amor parece que te hacen
sonreír, te debilitan y te obligan a ceder en todo, y yo, valorando bien estos
tus excesos amorosos, estaré siempre en torno a Ti, y junto Contigo, con mi
estribillo de siempre: “Almas y amor”. Por eso en este día te quiero a Ti,
siempre junto conmigo, en la oración, en el trabajo, en los gustos y en los
disgustos, en el alimento, en cada paso, en el sueño, en todo, y estoy segura
que no pudiendo obtener nada por mí misma, Contigo obtendré todo, y todo lo que
haremos servirá para aliviarte cada dolor, endulzarte cada amargura, repararte
cualquier ofensa, compensarte por todo y conseguir cualquier conversión, aunque
fuese difícil y desesperada. Iremos mendigando a todos los corazones un poco de
amor para hacerte más contento y más feliz, ¿no está bien así, ¡oh! Jesús?
(4) ¡Oh amado prisionero de amor, átame
con tus cadenas, séllame con tu amor! ¡Ah!, muéstrame tu bello rostro. ¡Oh
Jesús, qué hermoso eres!, Tus cabellos rubios atan y santifican todos mis pensamientos;
tu frente calmada y serena en medio de tantas afrentas, me da la paz y me deja
en la más perfecta calma, aun en medio de las más grandes tempestades, en medio
de tus mismas privaciones, y de tus caprichos que me cuestan la vida. ¡Ah! Tú
lo sabes, pero sigo adelante, esto te lo dice el corazón que te lo sabe decir
mejor que yo. ¡Oh amor! tus bellos ojos azules, refulgentes de luz divina me
raptan al Cielo y me hacen olvidar la tierra, pero, ¡ay de mí! con sumo dolor
mío se prolonga mi destierro todavía. Pronto, pronto, ¡oh Jesús! Sí, eres bello
oh Jesús, me parece verte en ese tabernáculo de amor, la belleza y majestad de
tu rostro me enamora y me hace vivir en el Cielo; allá, tu boca graciosa me da
sus besos en cada momento; tu voz suave me llama e invita a amarte en cada
momento, tus rodillas me sostienen, tus brazos me estrechan con vínculo
indisoluble, y yo mil y mil veces pondré mis besos ardientes sobre tu rostro
adorable. Jesús, Jesús, sea uno nuestro querer, uno el amor, único nuestro
contento, no me dejes nunca sola que soy nada, y la nada no puede estar sin el
Todo, ¿me lo prometes, ¡oh! Jesús? Parece que me dices que sí. Y ahora
bendíceme, bendice a todos, y en compañía de los ángeles, de los santos, y de
la dulce Mamá y de todas las criaturas te digo: “Buenos días, ¡oh! Jesús,
buenos días”.
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(5) Ahora, después de haber escrito las
oraciones anteriores bajo el influjo de Jesús, en la noche al venir Jesús me
hacía ver que el adiós y el buenos días los tenía conservados en su corazón, y
me ha dicho:
(6) “Hija mía, estas oraciones han
salido del fondo de mi corazón, y quien las rece con la intención de estarse
Conmigo, como está expresado en ellas, Yo lo tendré Conmigo y en Mí haciendo lo
que hago Yo, y no sólo los enfervorizaré en mi Amor, sino que cada vez que lo
haga aumentaré mi amor hacia el alma, admitiéndola a la unión de la vida divina
y de mis mismos deseos de salvar a todas las almas”.
(7) Quisiera a Jesús en la mente, a
Jesús en los labios, a Jesús en mi corazón, quisiera mirar sólo a Jesús,
escuchar sólo a Jesús, estrecharme sólo con Jesús, quiero hacer todo junto con
Jesús, amar con Jesús, sufrir con Jesús, jugar con Jesús, llorar con Jesús,
escribir con Jesús, y sin Jesús no quiero ni siquiera respirar, me estaré como
una bebita llorona sin hacer nada, a fin de que Jesús venga a hacer todo junto
conmigo, contentándome con ser su juguete, abandonándome a su Amor, a sus
castigos, a sus cruces y a sus amorosos caprichos siempre y cuando todo lo haga
junto con Jesús. ¿Sabes ¡oh! mi Jesús? Esta es mi voluntad y no me cambiaré,
¿lo has oído? Así que ahora ven a escribir conmigo.
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11-3
Febrero 14, 1912
Jesús dice que en su Voluntad, todas las
cosas
tienen el mismo valor y habla de su
Voluntad.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
siempre amable Jesús ha venido y le he dicho: “Dime, ¡oh! Jesús, ¿cómo es que
después de que has dispuesto al alma a sufrir, y de que ella conociendo el bien
que hay en el sufrir, ama el sufrir y sufre casi con pasión, y cuando cree que
su patrimonio es el sufrir, en lo más bello Tú le quitas este tesoro?”
(2) Y Jesús: “Hija mía, mi Amor es
grande, mi régimen es insuperable, mis enseñanzas son sublimes, mis
instrucciones son divinas, creadoras e inimitables; entonces, para hacer que
todas las cosas, sean grandes o pequeñas, sufrir o gozar, naturales o
espirituales, adquieran un solo color y tengan un solo valor, permito que
cuando el alma se ha adiestrado a sufrir y llega a amarlo, Yo le hago pasar el
sufrir como propiedad en la voluntad, así que cada vez que Yo le mande el
sufrir, teniendo la propiedad, las disposiciones en la voluntad, se encontrará
siempre dispuesta a sufrir y a amar el sufrimiento. Así que Yo miro las cosas
en la voluntad, y entonces es para el alma como si siempre sufriera, a pesar de
que no sufra; y a fin de que el gozar tenga el mismo valor que el sufrir, y el
rezar, el obrar, el comer, el dormir, en suma, todo, porque el todo está en si
las cosas son de mi Voluntad; para hacer que cualesquiera que sean las cosas
tengan un solo valor, permito que el alma se adiestre a todas las cosas en mi
Voluntad con santa indiferencia. Así que para el alma parece que mientras Yo le
doy una cosa, luego se la quito, pero no es verdad, más bien es que en un principio,
cuando el alma no está bien adiestrada, siente la sensibilidad en el sufrir, en
el rezar, en el amar, pero cuando con el adiestrarse pasan como propiedad en la
voluntad, cesa la sensibilidad, pero al llegarle la ocasión de tener necesidad
de servirse de estas propiedades divinas que le he hecho adquirir, con paso
firme y con ánimo imperturbable se pone a ejercitarse en la ocasión que se
presenta, como por ejemplo: ¿Se presenta el sufrir? Entonces encuentra en ella
la fuerza, la vida del sufrir; ¿debe rezar? Encuentra en ella la vida de la
oración, y así de todo lo demás”.
(3) Según lo que dice Jesús a mí me
parece así: Supongamos que yo haya recibido un don; mientras no me decida dónde
debo guardar y conservar ese don, lo miro, lo aprecio y siento una cierta
sensibilidad en amar aquel don; pero si lo conservo bajo llave, no viéndolo más
la sensibilidad cesa, pero no por esto puedo decir que el don ya no es mío, al
contrario, ciertamente es más mío porque lo tengo bajo llave, mientras al principio
estaba en peligro de que me lo robaran.
(4) Jesús ha continuado: “En mi Voluntad
todas las cosas se dan la mano entre ellas, todas se asemejan, todas están en
sumo acuerdo, así que el sufrir da su lugar al gozar y dice: “He hecho mi parte
en la Voluntad de Dios, haz ahora la tuya, y sólo cuando Jesús lo quiera me
pondré de nuevo a obrar”. El fervor dice a la frialdad: “Tú serás más ardiente
que yo si te contentas con estar en la Voluntad de mi eterno Amor”. Y así la
oración al trabajo, el sueño a la vigilia, la enfermedad a la salud, todas,
todas las cosas entre ellas, parece que una cede su puesto a la otra para estar
en acto, pero todas tienen su puesto distinto. Además, quien vive en mi
Voluntad no es necesario que haga el camino para ponerse en actitud de hacer lo
que Yo quiero, sino que como cable eléctrico se encuentra ya en Mí haciendo lo
que Yo quiero”.
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11-4
Febrero, 1912
Ofrecimiento de una víctima.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
adorable Jesús se hacía ver crucificado y con un alma junto a Él, la cual se
ofrecía víctima a Jesús, y Jesús le ha dicho:
(2) “Hija mía, te acepto como
víctima del dolor. Todo lo
que puedas sufrir lo sufrirás como si estuvieras Conmigo en la cruz, y con tus
sufrimientos me consolarás; muchas veces se te escapa esto de consolarme con
tus sufrimientos, debes saber que Yo fui víctima y hostia pacífica y así
también tú, no te quiero
víctima oprimida, sino pacífica y alegre, serás como un corderito dócil y tu
balar, esto es tus oraciones, tus sufrimientos, tus obras, servirán para
endulzar mis amargas llagas”.
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11-5
Febrero 18, 1912
Cómo quien vive de la vida de Jesús, puede
decir que su vida ha terminado.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre y todo amable Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que haces por Mí,
aún un respiro, entra en Mí como prenda de tu amor por Mí, y Yo en
correspondencia te doy mis prendas de amor, así que el alma puede decir: “Yo
vivo de las prendas que me da mi amado Jesús”.
(3) Después ha agregado:
(4) “Hija amada mía, viviendo tú de mi
Vida, se puede decir que tu vida ha terminado, que no vives más, así que no
viviendo más tú, sino Yo en ti, todo lo que te hacen, agradable o desagradable,
Yo lo recibo como hecho propiamente a Mí; y esto lo puedes comprender porque
ante eso que te hacen, agradable o desagradable, tú no sientes nada, esto
significa que debe ser otro quien siente ese gusto o ese disgusto, ¿y quién
otro lo puede sentir sino Yo que vivo en ti y que te amo tanto, tanto?”
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11-6
Febrero 24, 1912
El alma que hace la Divina Voluntad pierde
su
temperamento, y adquiere el temperamento
de Jesús. Sonrisa de Jesús.
(1) Habiendo visto varias almas
alrededor de Jesús, especialmente una muy sensible, Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, las almas de temperamento
sensible, si se ponen al bien, hacen más
progreso que las otras, porque su sensibilidad las lleva a empresas grandes y
arduas”.
(3) Yo le he rogado que le quitara ese
resto de sensibilidad humana que le quedaba, que la estrechara más a Él, que le
dijera que la amaba, pues al oírse decir que la amaba la conquistaría del todo;
verás que lo lograrás, ¿no me has vencido a mí así, diciéndome que me amabas
tanto, tanto?
(4) Y Jesús: “Sí, sí, lo haré, pero
necesito su cooperación, necesito que huya cuanto más pueda de las personas que
le excitan la sensibilidad”.
(5) Entonces yo he agregado: “Amor mío,
dime, y mi temperamento, ¿cuál es?”
(6) Y Jesús: “Quien vive en mi Voluntad
pierde su temperamento y adquiere el mío. Así que en el alma que hace mi
Voluntad se descubre un temperamento afable, atrayente, penetrante, digno y a
la vez sencillo, de una sencillez infantil, en suma, me asemeja en todo. Más
bien, más todavía, tiene en su poder el temperamento como lo quiere y como se
necesita, pues como vive en mi Voluntad toma parte en mi Potencia, por lo tanto
tiene las cosas y a sí misma a su disposición, así que según las circunstancias y las personas con las que trata, toma mi
temperamento y lo desarrolla”.
(7) Y yo: “Dime, ¿me das un primer
puesto en tu Querer?”
(8) Jesús sonriendo: “Sí, sí, te lo
prometo, de mi Voluntad no te haré salir jamás, y tomarás y harás lo que
quieras”.
(9) Y yo: “Jesús, quiero ser pobre,
pobre y pequeña, pequeña; de tus mismas cosas no quiero nada, mejor que las
tengas Tú mismo, yo sólo te quiero a Ti, y conforme necesite las cosas Tú me
las darás, ¿no es verdad, ¡oh! Jesús?”
(10) Y Jesús: “Bravo, bravo a mi hija,
finalmente he encontrado una que no quiere nada; todos quieren alguna cosa de
Mí, pero no el Todo, esto es, a Mí mismo; en cambio tú, con no querer nada has
querido todo, y aquí está toda la fineza y la astucia del verdadero amor”.
(11) Yo he sonreído y Jesús ha
desaparecido.
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11-7
Febrero 26, 1912
El mendigo de amor. La criatura está hecha
sólo de amor.
(1) Regresando mi todo y siempre amable
Jesús, me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo soy Amor, e hice a las
criaturas todo amor: los nervios, los huesos, las carnes, son tejidos de amor;
y después de haberlas tejido de amor hice correr en todas sus partículas, como
cubriéndolas con un vestido, la sangre, para darles vida de amor, así que la
criatura no es otra cosa que un complejo de amor, y no se mueve por ninguna
otra cosa sino sólo por amor; a lo más puede haber diversidad de amores, pero
siempre por amor se mueve, puede haber amor divino, amor de sí misma, amor de
criaturas, amor perverso, pero siempre amor, no pude hacer de otra manera
porque su vida es amor, creada por el Amor Eterno, por lo tanto, llevada por
una fuerza irresistible al amor, así que la criatura, aún en el mal, en el
pecado, en el fondo debe tener un amor que la empuja a hacer ese mal. ¡Ah,
hija mía! ¿Cuál no
será mi dolor al ver en las criaturas la propiedad de mi Amor que he puesto en
ellas, profanado, contaminado en otro uso? Yo, para custodiar este amor salido de Mí y dado a las criaturas, me
estoy en torno a ellas como un pobre mendigo, y conforme la criatura se mueve,
late, respira, obra, habla, camina, le voy mendigando todo, y le pido, le
suplico y le ruego que me dé todo a Mí diciéndole: “Hija, no te pido sino lo
que te he dado, es por tu bien, no me robes lo que es mío: El respiro es mío,
respira sólo para Mí; el latido, el movimiento son míos, late y muévete sólo
por Mí, y así de todo lo demás”. Pero con sumo dolor soy obligado a ver que el
latido toma un camino, el respiro otro camino, y Yo, el pobre mendigo, me quedo
en ayunas, mientras que el amor de sí misma, de las criaturas, de las mismas
pasiones, quedan saciados; ¿puede haber injusticia mayor que ésta? Hija mía, quiero desahogar contigo mi Amor y mi
dolor, pues sólo quien me ama me puede compadecer”.
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11-8
Febrero 28, 1912
Señales para conocer si se ama sólo al
Señor.
(1) Esta mañana al ver a mi adorable
Jesús le he dicho: “¡Oh! corazón mío, vida mía y todo mío, ¿cómo se puede
conocer si se ama sólo a Ti, o se ama otras cosas o personas?”
(2) Y Él: “Hija mía, si el alma está
toda llena de Mí hasta el borde, hasta derramarse fuera, esto es, no piensa, no
busca, no habla, no ama sino a Mí solo, y todo lo demás parece que no exista
para ella, más bien todo lo demás la aburre, la fastidia y a lo más le cede la
escoria y el último lugar a lo que no es Dios, como por ejemplo un pensamiento,
una palabra, un acto para una cosa necesaria de la vida natural, esto no es
otra cosa que dar la escoria a la naturaleza, esto lo han hecho los santos, lo
hice también Yo Conmigo, con los apóstoles dando algunas disposiciones, dónde
se debía pernoctar, qué comer, etc.; entonces dar
esto a la naturaleza no daña ni al amor ni a la santidad verdadera, y esto es
señal de que me ama sólo a Mí. En cambio si el alma está con mezcla de varias cosas, ahora piensa en Mí,
ahora en otra cosa; ahora habla de Mí y después habla largamente de otras cosas, y así de lo demás, es señal de que
no me ama sólo a Mí y Yo no estoy contento, en fin, si el último pensamiento,
la última palabra, un último acto es sólo para Mí, es señal de que no me ama, y
si me da alguna cosa no es más que la escoria que me da, y sin embargo esto es
lo que hace la mayoría de las criaturas. ¡Ah hija mía! Los que me aman están unidos Conmigo
como las ramas están unidas al tronco del árbol, ¿puede haber separación,
olvido, alimento diferente entre las ramas y el tronco? Una es la vida, una su
finalidad, de ambos los frutos; es más, el tronco es la vida de las ramas, y las ramas son la gloria del
tronco, uno y las otras son la misma cosa. Así son Conmigo las almas que me
aman”.
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11-9
Marzo 3, 1912
El temperamento de Jesús lo forma su
Voluntad, y el
alma que hace la Voluntad de Dios toma
parte en
todas las cualidades de su temperamento.
(1) Continuando mi habitual estado, ha
venido mi adorable Jesús y me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad
pierde su temperamento y toma el mío, y como en mi temperamento hay tantas
músicas que forman el paraíso de los bienaventurados, esto es: música es mi
temperamento dulce, música es la Bondad, música la Santidad, música la Belleza,
la Potencia, la Sabiduría, la Inmensidad, y así de todo lo demás de mi Ser,
entonces el alma tomando parte en todas las cualidades de mi temperamento,
recibe en ella todas las variedades de estas músicas, y conforme va haciendo
aun las más pequeñas acciones, me hace una música y Yo al oírla conozco
inmediatamente que es música que el alma ha tomado de mi Voluntad, esto es de
mi temperamento, y corro y la voy a oír, y me agrada tanto que quedo recreado y
resarcido por todas las afrentas que me hacen todas las demás criaturas. Hija
mía, ¿qué será cuando estas músicas pasen al Cielo? Al alma la pondré frente a
Mí, Yo haré mi música y ella la suya, nos saetearemos recíprocamente, el sonido
de uno será el eco del sonido de la otra, las armonías se confundirán, y con
toda claridad se conocerá por todos los bienaventurados que esta alma no es
otra cosa que fruto de mi Querer, portento de mi Voluntad, y todo el Cielo por
ella gozará de un paraíso de más. Estas son las almas a las cuales voy
repitiendo: “Si no hubiera creado el Cielo, por ti sola lo crearía”. Distiendo
el cielo de mi Querer en ellas, y en ellas hago
mis verdaderas imágenes, en estos cielos me voy espaciando, divirtiéndome y entreteniéndome con ellas; a estos cielos les
repito: “Si no me hubiera quedado en el Sacramento, por ustedes solas me
quedaría”. Porque ellas son mis verdaderas hostias, y Yo, así como no podría
vivir sin un Querer, así tampoco puedo vivir sin estos cielos de mi
Voluntad; es más, no
sólo son mis verdaderas hostias, sino mi calvario y mi misma Vida. Estos cielos
de mi Querer me son más queridos y son más
privilegiados que los tabernáculos y que las mismas hostias consagradas, porque
en la hostia, con el consumirse las especies mi Vida termina, en cambio en
estos cielos de mi Querer mi Vida no termina jamás, más bien me sirven de
hostias en la tierra y serán hostias eternas en el Cielo. A estos cielos de mi
Querer agrego: “Si no me hubiera encarnado en el seno de mi Madre, por estas
almas me habría encarnado, por éstas habría sufrido la Pasión”. Porque en ellas
encuentro el verdadero fruto completo de mi Encarnación y de mi Pasión”.
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11-10
Marzo 8, 1912
Qué significa víctima.
(1) Esta mañana se ha ofrecido víctima
el Padre G. a Nuestro Señor, y yo estaba pidiendo y ofreciéndolo para que lo
aceptara, y mi amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo lo acepto de buen grado,
dile que su vida no será más la suya sino la mía; es más, lo elijo víctima de
mi Vida oculta. Mi Vida oculta fue víctima de todo el interior del hombre, así
que dio satisfacción por los pensamientos, deseos, tendencias, afectos malos.
Todo lo que el hombre hace exteriormente, no es otra cosa que el desahogo de su
interior, y si tanto mal se ve en el exterior, ¿qué será del interior? Así
pues, bastante me costó el rehacer el interior del hombre, basta decir que en
eso empleé la prolijidad de treinta años; mi pensamiento,
mi latido, el respiro, los deseos, estaban siempre dedicados a correr hacia el
pensamiento, el latido, el respiro, el deseo del hombre para repararlos, para
santificarlos y para dar satisfacción por ellos; es así como lo elijo a él
víctima para este punto de mi Vida oculta, así que quiero todo su interior
unido Conmigo y ofrecido a Mí para darme satisfacción por el interior malvado
de las demás criaturas; y muy a propósito lo elijo para esto, pues siendo él
sacerdote conoce más que los demás el interior de las almas, el fango, la
podredumbre que hay dentro de ellas, y por esto puede conocer mejor cuánto me
costó este mi estado de víctima, en el que quiero que tome parte, y no sólo él,
sino también los demás que él conoce y trata. Hija mía, dile que le hago una
gracia grande aceptándolo como víctima, porque el hacerse víctima no es otra
cosa que un segundo bautismo, más bien, más que el bautismo, porque se trata de
resurgir en mi misma Vida, y debiendo la víctima vivir Conmigo y de Mí, me es
necesario lavarla de toda mancha, dándole un nuevo bautismo y reafirmarla en la
gracia para poder admitirla a vivir Conmigo, así que de ahora en adelante todo
lo que él haga no dirá que es cosa suya, sino mía, así que si reza, si habla,
si obra, dirá que son cosas mías”.
(3) Después de esto parecía que Jesús
miraba en torno a mí, y le he dicho: “¿Qué miras, ¡oh! Jesús? ¿No estamos
solos?”
(4) Y Él: “No, hay otras personas, las
atraigo en torno a ti para tenerlas más estrechadas Conmigo”.
(5) Y yo: “¿Las amas mucho?”
(6) Y Él: “Sí, pero las quisiera más
desenvueltas, más confiadas, más audaces y más íntimas Conmigo, sin ningún
pensamiento de ellas mismas, porque deben saber que las víctimas no son más
dueñas de ellas mismas, de otra manera anulan el estado de víctima”.
(7) Entonces yo, teniendo un poco de tos
le he dicho: “Jesús, hazme morir de tisis, pronto, pronto, hazme ir, llévame
Contigo”.
(8) Y Jesús: “No me hagas ver que quedas
descontenta, pues así Yo sufro. Sí, morirás de tisis, pero falta todavía un
poco, y si no mueres de tisis corporal morirás de tisis de amor. ¡Ah!, no
salgas de mi Voluntad, porque mi Voluntad será tu paraíso, más bien el paraíso
de mi Querer; por cuantos días estés en la tierra, otros tantos paraísos más te
daré en el Cielo”.
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11-11
Marzo 13, 1912
Efectos del estado de víctima. Jesús
continúa
hablando acerca del estado de víctima y me
ha dicho:
(1) “Hija mía, el bautismo del
nacimiento es de agua, por eso tiene virtud de purificar, pero no de quitar las
tendencias, las pasiones; en
cambio el bautismo de víctima es bautismo de fuego, por eso tiene virtud no
sólo de purificar sino de consumar cualquier pasión y tendencia mala; es más,
Yo mismo la voy bautizando parte por parte: Mi pensamiento bautiza el
pensamiento del alma, mi latido su latido, mi deseo su deseo y así de todo lo
demás. Este bautismo se desarrolla entre Yo y el alma a medida que ella se da a
Mí y no vuelve a tomar lo que me ha dado, he aquí porqué hija mía no adviertes
malas tendencias ni otras cosas, esto te sucede por el estado de víctima, y te
lo digo para tu consuelo, por eso di al padre G. que esté bien atento, que ésta
es la misión de las misiones y el apostolado de los apostolados, dile que
siempre conmigo lo quiero y todo atento a Mí”.
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11-12
Marzo 15, 1912
Quien hace la Voluntad de Dios obra a lo
Divino. La
Divina Voluntad es la Santidad de las
santidades.
(1) Continuando mi habitual estado, me
sentía un gran deseo de hacer la Voluntad Santísima de Jesús bendito, y Él al
venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad es la
Santidad de las santidades, así que el alma que hace mi Voluntad, por cuanto
fuera pequeña, ignorante, ignorada, deja atrás a todos los demás santos, a
pesar de los portentos, de las conversiones estrepitosas, de los milagros que
hayan hecho, es más, confrontándolos, las almas que hacen mi Voluntad son
reinas, y todas las demás están como a su servicio. El alma que hace mi
Voluntad parece que no hace nada, pero hace todo, porque estando en mi Voluntad
obran a lo divino, ocultamente y en modo sorprendente, así que son luz que
ilumina, son vientos que purifican, son fuego que quema, son milagros que hacen
hacer los milagros, y quienes los hacen son sólo los canales, porque en ellas
es donde reside la potencia para hacerlos, así que son el pie del misionero, la
lengua de los predicadores, la fuerza de los débiles, la paciencia de los
enfermos, el régimen de los superiores, la obediencia de los súbditos, la
tolerancia de los calumniados, la firmeza en los peligros, el heroísmo de los
héroes, el valor de los mártires, la santidad de los santos, y así de todo lo
demás, porque estando en mi Voluntad concurren a todo el bien que puede haber
en el Cielo y en la tierra. He aquí porqué puedo decir que son mis verdaderas
hostias, pero hostias vivas, no muertas, porque los accidentes que forman la
hostia no están llenos de vida ni fluyen a mi Vida, en cambio el alma está
llena de vida, y haciendo mi Voluntad fluye y concurre a todo lo que hago Yo,
he aquí por qué me son más queridas estas hostias consagradas por mi Voluntad
que las mismas hostias sacramentales, y si tengo alguna razón de existir en
éstas, es para formar las hostias sacramentales de mi Voluntad. Hija mía, es
tanto el placer que tomo de mi Voluntad, que al sólo oír hablar de Ella me
estremezco de alegría y llamo a todo el Cielo a hacer fiesta; imagínate tú misma qué será de
aquellas almas que la hacen. Yo
encuentro todos los contentos en ellas y doy todos los contentos a ellas, su
vida es la vida de los bienaventurados, solamente dos cosas les interesan,
desean, añoran: Mi Voluntad y el Amor. Poco tienen que hacer, mientras hacen
todo, las misma virtudes quedan absorbidas en mi Voluntad y en el Amor, así que
no tienen más qué hacer con ellas, porque mi Voluntad contiene, posee, absorbe
todo, pero en modo divino, inmenso e interminable; esta es la vida de los bienaventurados”.
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11-13
Marzo 20, 1912
El todo está en darse todo a Jesús y hacer
en todo y siempre su Querer.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús se hacía ver todo doliente y me ha dicho:
(2) “Hija mía, no lo quieren comprender,
que el todo está en darse todo a Mí y hacer en todo y siempre mi Querer; cuando Yo he obtenido esto, Yo mismo
voy empujando a las almas diciéndole a cada una: “Hija mía, toma este gusto,
esta comodidad, este consuelo, este descanso”, con esta diferencia, que antes
de darse toda a Mí y de hacer en todo y siempre mi Voluntad, si se los tomaba
eran humanos, en cambio después son divinos, y Yo, siendo cosas mías, ya no me
dan celos y digo entre Mí: “Si toma el lícito placer lo toma porque lo quiero
Yo, si trata con personas, si lícitamente conversa, es porque lo quiero Yo, y
si Yo no lo quisiera ella está dispuesta y lista a dejarlo todo”, y por esto Yo
pongo las cosas a su disposición, porque todo lo que hace es todo efecto de mi
Querer, no más del suyo. Dime ¡oh! hija mía, ¿qué cosa te ha faltado desde que
te diste toda a Mí? Te he dado mis gustos, mis placeres y todo Yo mismo para tu
contento, esto en el orden sobrenatural, y en el orden natural tampoco te he
hecho faltar nada, confesores, comuniones, y todo lo demás, es más, tú queriéndome
sólo a Mí no querías a los confesores tan frecuentemente, pero Yo queriendo que
abundase de todo quien de todo se quería privar por Mí, no te he prestado
atención. Hija, ¡qué dolor siento en mi corazón al ver que las almas no lo
quieren comprender, ni siquiera las almas que se dicen las más buenas!”.
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11-14
Abril 4, 1912
La Divina Voluntad debe ser el centro de todo.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús
ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad es el centro,
las otras virtudes son la circunferencia. Imagínate un rueda en la que en el
centro están concentrados todos los rayos, si uno de estos rayos quisiera
separarse del centro, ¿qué sería de él? Primero que haría el ridículo, y
segundo quedaría inoperante, porque no estando más unido al centro no recibiría
más vida y quedaría muerto, y la rueda al rodar se desharía de él, así es para
el alma mi Voluntad, mi Voluntad es el centro, cualquier cosa, aun santa,
virtudes, obras buenas que no son hechas en mi Voluntad y sólo para cumplir mi
Querer, son como rayos separados del centro de la rueda, y son obras y virtudes sin vida, por tanto jamás pueden agradarme,
más bien hago de todo para deshacerme de ellas y castigarlas”.
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11-15
Abril 10, 1912
Las almas que tienen más confianza son el
desahogo y el entretenimiento del Amor de
Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, en
cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, las almas que más
resplandecerán, como refulgentes gemas en la corona de mi Misericordia, son las
almas que tienen más confianza, porque por cuanta más confianza tienen, tanto
más dan campo al atributo de mi Misericordia para derramar cualquier gracia que
esas almas quieran; en cambio quien no tiene verdadera confianza, ella misma me
encierra las gracias dentro de Mí y permanece siempre pobre y desprovista, y mi
Amor queda contenido en Mí y sufro grandemente, y para no sufrir tanto y para
poder más libremente desahogar mi Amor, trato más con las almas que tienen confianza
que con las otras, porque con éstas puedo desahogar mi Amor, puedo jugar, puedo
tomar amorosos contrastes, porque no tengo que temer que se enfaden, que se
dejen llevar por el temor, más bien se hacen más atrevidas y en todo encuentran
como amarme más. Así que las almas con confianza son el desahogo y el
entretenimiento de mi Amor, son las más agraciadas y las más ricas”.
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11-16
Abril 20, 1912
La naturaleza tiende a la felicidad.
(1) Continuando mi habitual estado, en
cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la naturaleza es llevada
por una fuerza irresistible hacia la felicidad, y esto con razón, pues ha sido
hecha para ser feliz, y de una felicidad divina y eterna, pero con gran daño
suyo se va apegando, quién a un gusto, quién a dos, quién a tres y quién a
cuatro, y el resto de la naturaleza queda, o vacía y sin gusto, o bien
amargada, fastidiada y nauseada, porque los gustos humanos y aún los gustos
santos están mezclados con un poco de humano, no tienen la fuerza de absorber
toda la naturaleza y de arrollarla toda en el gusto, mucho más que Yo voy
amargando estos gustos para poder darle todos mis gustos, porque siendo ellos
innumerables tienen fuerza para absorber toda la naturaleza en el gusto. ¿Se
puede dar amor más grande, que para dar lo más les quito lo poco, y para dar el
todo les quito la nada? Sin embargo este mi obrar es tomado a mal por las
criaturas”.
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11-17
Abril 23, 1912
Cómo en todas las cosas Jesús nos
demuestra su Amor.
La verdadera santidad está en hacer la
Divina Voluntad,
y en reordenar todas las cosas en Jesús.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
brevemente el bendito Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, algunas veces permito la
culpa en alguna alma que me ama para estrecharla más fuertemente a Mí y para
obligarla a hacer cosas mayores para mi gloria, porque por cuanto más le doy,
permitiendo[2] la misma culpa para enternecerme más de sus miserias y para amarla
mayormente colmándola de mis carismas, tanto más la obligo a hacer cosas
grandes por Mí; estos son los excesos de mi Amor. Hija mía, mi Amor por la
criatura es grande, mira cómo la luz del sol invade la tierra, si tú pudieras
deshacer esa luz en tantos átomos, en aquellos átomos de luz oirías mi voz
melodiosa, que te repetirían uno tras otro: “Te amo, te amo, te amo”. De modo
que no te darían tiempo para numerarlos, quedarías ahogada en el amor. Y en realidad te amo: te amo en la luz
que llena tus ojos, te amo en el aire que respiras, te amo en el murmullo del
viento que llega a tus oídos, te amo en el calor y en el frío que siente tu
cuerpo, te amo en la sangre que corre en tus venas, te amo en el latido de tu
corazón te dice mi latido, te amo te repito en cada pensamiento de tu mente, te
amo en cada movimiento de tus manos, te amo en cada paso de tus pies, te amo en
cada palabra, porque nada sucede dentro y fuera de ti si no concurre un acto
mío de amor hacia ti, así que un te amo mío no espera al otro; y de tus te amo,
¿cuántos son para Mí?”
(3) Yo he quedado confundida, me sentía
ensordecida dentro y fuera de mí por el te amo, a plenos coros de mi
dulce Jesús; y
mis te amo eran tan escasos, tan limitados que he dicho: “Oh, mi amante Jesús,
¿quién podrá jamás igualarte?” Pero a pesar de todo lo que he dicho, parece que
no he dicho nada de lo que Jesús me hacía comprender.
(4) Después ha agregado: “La verdadera santidad está en el hacer mi Voluntad y en
reordenar todas las cosas en Mí; así como Yo tengo todo ordenado para la
criatura, así la criatura debería ordenar todas las cosas para Mí y en Mí, mi
Voluntad hace estar en orden todas las cosas”.
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11-18
Mayo 9, 1912
Como nos podemos consumir en el amor.
(1) Esta mañana encontrándome en mi
habitual estado, estaba pensando cómo nos podemos consumar en el amor, y el
bendito Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, si la voluntad no quiere
otra cosa que a Mí solo, si la inteligencia no se ocupa de otra cosa que de
conocerme a Mí, si la memoria no se recuerda de otra cosa sino sólo de Mí, he
aquí consumadas las tres potencias del alma en el amor. Así también de los
sentidos: Si habla sólo de Mí, si escucha sólo lo que se refiere a Mí, si se
gustan sólo las cosas mías, si se obra y se camina sólo por Mí, si el corazón
me ama sólo a Mí, si los deseos me desean sólo a Mí, he aquí la consumación del
amor formada en los sentidos. Hija mía, el amor tiene un dulce encanto y hace
al alma ciega a todo lo que no es amor, y la vuelve toda ojo a todo lo que es
amor, así que para quien ama, cualquier cosa que la voluntad encuentra, si es
amor, se vuelve toda ojo, si no, se vuelve ciega, tonta y no comprende nada;
así la lengua, si debe hablar de amor se siente correr en su palabra tantos
ojos de luz y se hace elocuente, si no, se vuelve balbuceante y termina por
enmudecer; y así de todo el resto”.
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11-19
Mayo 22, 1912
El verdadero amor no está sujeto a
descontentos.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
brevemente ha venido el bendito Jesús, y sintiendo en mí un cierto descontento
me ha dicho:
(2) “Hija mía, el verdadero amor no está
sujeto a descontentos, más bien, de los mismos descontentos toma ocasión para
cambiarlos en los más bellos contentos por virtud del amor, mucho más, que
siendo Yo el contento de los contentos, no puedo tolerar algún descontento en
el alma que me ama, pues sintiendo Yo su descontento como si fuera más mío que
suyo, estoy obligado a darle la cosa que la vuelve contenta para tenerla toda
uniforme a Mí, de otra manera habría algunas fibras, latidos, pensamientos
discordantes, desemejantes, que harían que se perdiera lo más bello de nuestra
armonía, y Yo no puedo tolerar todo esto en quien verdaderamente me ama.
Además, el verdadero amor por amor obra y por amor no obra, por amor pide y por
amor cede, así que el verdadero amor hace terminar todo en el amor, por amor
muere y por amor resurge”.
(3) Y yo: “Jesús, parece que quieres
rehuirme con este hablar, pero debes saber que yo no cedo; por ahora por amor
cede Tú a mí, hazme un acto de amor y cede a lo que me es tan necesario y que a
tanto estoy obligada, del resto cedo todo ante Ti, de otra manera me quedaría
descontenta”.
(4) Y Jesús: “Quieres vencer por caminos
de descontentos”.
(5) Ha sonreído y ha desaparecido.
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11-20
Mayo 25, 1912
El alma en la Voluntad de Dios es un
objeto moldeable.
(1) Esta mañana, mi siempre amable
Jesús, viéndome muy oprimida me ha hecho beber de su corazón y luego me ha dicho:
(2) “Hija mía, si un objeto es duro y se
le quiere hacer un hoyo o darle otra forma, se arruina o queda hecho pedazos,
en cambio, si es blando o de algún material moldeable se puede hacer el hoyo,
se le puede dar la forma que se quiere sin temor que se pueda romper, y si se
quisiera darle de nuevo su forma original, sin ninguna dificultad el objeto se
prestaría a todo; así es el alma en mi Voluntad, es un objeto moldeable, y Yo
hago de ella lo que quiero: Ahora
la hiero, ahora la embellezco, ahora la engrandezco y en un instante la rehago
de nuevo, y el alma se presta a todo, no se opone a nada y Yo la llevo siempre
en mis manos y me complazco de ella continuamente”.
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11-21
Mayo 30, 1912
Para el alma que verdaderamente ama a
Jesús, no puede haber separación de Él.
(1) Continuando mi habitual estado, me
sentía oprimida por la privación de mi siempre amable Jesús, y viniendo me ha
dicho:
(2) “Hija mía, cuando estés privada de
Mí sírvete de mi misma privación para duplicar, triplicar, centuplicar los
actos de amor hacia Mí, de manera de formarte un ambiente, dentro y fuera de ti, todo
de amor, de manera que en este ambiente me encontrarás más bello y como
renacido a nueva vida, porque donde hay amor ahí estoy Yo, y por eso para el
alma que verdaderamente me ama no puede haber separación, más bien formamos una
misma cosa, porque el amor parece que me crea, me da vida, me alimenta, me
hace crecer; en
el amor encuentro mi centro y me siento recreado, renacido, mientras que soy
eterno, sin principio y sin fin, pero esto
es por causa del alma que me ama; me agrada
tanto el amor que me siento como rehecho. Además de esto, en este amor Yo
encuentro mi verdadero reposo, se reposa mi inteligencia en la inteligencia que
me ama, se reposa mi corazón, mi deseo, mis manos, mis pies, en el corazón que
me ama, en el deseo que me ama y me desea sólo a Mí, en las manos que obran por
Mí, en los pies que caminan sólo por Mí, así que parte por parte Yo voy
reposando en el alma que me ama, y el alma con su amor me encuentra en todo y
por todas partes, y se reposa toda en Mí, y
en mi Amor queda renacida, embellecida y crece en modo admirable en mi mismo
Amor”.
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11-22
Junio 2, 1912
Sólo las cosa extrañas a Jesús nos pueden
separar de Él.
(1) Continuando mi habitual estado me
lamentaba con Jesús de sus privaciones, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando en el alma no hay
nada extraño a Mí o que no me pertenezca, no puede haber separación entre Yo y
el alma; más bien te digo que si no hay ningún pensamiento, afecto, deseo,
latido que no sea mío, Yo tengo al alma Conmigo en el Cielo, o bien permanezco
con ella en la tierra. Solamente esto
me puede dividir del alma, si hay cosas extrañas a Mí, y si esto no lo
adviertes en ti, ¿por qué temes que me pueda separar de ti?”
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11-23
Junio 9, 1912
Para el alma que hace la Divina Voluntad y
vive del Querer Divino no hay muertes.
(1) Sintiéndome un poco sufriente estaba
diciendo a mi siempre amable Jesús: “¿Cuándo me llevarás Contigo? ¡Ah, pronto
Jesús, haz que la muerte me quite esta vida y me reúna Contigo en el Cielo!”
(2) Y Jesús: “Hija mía, para el alma que
hace mi Voluntad y vive en mi Querer no hay ni existen muertes. La muerte está
para quien no hace mi Voluntad, porque debe morir a tantas cosas: a sí mismo, a
las pasiones, a la tierra; pero quien hace mi Voluntad no tiene a que cosa
morir, ya está habituado a vivir de Cielo, no es otra cosa que dejar sus
harapos, como uno que dejara los
vestidos de pobre para vestirse con las vestiduras de rey para dejar el exilio y llegar a la
patria, porque el alma que hace mi Voluntad no está sujeta a la muerte, no
tiene juicio, su vivir es eterno, lo que debía hacer la muerte lo ha hecho
anticipadamente el amor, y mi Querer la ha reordenado toda en Mí, de manera que
no tengo de qué juzgarla. Por eso estate en mi Voluntad, y cuando menos lo
pienses te encontrarás en mi Voluntad en el Cielo”.
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11-24
Junio 28, 1912
En el cielo que es el alma, el Sol es Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
bendito Jesús ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, el alma que hace mi
Voluntad es cielo, pero cielo sin sol y sin estrellas, porque el Sol soy Yo y
las estrellas que embellecen este cielo son mis mismas virtudes. ¡Qué bello es
este cielo, de hacer enamorar
a cualquiera que lo pueda conocer! Y mucho
más quedo Yo enamorado, porque como Sol me pongo
en el centro de este cielo y lo voy saeteando continuamente de nueva luz, de
nuevo amor, de nuevas gracias. Bello este cielo al verse si resplandece el Sol,
esto es cuando me manifiesto y acaricio al alma y la colmo de mis carismas, la
abrazo, y tocado por su amor desfallezco y me reposo en ella, todos los santos
vienen en torno a Mí mientras reposo y quedan sorprendidos al mirar este cielo
donde Yo soy el Sol, y quedan extasiados por este portento prodigioso, que ni
en la tierra ni en el Cielo se puede encontrar cosa más bella, más agradable
para Mí y para todos. Bello este cielo si el Sol se esconde, esto es si la
privo de Mí, ¡oh! Cómo se admira
entonces la armonía de las estrellas, porque el aire de este cielo no está
sujeto a nubes, a temporales, a tempestades, porque el Sol escondido está
escondido en el centro del alma, y su calor es tan ardiente que destruye las
nubes, temporales y tempestades. El aire
de este cielo es siempre tranquilo, sereno, aromático, las estrellas que más
resplandecen son paz perenne y amor sin término. Escondida, o ella en el Sol, y
desaparecen las estrellas; o el Sol en ella, y entonces se ve la armonía de las estrellas. Bello en todos
modos, este cielo es mi contento, mi reposo, mi amor, mi paraíso”.
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11-25
Julio 4, 1912
La Divina Voluntad debe ser el sepulcro
del alma.
(1) Esta mañana, después de la comunión
estaba diciendo a mi siempre amable Jesús: “¡A que estado me he reducido, parece que todo me huye, sufrimientos,
virtudes, todo!”
(2) Entonces Jesús: “Hija mía, ¿qué
tienes? ¿Quieres perder el tiempo? ¿Quieres salir de tu nada? Ponte en tu
puesto, en tu nada, a fin de que el Todo pueda tener su lugar en ti. Has de saber que toda tú debes morir
en mi Voluntad, el
sufrir, las virtudes, todo; mi
Querer debe ser la tumba del alma y así como en la tumba la naturaleza se
consume hasta en realidad desaparecer, y de esa misma consumación resurgirá a
vida más bella y nueva, así el alma sepultada en mi Voluntad como dentro de una
tumba, morirá al sufrir, a sus virtudes, a sus bienes espirituales y resurgirá
en todo a la Vida Divina.
(3) ¡Ah! hija mía, parece que quieres
imitar a los mundanos que son llevados a lo que está en el tiempo y termina, y
a lo que es eterno no lo toman en cuenta. Amada mía, ¿por qué no quieres
aprender a vivir sólo de mi Querer? ¿Por qué no quieres vivir sólo de la vida
del Cielo aun estando en la tierra? Mi Querer es el Amor, lo que no muere
jamás, así que para ti el sepulcro debe ser mi Voluntad, la lápida que te debe
encerrar, lapidar, sin
darte la esperanza de salir es el amor. Y además, cada pensamiento que se
refiere a sí mismo, aun sobre las mismas virtudes, es siempre un ganar para sí
mismo y huir de la Vida Divina; en
cambio, si el alma piensa sólo en Mí, me ve sólo a Mí, toma en ella la Vida
Divina, y tomando la Vida Divina huye la humana y toma todos los bienes posibles.
¿Nos hemos entendido?”
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11-26
Julio 19, 1912
El verdadero amor debe ser solo.
(1) Esta mañana encontrándome en mi
habitual estado, en cuanto ha venido el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, siento tu aliento y recibo consuelo,
y no sólo cuando me estoy junto a ti tu aliento me da consuelo, sino también
cuando los demás hablan de ti y de las cosas dichas por Mí para bien suyo,
siento por medio de ellos tu aliento y me complazco, y mi consuelo se duplica y
digo: “También por medio de los demás mi hija me envía su consuelo, porque si
no hubiera estado atenta en escucharme, jamás habría podido hacer el bien a los
demás, por eso es siempre ella que me da este consuelo”. Por eso te quiero más
y me siento inclinado a venir a conversar contigo”.
(3) Después ha agregado: “El verdadero amor
debe ser solo; en cambio cuando está apoyado en algún otro, aunque sea santo,
aunque sea persona espiritual, me da nausea y en lugar de contento me da
amargura y fastidio, porque el amor sólo cuando es solo me da completo dominio
y puedo hacer lo que quiero del alma; además el ser solo es de la naturaleza
del verdadero amor. En cambio cuando no es solo, una cosa se puede hacer, pero
otra no; es un dominio restringido que no me da plena libertad, y por lo tanto
el amor se encuentra a disgusto y restringido”.
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11-27
Julio 23, 1912
El corazón debe estar vacío de todo.
(1) Encontrándome con mi siempre amable
Jesús, me lamentaba con Él de que además de sus privaciones sentía mi pobre
corazón insensible, frío, indiferente a todo y como si no tuviera ya vida. ¡Que estado tan lamentable es el mío! No
obstante yo misma no sé llorar mi desventura, y ya que yo misma no sé tener
compasión de mí misma, ten Tú compasión de este corazón, que has amado tanto y
que tanto te prometía recibir.
(2) Y Jesús: “Hija mía, no te aflijas
por cosas que no merecen ninguna aflicción, y Yo en vez de tener compasión de
estos lamentos y de tu corazón, me complazco en ellos y te digo: Alégrate conmigo
porque he hecho perfecta adquisición de tu corazón, y no sintiendo más nada de
tus mismos contentos y de la vida de tu corazón, vengo Yo mismo a gozar de tu
contento y de tu misma vida. Entonces, debes saber que cuando no sientes nada
de tu corazón, Yo pongo tu corazón en mi corazón y lo tengo reposando en dulce
sueño y me lo voy gozando; si
después lo sientes, entonces el gozo es entre los dos juntos. Si tú me dejas
hacer, Yo, después de haberte dado reposo en mi corazón y haber gozado de ti,
vendré a reposar en ti y te haré gozar de los contentos de mi corazón. ¡Ah!
hija mía, este estado es necesario para ti, para Mí, y para el mundo.
(3) Para ti: Si tú estuvieras despierta
habrías sufrido mucho al ver los castigos que estoy mandando y los otros que mandaré,
por eso es necesario adormecerte para no
hacerte sufrir tanto.
(4) Es necesario para Mí: Cuánto habría
sufrido si no te contentara, si no hubiera condescendido a lo que tú quieres, y
tú no me hubieras permitido que Yo mandase los castigos, entonces era necesario adormecerte. En ciertos tiempos
tristes y de necesidad de castigos, es necesario
elegir el camino intermedio para hacernos menos infelices.
(5) Es necesario para el mundo: Si Yo
quisiera desahogarme contigo y hacerte sufrir como lo hacía anteriormente, y
por eso contentarte no dando al mundo los castigos, la fe, la religión, la
salvación, habrían casi desaparecido del mundo, especialmente como se
encuentran dispuestos los ánimos en estos tiempos.
(6) ¡Ah! hija mía, déjame hacer a Mí,
cuando te deba tener despierta y cuando adormecida; ¿no me has dicho que haga
de ti lo que Yo quiera? ¿Quieres acaso retirar tu palabra?”
(7) Y yo: “Jamás ¡oh! Jesús, más bien
temo que yo me haya hecho mala y por eso me sienta en este estado”.
(8) Y Jesús: “Escucha hija mía, ¿acaso
ha entrado en ti algún pensamiento, afecto, deseo, que no sea para Mí? Si algo
de esto hubiera entrado deberías temer, pero si nada de esto hay, es señal de
que tu corazón lo tengo en Mí y lo hago dormir. Vendrá, vendrá el tiempo en que
lo haré despertar, y entonces verás que tomarás la actividad de antes, y como
has estado en reposo la actividad será mayor”.
(9) Después ha agregado: “Yo hago de
todos los modos, hago las adormecidas de amor, las ignorantes de amor, las
locas de amor, las doctas de amor, ¿pero de todo esto sabes cuál es la cosa que
más me importa? Que todo sea amor, todo lo demás que no es amor ni siquiera es
digno de una mirada”.
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11-28
Agosto 12, 1912
El Amor de Dios simbolizado por el sol.
(1) Esta mañana, en cuanto ha venido mi
siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Amor está simbolizado
por el sol: El sol
surge majestuoso, pero mientras parece que surge, él está siempre fijo y no
surge nunca, con su luz invade toda la tierra, con su calor fecunda todas las
plantas, no hay ojo que de él no goce, se podría decir que casi no hay bien que
sobre la tierra se encuentre que no venga de su benéfico influjo, ¿cuántas
cosas no tendrían vida sin él? No obstante hace todo sin estrépito, sin decir
ni siquiera una palabra, sin pretender nada, no da fastidio a ninguno, es más,
no ocupa espacio alguno de la misma tierra que invade con su luz; el hombre
puede hacer lo que quiera con ella, es más, mientras gozan del bien del sol no
le ponen ninguna atención y lo tienen inobservado en medio de ellos. Así es mi
Amor simbolizado por el sol: Como sol
majestuoso surge en medio a todos, no hay mente que no esté iluminada con mi
luz, no hay corazón que no sienta mi calor, no hay alma que no esté abrazada por
mi Amor. Más que sol me estoy en medio a todos, pero, ¡ay!, cuán pocos me ponen
atención, estoy casi inobservado en medio de ellos, no soy correspondido y
continúo dando luz, calor, amor; pero si algún alma
me pone atención, entonces Yo
me vuelvo loco, pero sin estrépitos, porque mi Amor, siendo sólido, fijo,
veraz, no está sujeto a debilidades. Así quisiera tu amor hacia Mí, y si así
fuera vendrías a ser también sol para Mí y para todos, porque el verdadero amor
tiene todas las cualidades del sol, en cambio el amor no sólido, no fijo, no
veraz, es símbolo del fuego de acá abajo, sujeto a variedad, su luz no es capaz
de iluminar a todos, y es una luz muy débil, mezclada con humo, su calor es
limitado, y si no se alimenta con la leña se apaga y se vuelve cenizas, y si la
leña es verde hace estrépito y humo. Así son las almas que no son todas para
Mí, ni mis verdaderas amantes, si hacen un poco de bien es más el estrépito que
hacen y más el humo que sale de sus acciones que la luz, y si no son
alimentadas con algún afán humano, aun bajo aspecto de santidad, de conciencia,
se apagan y se vuelven frías, más que cenizas,
su característica es la inconstancia: Ahora fuego, ahora cenizas”.
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11-29
Agosto 14, 1912
Con su vida oculta, Jesús santificó y
divinizó todas las acciones humanas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, para que el alma pueda
olvidarse de sí misma, debe hacer de manera que todo lo que hace y que le es necesario,
lo haga como si Yo lo quisiera hacer en ella: Si reza debe decir, es Jesús que
quiere rezar, y yo rezo juntamente con ella; si debe trabajar, es Jesús que
quiere trabajar, es Jesús que quiere caminar, es Jesús que quiere tomar
alimento, que quiere dormir, que quiere levantarse, que quiere divertirse, y
así de todo lo demás de la vida. Sólo así puede el alma olvidarse de sí misma,
porque no sólo hará todo porque lo quiero Yo, sino que, porque lo quiero hacer
Yo, me necesita propiamente a Mí”.
(3) Ahora, un día estaba trabajando y
pensaba: “¿Cómo puede ser que mientras yo trabajo es Jesús que trabaja en mí, y
que sea Él mismo quien quiere hacer este trabajo?” Y Jesús:
(4) “Precisamente Yo, y mis dedos que
están en los tuyos trabajan; hija mía, cuando Yo estuve en la tierra, ¿mis
manos no se abajaban a trabajar la madera, a martillar los clavos, a ayudar en
los trabajos de carpintería a mi padre putativo José? Y mientras esto hacía,
con esas mismas manos, con esos dedos, creaba las almas, a otras las llamaba a
la otra vida, divinizaba todas las acciones humanas, las santificaba dando a
cada una un mérito divino, en los movimientos de mis dedos llamaba a reseña
todos los movimientos de tus dedos y de los de todas las demás criaturas, y si
Yo veía que los harían por Mí o porque Yo los quería hacer en ellas, Yo
continuaba mi vida de Nazaret en ellas y me sentía como pagado por parte de
ellas por los sacrificios, las humillaciones de mi vida oculta, dándoles a
ellas el mérito de mi misma Vida. Hija, la vida oculta que hice en Nazaret no
es valorizada por los hombres, sin embargo no podía haberles hecho más bien que
con esa vida, después de la Pasión, porque abajándome Yo a todos aquellos actos
pequeños y bajos, a aquellos actos que los hombres hacen en su vida diaria,
como el comer, el dormir, el beber, el trabajar, el encender fuego, el barrer,
etc., actos todos que nadie puede dejar de hacer, Yo hacía correr en sus manos
una monedita divina y de precio incalculable. Así que si la Pasión los redimió,
mi vida oculta cortejaba cada acción humana, aun la más indiferente, con mérito
divino y de precio infinito.
(5) Mira, mientras tú trabajas,
trabajando porque Yo quiero trabajar, mis dedos corren en los tuyos, y mientras
trabajo en ti, en el mismo instante con mis manos creadoras, ¿a cuántos estoy
sacando a la luz de este mundo? ¿A cuántos otros los llamo? ¿A cuántos otros
santifico, a otros corrijo, a otros castigo, etc.? Entonces, tú estás también
junto Conmigo creando, llamando, corrigiendo y demás, y así como tú no estás
sola obrando, tampoco lo estoy Yo en mi obrar. ¿Te podría dar honor más
grande?”
(6) Pero ¿quién puede decir lo que
comprendía, el bien que se puede hacer tanto a nosotros como a todos los demás
haciendo las cosas porque Jesús las quiere hacer en nosotros? Mi mente se
pierde y por eso pongo punto.
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11-30
Agosto 16, 1912
El pensar en sí mismo ciega la mente; el
pensar sólo en Dios es luz a la mente.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús
me ha dicho:
(2) “Hija mía, el pensar en vosotros
mismos ciega la mente y os forma una especie de encanto humano, y este encanto
humano forma una red en torno al hombre; esta red está formada de debilidad, de opresiones, de
melancolías, de temores y de todo
lo que de mal contiene la naturaleza humana, y por cuanto más se piensa en sí
mismo, aun bajo aspecto de bien, más densa se hace la red y más ciega queda el
alma. En cambio, el no pensar en sí mismo, sino pensar sólo en Mí, sólo en
amarme, cualesquiera que sean las cosas, es luz a la mente y en ella se forma
un dulce encanto divino, y este encanto divino también teje en la mente su red,
y esta red está formada toda de luz, de fortaleza, de gozo, de confianza, en
suma, de todos los bienes que poseo Yo
mismo, y cuanto menos se piensa en sí mismo, más densa se forma esta red, así
que no se reconoce más. ¡Cómo es bello ver al alma envuelta en esta red que en
ella ha tejido el encanto divino, cómo es agradable, graciosa y amada por todo
el Cielo!, lo contrario para el alma que piensa en sí misma”.
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11-31
Agosto 17, 1912
El pensamiento de sí mismo empequeñece al
alma.
(1) Orando, mi bendito Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, el pensamiento de sí
mismo empequeñece al alma, y desde su pequeñez mide mi grandeza, y casi quisiera
restringirme, en cambio quien no piensa en sí mismo, pensando en Mí se
engrandece en mi inmensidad y me da el honor a Mí debido”.
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11-32
Agosto 20, 1912
Se debe llamar a Jesús en todo para obrar
junto
con Él. El hombre propone y Dios dispone.
(1) Continuando, mi siempre amable Jesús
apenas se ha hecho oír y me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuánto me desagrada ver
al alma encogida en sí misma, verla obrar sola, mientras estando Yo junto a
ella la miro, y viéndola muchas veces que no sabe hacer bien lo que hace, Yo
estoy esperando que me llame y me diga: “Quiero hacer esta cosa y no sé
hacerla, ven Tú a hacerla junto conmigo, y todo sabré hacer bien”. Por ejemplo:
“Quiero amar, ven junto conmigo a amar; quiero rezar, ven Tú a rezar junto
conmigo; quiero hacer este sacrificio, ven Tú a darme tu fuerza pues yo me
siento débil”. Y así de todo lo demás, y Yo con mucho gusto, con sumo placer
mío me prestaría a todo. Yo soy como un maestro que habiendo dado el tema a un
alumno suyo, se está junto a él para ver qué hace su discípulo, y el alumno no
sabiéndolo hacer bien se enoja, se
afana, se turba, quizá llora, pero no dice: “Maestro, enséñame cómo debo hacer
esto”. ¿Cuál no será la mortificación del maestro viéndose tratado por el alumno
como una nada? Tal es mi condición”.
(3) Después ha agregado: “Se dice: “El
hombre propone y Dios dispone”. En cuanto el alma se propone hacer un bien, ser
santa, Yo inmediatamente dispongo a su alrededor las cosas que se necesitan:
Luz, gracias, conocimiento de Mí, desapegos, y si con esto no lo logro,
entonces por vía de mortificaciones nada le hago faltar para darle la cosa que
el alma se ha propuesto, pero, ¡oh,
cuántas por la fuerza se salen de este trabajo que mi Amor les ha tejido
alrededor! Pocas son las que resisten y me hacen cumplir mi trabajo”.
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11-33
Agosto 28, 1912
El amor es lo que transforma al alma en
Dios, y quiere
encontrar a las almas desocupadas de todo.
(1) Continuando mi habitual estado, en
cuanto ha venido mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, las otras virtudes, por
cuan altas y sublimes sean, hacen siempre distinguir a la criatura y al
Creador, sólo el amor es lo que transforma al alma en Dios y la forma una sola
cosa con Él. Así que sólo el amor es lo que triunfa sobre todas las
imperfecciones humanas, el único que
consume lo que impide que el alma llegue a tomar Vida Divina en Dios. Pero no
puede haber verdadero amor si no recibe vida, alimento de mi Voluntad, así que
mi Voluntad unida al amor es la que forma la verdadera transformación Conmigo,
pues el alma está en continuo contacto con mi Potencia, con mi Santidad y con
todo lo que Yo soy, así que puede decir que es otro Yo. Todo es precioso, todo
es santidad para aquella alma; se
puede decir que su respiro, el contacto con la tierra que pisa es precioso, es
santo, porque no son otra cosa que efectos de mi Querer”.
(3) Después ha agregado: “¡Oh! si todos
conocieran mi Amor y mi Querer, dejarían de apoyarse en ellos mismos, y mucho más en los demás, los apoyos humanos
terminarían. ¡Oh! cómo los encontrarían insignificantes, dolorosos, incómodos,
todos se apoyarían solamente en mi Amor, porque siendo espíritu purísimo, no
conteniendo materia, se encontrarían muy a gusto apoyados en Mí, y los efectos
queridos por ellos.
(4) Hija mía, el Amor quiere encontrar a
las almas liberadas de todo, de otra manera no puede vestirlas con el vestido
del amor, sucedería como a alguien que queriendo ponerse un vestido lo
encuentre lleno de estorbos por dentro, por lo tanto no se lo puede poner,
quiere sacar un brazo y encuentra un estorbo, así que el pobrecito, o debe
dejar de intentarlo o hace el ridículo. Así el Amor, cuando quiere vestir al
alma de Sí, si no encuentra al alma escombrada del todo, amargado se retira”.
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11-34
Agosto 31, 1912
El Amor simbolizado por el sol
deslumbrante.
(1) Rezando por una persona, el bendito
Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, al Amor, simbolizando por
el sol, le sucede como a aquellas personas que mientras tienen los ojos
dirigidos a lo bajo, la luz del sol desciende suavemente sobre sus ojos, por
eso pueden hacer muy bien sus acciones, pero si quieren fijar los ojos en el
sol, especialmente si es mediodía, la vista queda deslumbrada y se ven
obligados a bajarlos, de otra manera estarían obligados a cesar en sus
acciones, y el daño sería para ellos, al sol no le harían ningún daño,
continuaría con majestad su curso. Así es hija mía para quien me ama de verdad,
el amor para ellos es más que sol majestuoso, imponente; las personas, si lo
miran de lejos, la luz del amor desciende suave sobre sus ojos, por eso pueden
hacer proyectos, tramar insidias, hablar mal de ellos, pero si hacen por
acercarse a él, fijarlo, la luz del amor resplandecerá en sus ojos y terminarán
con alejarse y por no pensar más en él, y el alma amante continuará su camino
sin ni siquiera pensar si la miran o no la miran, porque sabe que el amor la
defenderá de todo y la tendrá al seguro”.
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11-35
Septiembre 2, 1912
Las reflexiones, las preocupaciones sobre
sí mismo,
aun sobre el bien, para quien ama a Dios
son
tantos vacíos que forman al amor.
(1) Estaba diciendo a mi siempre amable
Jesús: “Mi único temor es que Tú me pudieras dejar, retirándote de mí”.
(2) Y Jesús: “Hija mía, no puedo dejarte
porque tú no haces ninguna reflexión sobre de ti misma, ni tomas ningún cuidado
de ti; las reflexiones, los cuidados personales aun sobre el bien, para quien
me ama de verdad son tantos vacíos que forma al amor, por lo tanto mi Vida no llena
toda, toda el alma, estoy como al margen, en un rincón y me dan así ocasión de
darme mis escapadas; en cambio quien no es llevado a las reflexiones de los
cuidados propios, y piensa sólo en amarme, y toma cuidado sólo de Mí, Yo lo
lleno todo, no hay punto de su vida en que no encuentre la mía, y queriendo
darme mis escapadas debería destruirme a Mí mismo, lo cual no puede ser jamás.
(3) Hija mía, si supieran las almas el
mal que hacen las reflexiones propias, encorvan al alma, la abajan, la hacen tener
el rostro vuelto hacia sí mismas, y mientras más se miran más humanas se
vuelven, más reflexionan, más sienten las miserias y más empobrecen, en cambio
el solo pensamiento de Mí, en amarme, en estarse toda abandonada en Mí, hace
recta al alma, y con tener el rostro dirigido a mirarme sólo a Mí, se elevan y
crecen; más me miran más divinas se hacen, mientras más reflexionan sobre Mí
más se sienten ricas, fuertes y valerosas”.
(4) Después ha agregado: “Hija mía, las
almas que están unidas con mi Querer y que me hacen hacer mi Vida en ellas y
piensan sólo en amarme, están unidas Conmigo como los rayos al sol; ¿quién
forma los rayos? ¿Quién les da vida? El sol; si el sol no pudiera formar los
rayos no podría extender su luz ni su calor, así que los rayos ayudan al sol a
hacer su curso y lo embellecen de más. Así Yo, sólo por medio de estos rayos
que forman una sola cosa Conmigo, me extiendo sobre todas las regiones y doy
luz, gracia, calor, y me siento más embellecido que si no los tuviera.
(5) Ahora, ¿se podría preguntar a un
rayo de sol cuántos caminos ha hecho, cuánta luz, cuánto calor ha dado? Si
tuviera razón respondería: “No me quiero ocupar de esto, lo sabe el sol y
basta; pero si hubiera otras tierras a las cuales dar luz y calor los daría,
porque el sol que me da vida, a todo puede llegar”. Y si el rayo quisiera
reflexionar, volverse hacia atrás a lo que ha hecho, perdería su curso y se
oscurecería. Así son mis almas amantes, son mis rayos vivientes, no reflexionan
sobre lo que hacen, estarse en el Sol Divino es toda su intención, y si
quisieran reflexionar les sucedería a ellas como al rayo del sol y mucho
perderían”.
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11-36
Septiembre 6, 1912
Para recibir los beneficios de la
presencia de
Jesús, hay que acercarse a Él con la voluntad.
(1) Continuando mi habitual estado, en
cuanto el bendito Jesús ha venido me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo estoy con las almas,
dentro y fuera, pero ¿quién experimenta los efectos? Quien se acerca con su
voluntad a la mía, quien me llama, quien reza, quien conoce mi Poder y el bien
que puedo hacerle, de otra manera sucede como a aquél que tiene agua en su casa
pero no se acerca para tomarla y beber, a pesar de que está el agua no goza del
beneficio del agua y arde por la sed; así si siente frío, y a pesar de que hay
fuego no se acerca a él para calentarse, no gozará el beneficio del calor, y
así de todo lo demás. ¡Cuál no es mi desagrado, que mientras quiero dar no hay
quien tome mis beneficios!”
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11-37
Septiembre 29, 1912
El alma preferida de Jesús.
(1) Escribo cosas pasadas. Estaba
pensando entre mí: “El Señor, a quién ha hablado de su Pasión, a quién de su
corazón, a quién de la cruz y tantas otras cosas; yo quisiera saber quién ha sido la más preferida de Jesús”. Y mi
amable Jesús al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿sabes quién ha sido la
más preferida por Mí? El alma a la cual he manifestado los prodigios, la
potencia de mi Santísimo Querer. Todas las demás cosas son parte de Mí, en
cambio mi Voluntad es el centro y la vida, la rectora de todo; así que mi
Voluntad ha dirigido la Pasión, ha dado vida a mi corazón, ha sublimado la
cruz, mi Voluntad abarca y
comprende todo, aferra todo y da efecto a todo, así que mi Voluntad es más que
todo, por consecuencia a quien he hablado de mi Querer, ella ha sido la más
preferida de todos y sobre de todo. ¡Cuánto deberías agradecerme por haberte
admitido en los secretos de mi Querer! Mucho más, quien está en mi Voluntad es
mi Pasión, es mi corazón, es mi cruz, y es mi misma Redención, no hay cosas
disímiles entre Yo y ella, por eso toda en mi Voluntad te quiero si es que
quieres tomar parte en todos mis bienes”.
Para quien obra en la Divina Voluntad,
Jesús dispone las intenciones.
(3) Otra vez estaba pensando cómo sería
mejor ofrecer nuestras acciones, oraciones, etc., si como reparaciones, como
adoraciones, etc. Y mi siempre benigno Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, quien está en mi Voluntad
y hace sus cosas porque las quiero Yo, no es necesario que disponga ella sus
intenciones, estando en mi Voluntad, conforme obra, reza, sufre, así Yo mismo
las dispongo como más me place, ¿me place la
reparación? Las tomo por reparación; ¿me place por amor? Lo tomo como amor. Siendo Yo el dueño hago con ellas lo que quiero; no así con quien no está en mi Voluntad, disponen ellos y Yo quedo
a voluntad de ellos”.
Uso de los bienes naturales en la Divina Voluntad.
(5) Otro día, habiendo leído en un libro
de una santa, que primero casi no tenía necesidad de alimento y después tenía
que comer frecuentemente y era tanta la necesidad que llegaba a llorar si nada
le daban, yo me he quedado pensativa meditando en mi estado, pues antes tomaba
poquísimo alimento y era obligada a devolverlo, pero ahora tomo más y no lo
devuelvo, y decía para mí: “Jesús bendito, ¿cómo es eso? Esto para mí lo tengo
como falta de mortificación y es mi maldad la que me lleva a estas miserias”. Y
Jesús bendito al venir me ha dicho:
(6) “Hija mía, ¿quieres saber el porqué?
Heme aquí para contentarte. Primero, al alma para hacerla toda mía, para
vaciarla de todo lo sensible y ponerle todo lo celestial, lo divino, la alejo
aun de la necesidad del alimento, de modo que casi no tiene necesidad de éste,
así que encontrándose en estas condiciones, toca con la mano que sólo Jesús
basta, que nada más le es necesario, y el alma se eleva a lo alto, desprecia
todo, no se preocupa de nada, su vida es celestial. Después de haberla fundado
bien por años y años, no teniendo Yo más temor de que lo sensible le lleve la
sombra de las impresiones, porque después de haber gustado lo celestial es casi
imposible que el alma guste los desechos, el estiércol, Yo entonces la
restituyo a la vida ordinaria, porque quiero que mis hijos tomen parte en las
cosas creadas por Mí por amor de ellos según mi Voluntad, no según la de ellos,
y es sólo por amor de estos hijos que estoy obligado a alimentar a los otros; y
no sólo esto, sino que es para Mí la más bella reparación por todos aquellos
que no usan de las cosas naturales según mi Voluntad, el ver a estos hijos
celestiales tomar las cosas necesarias con sacrificio, con desapego y según mi
Voluntad. ¿Cómo quieres decir tú que por esto hay maldad en ti? Nada en
absoluto, ¿qué mal hay en el tomar un poco de más o de menos en mi Voluntad de
lo que no es sino escoria? Nada, nada. En mi Voluntad nada puede haber de mal, sino siempre bien, hasta en
las cosas más indiferentes”.
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11-38
Octubre 14, 1912
Lo que Jesús obra en las almas es eterno.
(1) Encontrándome en mi habitual estado
me lamentaba con Jesús bendito de mi pobre estado, y decía: “¿De qué me sirve que en el pasado me hayas hecho tantas
gracias, habiendo llegado hasta a crucificarme Contigo, si ahora todo ha
terminado?” Y Jesús:
(2) “Hija mía, ¿qué dices? ¿Cómo, nada
te sirve? ¿Todo ha terminado? Falso, te engañas, nada ha terminado y todo te es
útil. Tú debes saber que todo lo que hago al alma está sellado con el sello de
lo eterno, y no hay potencia que pueda quitar al alma lo que mi gracia ha
obrado. Así que todo lo que he hecho a tu alma, todo existe y tiene vida en ti,
y te da alimento continuo, así que si te he crucificado, la crucifixión existe
y existe por cuantas veces te he crucificado. Yo muchas veces me deleito en
obrar en las almas y poner todo en depósito en ellas, y después renuevo mi
obrar sin quitar lo que he hecho antes. Entonces, ¿cómo puedes decir que nada te sirve y que todo ha terminado? ¡Ah,
hija mía, los tiempos son tan tristes que mi Justicia llega a rechazar las
almas que toman los castigos sobre ellas y les impiden caer sobre el
mundo! Éstas son
mis más queridas víctimas de mi corazón, y el mundo me empuja a tenerlas casi
inactivas, pero no es inactividad la suya, porque estando en mi Voluntad,
mientras parece que no hacen nada hacen todo, más bien abrazan lo inmenso, lo
eterno, sólo que el mundo por su maldad no goza todos los efectos”.
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11-39
Octubre 18, 1912
Jesús y Luisa lloran juntos.
(1) Esta mañana, en cuanto ha venido mi
siempre amable Jesús, todo afligido y lloroso, yo he llorado junto con Él, y
después me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿qué es lo que nos hace
llorar y nos oprime tanto? La causa del mundo, ¿no es verdad?”
(3) Y yo: “Sí”.
(4) Y Él: “Es por una causa tan santa y
tan desinteresada que nosotros lloramos, no obstante, ¿quién es el que lo toma
en cuenta? Más bien se burlan de la aflicción que sentimos por causa de ellos.
¡Ay, las cosas aún están al principio! Limpiaré la faz de la tierra con la
sangre de ellos mismos”.
(5) Y yo veía esparcirse tanta sangre
humana que he dicho: “¡Ah! Jesús, ¿qué haces? Jesús, ¿qué haces?”
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11-40
Noviembre 1, 1912
Quien piensa en sí mismo empobrece, y
siente necesidad de todo.
(1) Estando muy afligida por la
privación de mi adorable Jesús, estaba rezando y reparando por todos, y en mi
extrema amargura he dirigido el pensamiento hacia mí y he dicho: “Piedad de mí,
Jesús perdona a esta alma, tu sangre, tus penas ¿no son también mías? ¿Valen
acaso menos para mí?” Y mientras esto decía, mi amable Jesús desde dentro de mi
interior me ha dicho:
(2) “¡Ah!, hija mía, ¿qué haces pensando
en ti? Tú así desciendes y de dueña te reduces a la mísera condición de pedir,
pobre hija, con pensar en ti misma te empobreces, pues estando en mi Voluntad
tú eres dueña y por ti misma puedes tomar lo que quieras; si hay algo que hacer
en mi Voluntad es rezar, reparar por los demás”.
(3) Y yo: “Dulcísimo Jesús, Tú amas
tanto que quien está en tu Voluntad no piense en sí mismo, y Tú ¿piensas en ti
mismo?” (Que pregunta tan disparatada)
(4) Y Jesús: “No, no pienso en Mí mismo,
piensa en sí mismo quien tiene necesidad de alguna cosa, Yo no tengo necesidad
de nada, Yo soy la misma santidad, la misma felicidad, la misma inmensidad,
altura, profundidad, nada, nada me falta, mi Ser contiene en Sí mismo todos los
bienes posibles e imaginables. Si algún pensamiento me pudiera ocupar es el
pensamiento del género humano, que habiéndolo sacado de Mí quiero que regrese
a Mí, y en tales condiciones pongo a las
almas que quieren hacer verdaderamente mi Voluntad, son una sola cosa Conmigo,
las vuelvo dueñas de mis bienes, porque en mi Voluntad no hay esclavitud, lo
que es mío es de ellas, y lo que quiero Yo lo quieren ellas. Entonces, si uno
siente necesidad de alguna cosa, significa que no está en verdad en mi
Voluntad, o bien que se da sus escapadas, como estás haciendo tú ahora, ni más
ni menos. ¿No te parece extraño que quien ha formado una sola cosa, un solo
querer Conmigo, me pida piedad, perdón, mi sangre, mis penas, mientras que la
he constituido dueña junto Conmigo? Yo no sé que piedad, que perdón darle, pues
le he dado todo, a lo más debería tener piedad, perdonarme a Mí mismo de alguna
falla, lo que no puede ser jamás. Por tanto te recomiendo que no salgas de mi
Voluntad, y que continúes no pensando en ti misma sino en los demás, como has
hecho hasta ahora, de otra manera vendrías a empobrecer y a sentir necesidad de
todo”.
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11-41
Noviembre 2, 1912
Debemos reconocernos solamente en Dios.
(1) Continuando mi aflicción decía entre
mí: “No me reconozco más, dulce vida mía, ¿dónde estás? ¿Qué cosa debería hacer
para reencontrarte? Faltando Tú, amor mío, no encuentro la belleza que me
embellece, la fortaleza que me fortifica, la vida que me vivifica, me falta
todo, todo es muerte para mí, y la misma vida sin Ti es más desgarradora que
cualquier muerte, ¡ah, es siempre morir! Ven Jesús, no puedo más. ¡Oh luz
suprema, ven, no me hagas esperar más! Me haces sentir los toques de tus manos, y mientras hago por asirte
me huyes; me haces ver tu sombra, y mientras
hago por mirar dentro de la sombra la majestad, la belleza de mi Sol Jesús,
pierdo sombra y Sol. ¡Ah, piedad, mi corazón está atormentado, está desgarrado
en pedazos, no puedo vivir más! ¡Ah, si pudiera morir al menos!” Mientras esto
decía, en cuanto ha venido mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, estoy aquí dentro de ti,
si quieres reconocerte ven en Mí, y dentro de Mí ven a reconocerte; si vienes en Mí a reconocerte te
pondrás en el orden, porque en Mí encontrarás tu imagen hecha por Mí y
semejante a Mí, encontrarás todo lo que se necesita para conservar y embellecer
esta imagen, y viniendo a reconocerte en Mí, reconocerás también al prójimo en
Mí, y viendo cómo te amo a ti y cómo amo al prójimo, te elevarás al grado del
verdadero amor divino, y todo, dentro y fuera de ti, las cosas tomarán el
verdadero orden, que es el orden divino. En cambio si te quieres reconocer
dentro de ti, en primer lugar no te reconocerás en verdad, pues te faltará la
luz divina; en segundo lugar, todas las cosas las encontrarás en desorden y
reñirán entre ellas; la miseria, la debilidad, las tinieblas, las pasiones y
todo lo demás, será el desorden que encontrarás dentro y fuera de ti, que no
sólo te harán la guerra a ti, sino también entre ellas para ver cuál te hace
más mal, e imagínate tú misma en que orden te pondrán al prójimo. Y no sólo
quiero que debas reconocerte en Mí, sino que si quieres recordarte de ti debes
venir a hacerlo en Mí, de otra manera si quieres recordarte de ti sin Mí, harás
más mal que bien”.
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11-42
Noviembre 25, 1912
Las acciones de las almas que hacen su
vida en la
Vida de Jesús, son todas de oro y de
precio
incalculable porque son divinas.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús
parece que ha venido según la costumbre de antes, si bien me ha parecido como
si fuera sólo de pasada, y tenía ansia de verme y de entretenerse conmigo a lo
familiar. Yo, viéndolo tan bueno, dulce y benigno he olvidado todos sus contrastes, las privaciones, y viéndolo con
una corona de espinas grande y muy tupida le he dicho: “Dulce amor mío y vida
mía, hazme ver que continúas amándome, esta corona que te ciñe la cabeza
quítala de Ti y pónmela a mí con tus mismas manos”. Y el amable Jesús de
inmediato se la ha quitado y con sus mismas manos la ha colocado y oprimido en mi cabeza. ¡Oh, cómo me
sentía feliz con las espinas de Jesús, punzantes, sí, pero dulces! Él me miraba
con amorosa ternura, y yo, viéndome tan tiernamente mirada, tomando ánimo he
agregado: “Jesús, corazón mío, no me bastan las espinas para estar segura que
me quieres como antes, ¿no tienes los clavos para crucificarme? Pronto, ¡oh!
Jesús, no me tengas más en duda, pues la sola duda de no ser siempre más amada
por Ti, me da muerte continua, ¡crucifícame!”
(2) Y Él: “Hija mía, no encuentro
clavos, pero para contentarte te traspasaré con una lanza”.
(3) Y así, tomando mis manos me las ha
desgarrado, y después los pies; yo sufría, sí, sentía que nadaba en una mar de
dolor, pero también de amor y dulzura al mismo tiempo, y parecía que Jesús no
podía separar de mí sus tiernas y amorosas miradas, y poniéndome y cubriéndome
toda con su manto real me ha dicho:
(4) “Dulce hija mía, deja ya toda duda
sobre mi Amor por ti; es más, te digo para darte ánimo, que en cualquier modo en que me muestre, ya
sea que me veas airado, o que me veas como relámpago, o que no te hable,
recuerda que bastará sólo con una renovación de espinas, de clavos que te haga,
para ponernos de nuevo en las estrecheces amorosas e intimidades más aún que
antes, por eso quédate contenta, y Yo continuaré con los flagelos en el mundo”.
(5) Me ha dicho otras cosas, pero la
fuerza de los dolores no me deja recordarlas bien. Entonces me he quedado de
nuevo sola, sin Jesús y me he desahogado con mi dulce Mamá llorando y
pidiéndole que hiciera volver a Jesús, y mi Mamá me ha dicho:
(6) “Dulce hija mía, no llores, debes
agradecer a Jesús cómo se comporta contigo y la gracia que te da, que en estos
tiempos de flagelos no te hace separarte de su Santísima Voluntad, gracia más
grande no podría darte”.
(7) Después ha regresado Jesús, y
viéndome que había llorado me ha dicho:
(8) “¿Por qué has llorado?”
(9) Y yo: “He llorado con mi Mamá, no es
que haya llorado con algún otro, y he llorado porque Tú no estabas”. Y Jesús
tomando mis manos en las suyas parecía que me mitigaba los dolores, y luego me
ha hecho ver dos escaleras altas de la tierra al Cielo, en una había mucha
gente y en la otra poquísima. En la que había pocos era de oro macizo y los
pocos que subían por ella parecía que eran otros tantos Jesús, así que cada uno
de ellos era un Jesús; en la otra, donde había más gente, parecía de madera, y se distinguía quiénes eran las personas, casi
todas bajas y sin gran desarrollo. Y Jesús me ha dicho:
(10) “Hija mía, en la escalera de oro
suben aquellos que hacen su vida en mi Vida, así que puedo decir: “Son mis
pies, mis manos, mi corazón, todo Yo mismo”. Como tú ves, porque son otros Yo
ellos son todos para Mí y Yo soy vida de ellos, sus acciones son todas de oro y
de precio incalculable, porque son divinas, su altura nadie la podrá alcanzar
jamás, porque son mi misma vida, casi ninguno los conoce porque viven
escondidos en Mí, sólo en el Cielo se tendrá perfecto conocimiento de ellos. La
escalera de madera en la cual hay más gente, son las almas que caminan por el
camino de las virtudes, sí, pero no con la unión de mi Vida y con la conexión
continua con mi Voluntad, sus acciones son de madera, porque únicamente la
unión Conmigo forma la acción de oro, por lo tanto son de precio mínimo, son
bajas de altura, casi raquíticas, porque en sus acciones buenas muchos fines
humanos mezclan, y los fines humanos no dan crecimiento; son conocidas por
todos porque no viven escondidas en Mí, sino viven en ellas mismas, por lo que nadie las cubre, al Cielo no harán
ninguna sorpresa pues eran conocidas aun en la tierra. Por eso hija mía toda en
mi Vida te quiero, nada en la tuya, y te recomiendo a los que tú sabes y ves,
que se mantengan fuertes y constantes en la escalera de mi Vida”.
(11) Y me señalaba a algunos que yo
conozco, y ha desaparecido.
(12) Sea todo a gloria suya.
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11-43
Diciembre 14, 1912
Quien está en la Divina Voluntad abrazando
todo, rezando
y reparando por todos, toma para sí sola
el Amor que Dios
tiene para todos. Quien está del todo en
la Divina
Voluntad no está sujeto a tentaciones.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús
al venir me ataba con un hilo de oro diciéndome:
(2) “Hija mía, no te quiero atar con
sogas y cadenas; con los rebeldes se usan cuerdas y cadenas de hierro, pero con
los dóciles, con quienes no quieren otra vida que mi Voluntad y no toman otro
alimento que mi Amor, apenas un hilo se necesita para tenerlos unidos Conmigo,
y muchas veces ni siquiera me sirvo de este hilo, pues están tan adentrados en
Mí que forman una sola cosa Conmigo, y si lo uso es casi para entretenerme en
torno a ellos”.
(3) Entonces, mientras Jesús me ataba yo
me he encontrado en el mar interminable de la Voluntad de mi dulce Jesús, y por
consecuencia en todas las criaturas, e iba extendiéndome en la mente de Jesús,
en los ojos de Jesús, en la boca, en el corazón, y así, en la mente, en los ojos y en todo lo demás de las criaturas y
hacía todo lo que hacía Jesús. ¡Oh! cómo con Jesús se abraza todo, no queda
excluido ninguno. Después Jesús ha agregado:
(4) “Quien está en mi Voluntad abrazando
todo, rezando y reparando por todos, toma en sí sola el amor que tengo por
todos, así que el amor que tengo por todos lo encierra ella sola, y por cuanto
la amo, otro tanto me es querida, otro tanto bella, así que todo deja atrás de
ella”.
(5) Entonces yo, habiendo leído que
quien no es tentado no es agradable a Dios, y pareciéndome que desde hace mucho
tiempo no sé qué sea tentación, se lo he dicho a Jesús y Él me ha dicho:
(6) “Hija mía, quien está del todo en mi
Voluntad no está sujeto a tentaciones, porque el demonio no tiene el poder de
entrar en mi Voluntad, y no sólo esto, sino que el demonio mismo no quiere
entrar, porque mi Voluntad es luz, y el alma ante esta luz conocería muy bien
sus astucias, por lo tanto se burlaría del enemigo, el cual no tolera estas
burlas y le son más terribles que el mismo infiero, y con todas sus fuerzas las
rehuye. Prueba a salir de mi Voluntad y verás cuantos enemigos te lloverán encima.
Quien está en mi Voluntad lleva siempre en alto la bandera de la victoria, y de
los enemigos ninguno osa hacer frente a esta bandera inexpugnable”.
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11-44
Diciembre 20, 1912
Por cuanta más sustancia de Divina
Voluntad contiene el alma, tanto más amor produce.
(1) Estos días pasados parecía que mi
siempre amable Jesús tenía ganas de hablar de su Santo Querer, venía, decía dos
palabras y huía. Recuerdo que en una ocasión me dijo:
(2) “Hija mía, con quien hace mi
Voluntad me siento como en deber de darle mis virtudes, mi belleza, mi
fortaleza, en una palabra, todo lo que Yo soy, y si no se lo diera me lo
negaría a Mí mismo”.
(3) En otra ocasión, leyendo acerca de
lo terrible del juicio, y quedando muy entristecida, mi dulce Jesús me dijo:
(4) “Hija mía, ¿por qué quieres
entristecerme?”
(5) Y yo: “No intento entristecerte a
Ti, sino a mí”.
(6) Y Él: “¡Ah!, no lo quieres
comprender, que los disgustos, las tristezas y cualquier cosa que pudiera
sufrir quien hace mi Voluntad, recaen sobre Mí y las siento como propias, y
puedo decir a quien hace mi Voluntad: “Las leyes no son para ti, para ti no hay
juicios”. Y si quisiera juzgarla sería como uno que quisiera ir contra sí
mismo, es más, quien hace mi Voluntad, en vez de ser juzgada entra en el
derecho de juzgar a los demás”.
(7) Después
ha agregado: “La buena voluntad del alma en hacer el bien es una potencia sobre
mi corazón, y esta potencia me maneja tanto, que me obliga a darle lo que
quiere”.
(8) Después estaba pensando en qué le gustará
más al bendito Jesús, “el amor o su Voluntad”.
(9) Y Jesús: “Hija mía, sobre todo debe
tener la primacía mi Querer. Mira un poco tú misma, tienes un cuerpo, un alma,
estás compuesta de inteligencia, de carne, de huesos, de nervios, pero no eres
de frío mármol, contienes también un calor, así que el alma, la inteligencia,
el cuerpo, la carne, los huesos, los nervios, deben ser mi Voluntad, y el calor
que contiene, el amor. Mira la llama, el fuego; la llama, el fuego, debe ser mi
Voluntad, y el calor que produce la llama y el fuego, el amor. Así que en todas
las cosas la sustancia debe ser mi Voluntad, los efectos el amor; el uno y la
otra están tan conectados juntos, que no puede estar el uno sin la otra, así
que cuanta más sustancia de mi Voluntad el alma contiene, más amor produce”.
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11-45
Enero 22, 1913
Las tres Pasiones de Jesús.
(1) Estaba pensando en la Pasión de mi
siempre amable Jesús, especialmente en lo que sufrió en el huerto, entonces me he encontrado toda sumergida en
Jesús y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi primera Pasión fue el
amor, porque el hombre al pecar, el primer paso que da en el mal es la falta de
amor, por lo tanto, faltando el amor se precipita en la culpa; por eso, el Amor
para rehacerse en Mí de esta falta de amor de las criaturas, me hizo sufrir más
que todos, casi me trituró más que bajo una prensa, me dio tantas muertes por
cuantas criaturas reciben la vida.
(3) El segundo paso que sucede en la
culpa es defraudar la gloria de Dios, y el Padre para rehacerse de la gloria
quitada por las criaturas me hizo sufrir la Pasión del pecado, esto es, que
cada culpa me daba una pasión especial; si la pasión fue una, el pecado en
cambio me dio tantas pasiones por cuantas culpas se cometerán hasta el fin del
mundo; y así se rehizo la gloria del Padre.
(4) El tercer efecto que produce la
culpa es la debilidad en el hombre, y por eso quise sufrir la Pasión por manos
de los judíos, esta es mi tercera Pasión, para rehacer al hombre de la fuerza perdida.
(5) Así que con la Pasión del amor se
rehizo y se puso en justo nivel el Amor, con la Pasión del pecado se rehizo y
se puso a nivel la gloria del Padre, con la Pasión de los judíos se puso a
nivel y se rehizo la fuerza de las criaturas. Todo esto lo sufrí en el huerto,
fue tal y tanto el sufrimiento, las muertes que sufrí, los espasmos atroces,
que habría muerto de verdad si la Voluntad del Padre hubiera llegado a que Yo
muriera”.
(6) Después continué meditando cuando mi
amable Jesús fue arrojado por los enemigos al torrente Cedrón. El bendito Jesús
se hacía ver en un aspecto que movía a piedad, todo bañado con aquellas aguas
puercas y me ha dicho:
(7) “Hija mía, al crear el alma la vestí
de un manto de luz y de belleza; el
pecado quita este manto de luz y de belleza y la cubre con un manto de
tinieblas y de fealdad, volviéndola repugnante y nauseante, y Yo para quitar este manto tan nauseabundo que el pecado pone al
alma, permití que los judíos me arrojaran en este torrente, donde quedé como
recubierto dentro y fuera de Mí, porque estas aguas pútridas me entraron hasta
en las orejas, en las narices, en la boca, tanto, que los judíos tenían asco de
tocarme. ¡Ah, cuánto me costó el amor de las criaturas, hasta volverme
nauseabundo a Mí mismo!”
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11-46
Febrero 5, 1913
Quien no hace la Voluntad de Dios todo lo
roba.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús
ha venido y me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien no hace mi Voluntad
no tiene razón de vivir en la tierra, la vida se vuelve sin finalidad, sin
medio y sin fin. Es propiamente como un árbol que no sabe y no puede producir
ningún fruto, o a lo más frutos venenosos, que envenenan siempre más a él
mismo, y envenenan a cualquiera que imprudentemente los pudiera comer, este
árbol no hace otra cosa que robar las pobres fatigas del agricultor, que con
fatiga y sudores está a su alrededor removiéndole la tierra. Así el alma que no
hace mi Voluntad está en continua actitud de robarme, y los hurtos que me hace
los convierte en veneno; así que está a mi alrededor sólo para robarme, me roba
la obra de la Creación, la de la Redención y la de la Santificación con
relación a ella; me roba la luz del sol, el alimento que toma, el aire que
respira, el agua que le quita la sed, el fuego que la calienta, la tierra que
pisa, porque todo esto es de quien hace mi Voluntad, todo lo que es mío es de
ellos; en cambio quien no hace mi Voluntad no tiene ningún derecho, y por eso
me siento continuamente robado. Así que quien no hace mi Voluntad se debe tener
como extranjero nocivo y fraudulento, y por eso es necesario encadenarlo y
arrojarlo en las cárceles más profundas”.
(3) Dicho esto ha desaparecido como
relámpago. Otro día, al venir me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿quieres saber qué
diferencia hay entre mi Voluntad y el Amor? Mi Voluntad es Sol, el amor es
fuego. Mi Voluntad como sol no tiene necesidad de alimento, ni crece ni decrece
en la luz y en el calor, siempre, siempre igual a sí mismo, siempre purísima su
luz. En cambio el fuego que simboliza el amor, tiene necesidad de leña para
alimentarse, y si falta la leña llega hasta a apagarse, crece y decrece según
la leña que se pone, por lo tanto está sujeto a inestabilidad, y su luz es
siempre obscura, mezclada con humo, especialmente si el amor no está regulado
por mi Voluntad”.
(5) Dicho esto ha desaparecido y me ha
quedado en mi mente una luz en la que comprendía que la Voluntad de Dios para
el alma es como un sol, porque las acciones que se hacen como queridas por Dios
forman una sola cosa con la Voluntad Divina, y así se forma el sol, la leña que
mantiene este sol es la acción humana y todo el propio ser unido a la acción y
al Ser Divino, así que el alma se hace leña ella misma, suministrada por la
Voluntad Divina, y esta leña no puede faltar, por eso este sol no tiene
necesidad de alimento, ni crece ni decrece, es siempre igual a Sí mismo, es
purísima su luz, porque toma parte en todo, y el Ser Divino y la leña divina
nunca se acaban y no están sujetas a humo. No explico más porque creo que el
resto se comprende por sí solo, o sea lo referente al amor.
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11-47
Febrero 19, 1913
La Voluntad de Dios es opio que adormece
lo humano en el alma.
(1) Continuando mi habitual estado, y
habiendo hecho la Santa Comunión, mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad es como el
opio al cuerpo. Los pobres pacientes debiendo sufrir una operación, la
amputación de una pierna, de un brazo, los adormecen con el opio, con esto no
sienten la agudeza del dolor, y después, ya
despiertos, se encuentran con los efectos de la operación hecha; y si no han sufrido tanto, la virtud
ha sido solamente del opio. Tal es mi Voluntad, es opio del alma que adormece
la inteligencia, el amor propio, la propia estima, todo lo que es humano, y no deja penetrar hasta el fondo un disgusto,
la calumnia, el sufrimiento, un estado de penas internas del alma, porque el
opio de mi Voluntad la tiene como adormecida, pero con todo y esto se
encuentran los mismos efectos y los mismos méritos, es más, ¡oh! cuánto los supera, como si hubiese sentido muy bien aquel
sufrimiento, pero con esta diferencia: Que el opio para el cuerpo se compra y
no se puede usar frecuentemente, ni todos los días, y si se quisiera abusar
quedaría la persona entontecida, especialmente si es de constitución débil; en
cambio el opio de mi Voluntad lo doy gratis y se puede tomar en todos los
momentos, y por cuanto más frecuentemente lo tome, tanta más luz de razón
adquiere, y si es débil adquiere la fortaleza divina”.
(3) Después de esto me parecía ver a
varias personas a mi alrededor y le he dicho a Jesús: ¿Quiénes son?”
(4) Y Jesús: “Son las que te confié
desde hace algún tiempo, te las recomiendo, vigila sobre ellas, por esto quiero
formar este nudo de unión entre tú y ellas, para tenerlas siempre en torno a
Mí”.
(5) Y me ha señalado a una en modo
especial. Y yo: “¡Ah!, Jesús, ¿has olvidado mi miseria y nulidad, y la
necesidad extrema que tengo? ¿Qué haré?”
(6) Y Jesús: “Hija mía, tú no harás
nada, como nada has hecho jamás. Yo hablaré y haré en ti, y hablaré por medio
de tu boca, basta con que me dejes hacerlo tú y que haya buena disposición en
ellas, y Yo me prestaré a todo, y aunque te tenga
adormecida en mi Voluntad, cuando sea necesario te despertaré y te haré
hablarles a ellas, y Yo me deleitaré más en ti oyéndote hablar, ya sea en la vigilia o en el sueño de mi
Voluntad”.
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11-48
Marzo 16, 1913
El fervor en rezar. El hielo en la
Voluntad de
Dios es fuego. Alimento de las almas.
(1) Escribo pequeñas cositas que el bendito
Jesús me ha dicho en todos estos días pasados. Recuerdo que me sentía
indiferente, fría, pero a pesar de eso hacía lo que es mi costumbre hacer, y
pensaba para mí: “¿Quién sabe cuanta gloria de más daba a Nuestro Señor cuando
me sentía al contrario de como me siento hoy?” Y Jesús bendito me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando el alma reza con
fervor es el incienso con humo, en cambio cuando reza fría, pero sin que haya
hecho entrar en ella alguna cosa extraña a Mí, es el incienso sin humo; así que
el uno o el otro me son agradables, pero más el incienso sin humo, porque el
humo da siempre alguna molestia a los ojos”.
(3) Sintiéndome igual, el amable Jesús
me ha dicho:
(4) “Hija mía, el hielo en mi Voluntad
es más ardiente que el fuego. ¿Qué te impresionaría más, ver que el hielo tiene
virtud de quemar y de destruir cualquier cosa que lo pueda tocar, o el fuego
que convierte las cosas en fuego? Ciertamente que el hielo. ¡Ah! hija mía, en
mi Voluntad las cosas cambian naturaleza, así que el hielo en mi Voluntad tiene
virtud de destruir cualquier cosa que no sea digna de mi santidad, y vuelve al
alma pura, nítida y santa, tal como me gusta a Mí, no según le gusta a ella.
Ésta es la ceguera de las criaturas, y aun de aquellas que se dicen buenas, al
sentirse frías, miserables, débiles, oprimidas y demás, y por cuanto más se
sienten mal, tanto más se agazapan en su voluntad y se tejen un laberinto para
envolverse de más en sus males, en vez de dar un salto a mi Voluntad donde
encontrarían el hielo fuego, la miseria riqueza, la debilidad fortaleza, la
opresión alegría. Yo
con toda intención las hago sentir así de mal, para darles en mi Voluntad lo
contrario de los males que tienen, pero las criaturas no queriéndolo entender
de una vez para siempre, echan al vacío mis designios sobre ellas. ¡Qué
ceguera! ¡Qué ceguera!”
(5) Otro día Jesús me dijo:
(6) “Hija mía, mira de qué se nutre
quien hace mi Voluntad”.
(7) Entonces yo veía un sol que expandía
innumerables rayos, tan espléndido, que el nuestro parecía apenas una sombra, y
pocas almas sumergidas en esta luz, y estaban con la boca en estos rayos como
si fueran pechos para mamar, ajenas a todas las demás cosas, como si nada
hicieran, y mientras parecía que hacían nada, de ellas salía todo el obrar
divino. Mi siempre amable Jesús ha agregado:
(8) “¿Has visto la felicidad de quien
hace mi Voluntad, y cómo sólo de estas almas sale la repetición de mis obras?
Así que quien hace mi Voluntad se nutre de luz, o sea de Mí, y mientras hace
nada hace todo, por eso puede estar segura que lo que piensa, obra y dice es
efecto del alimento que toma, o sea, que todo es fruto de mi Querer”.
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11-49
Marzo 21, 1913
El abandono del alma en la Voluntad de
Dios
es opio para Jesús. El aire de las almas.
(1) Continuando mi habitual estado,
estaba diciendo al dulce Jesús que tuviera a bien hacerme participar en sus
penas, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, el opio del alma es mi
Voluntad, mi opio es la voluntad del alma abandonada en la mía, unida al puro
amor. Este opio que el alma me da tiene la virtud de que las espinas pierdan en
Mí la virtud de pinchar, los clavos de perforar, las llagas de dar dolor, todo
me calma y adormece, así que si tú me has dado el opio, ¿cómo quieres que te
haga parte de mis penas? Si no las tengo para Mí menos para ti”.
(3) Y yo: “Ah Jesús, cómo te sabes
salir, parece que quieres jugar y para no contentarme te zafas con esas
palabras”.
(4) Y Él: “No, no, es verdad, es
exactamente así. Tengo necesidad de mucho opio, y te quiero tan abandonada en
Mí que no te sienta más a ti misma, así que no reconoceré más quién eres tú,
sino que solamente me reconoceré a Mí en ti, así que te diré que eres mi alma,
mi carne, mis huesos. En estos tiempos tengo necesidad de mucho opio, porque si
me despierto, en diluvio haré caer los flagelos”.
(5) Y ha desaparecido. Poco después ha
regresado y ha agregado:
(6) “Hija mía, muchas veces sucede a las
almas lo que sucede en el aire: El aire, por los hedores que exhala la tierra
se ensucia y se siente un aire pesado, oprimente y nauseante, de modo que son
necesarios los vientos para limpiar el aire, de manera que purificado el aire
se respira después un vientecillo finísimo, que se estaría a boca abierta para
respirar este aire purificado. Todo esto sucede en las almas, muchas veces la
complacencia, la estima propia, el yo y todo lo que es humano ensucian el aire
del alma, y Yo me veo obligado a mandarles el viento de la frialdad, el viento
de la tentación, de la aridez, de la calumnia, de modo que estos vientos
limpian el aire del alma y la purifican, la reducen a la nada, y la nada abre
la puerta al Todo, a Dios, y el Todo hace soplar tantos vientecillos
perfumados, de modo que a boca abierta toma este aire y la deja toda
santificada”.
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11-50
Marzo 24, 1913
Jesús es el contento de los contentos.
(1) Sentía un cierto descontento por las
privaciones de mi siempre amable Jesús, y Él en cuanto ha venido me dijo:
(2) “Hija mía, ¿qué haces? Yo soy el
contento de los contentos; estando en ti y sintiendo algunos descontentos vengo
a reconocer que eres tú, y por lo tanto no me reconozco solo en ti, porque los
descontentos son parte de la naturaleza humana, no de la divina, mientras que
mi Voluntad es que lo humano no exista más en ti, sino sólo mi Vida Divina”.
(3) Agrego que pensaba entre mí en la
dulce Mamá, y Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, a mi querida Mamá nunca
se le escapó el pensamiento de mi Pasión, y a fuerza de repetirla se llenó
toda, toda de Mí. Así sucede al alma, a fuerza de repetir lo que Yo sufrí viene
a llenarse de Mí”.
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11-51
Abril 2, 1913
El alma que hace la Voluntad de Dios es su
respiro.
(1) Estando toda afligida por las
privaciones de mi dulce Jesús, Él ha venido por detrás de mis hombros y pasando
una mano por delante de mi boca, me ha alejado las sábanas que estaban tan
cerca de mí que me impedían respirar libremente, y después me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad es
mi respiro, y conteniendo mi respiro todos los respiros de las criaturas, desde
dentro del alma que hace mi Voluntad suministro el respiro a todos, he aquí
porqué te he alejado las sábanas, porque me sentía también Yo obstaculizada la
respiración”.
(3) Y yo: “¡Ah! Jesús, ¿qué dices? Yo
más bien siento que me has dejado y que has olvidado tantas promesas que me has
hecho”.
(4) Y Él: “Hija mía, no me digas eso
pues me ofendes y me forzas a
hacerte probar en verdad lo que significa dejarte”.
(5) Después ha agregado con toda
dulzura: “Quien hace mi Voluntad representa a lo vivo el periodo de mi Vida en
la tierra, que mientras externamente parecía hombre, al mismo tiempo era
siempre el Hijo amado de mi querido Padre. Así el alma que hace mi Voluntad,
externamente tiene la piel de la humanidad, pero por dentro se encuentra mi persona,
inseparable como Yo en el Amor y en la Voluntad de la Trinidad Sacrosanta, así
que la Divinidad dice: Ésta es otra hija que tenemos sobre la tierra, por amor
a ella sostengamos la tierra, porque hace en todo nuestras veces”.
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11-52
Abril 10, 1913
Efectos del ejercicio de las horas de la
Pasión.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús
ha venido, y estrechándome a su corazón me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien piensa siempre en
mi Pasión forma en su corazón una fuente, y por cuanto más piensa en ella,
tanto más esta fuente se agranda, y como las aguas que brotan son aguas comunes
a todos, así esta fuente de mi Pasión que se forma en el corazón sirve para
bien del alma, para gloria mía y para bien de las criaturas”.
(3) Y yo: “Dime bien mío, ¿qué cosa
darás en recompensa a aquellos que harán las horas de la Pasión como Tú me las
has enseñado?”
(4) Y Él: “Hija mía, estas horas no las
consideraré como cosas vuestras, sino como hechas por Mí, os daré mis mismos
méritos como si Yo estuviera sufriendo en acto mi Pasión y los mismos efectos
según las disposiciones de las almas, esto en la tierra, premio mayor no
podría darles; luego
en el Cielo a estas almas me las pondré de frente, saeteándolas con saetas de
amor y de contentos por cuantas veces han hecho las horas de mi Pasión, y ellas
me saetearán a Mí. ¡Qué dulce encanto será esto para todos los
bienaventurados!”
(5) Después ha agregado: “Mi Amor es
fuego, pero no como el fuego material que destruye las cosas y las convierte en
cenizas, mi fuego vivifica, perfecciona, y
si quema y consume lo hace con todo lo que no es santo, los deseos, los
afectos, los pensamientos que no son buenos; esta es la virtud de mi fuego: Quema el mal y da vida al bien; así que si el alma no siente en sí
ninguna tendencia al mal, puede estar segura de que está en ella mi fuego, pero
si siente en sí fuego y mezcla de mal, hay mucho que dudar que sea mi verdadero
fuego”.
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11-53
Mayo 9, 1913
Jesús y su Mamá fueron inseparables. Esto
les
sucede también a las almas cuando están
verdaderamente unidas con Jesús.
(1) Mientras rezaba estaba pensando en
el momento cuando Jesús se despidió de la Madre Santísima para ir a sufrir su
Pasión, y decía entre mí: “¿Cómo es posible que Jesús se haya podido separar de
la querida Mamá, y Ella de Jesús?” Y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, ciertamente que no podía
haber separación entre Yo y mi dulce Mamá, la separación fue sólo
aparentemente, Yo y Ella estábamos fundidos juntos, y era tal y tanta la fusión
que Yo quedé con Ella, y Ella vino Conmigo, así que se puede decir que hubo una
especie de bilocación. Esto sucede también a las almas cuando están unidas
verdaderamente Conmigo, y si rezando hacen entrar en sus almas como vida la
oración, sucede una especie de fusión y de bilocación, Yo dondequiera que me
encuentre las llevo Conmigo y Yo quedo con ellas.
(3) Hija mía, tú no puedes comprender
bien lo que fue mi querida Mamá para Mí. Yo, viniendo a la tierra no podía estar sin Cielo, y mi Cielo fue mi
Mamá. Entre Yo y Ella pasaba tal electricidad, que ni siquiera un pensamiento
hubo en Ella que no lo tomara de mi mente, y este tomar de Mí la palabra, y la
voluntad, y el deseo, y la acción, y el paso, en suma, todo, formaba en este Cielo el sol, las estrellas, la luna y todos
los gozos posibles que puede darme la criatura y que puede ella misma gozar.
¡Oh cómo me deleitaba en este Cielo, cómo me sentía consolado y rehecho
de todo! También los besos que me
daba mi Mamá encerraban el beso de toda la humanidad y me restituían el beso de
todas las criaturas; en todo me sentía a mi dulce Mamá, me la sentía en el
respiro, y si era afanoso me lo aliviaba; me la sentía en el corazón, y si
estaba amargado me lo endulzaba; en el paso, y si estaba cansado me daba
aliento y reposo; ¿y
quién puede decirte como me la sentía en la Pasión? En cada flagelo, en cada
espina, en cada llaga, en cada gota de mi sangre, en todo me la sentía y me
hacía el oficio de mi verdadera Madre. ¡Ah, si las almas me correspondieran, si
todo tomaran de Mí, cuántos cielos y cuántas madres tendría sobre la tierra!”
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11-54
Mayo 21, 1913
Cómo se forma la verdadera consumación.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo quiero la verdadera
consumación en ti, no fantástica sino verdadera, pero en modo simple y
factible. Supón que te viniera un pensamiento que no es para Mí, tú debes
destruirlo y sustituirlo con el divino, y así habrás hecho la consumación del
pensamiento humano y habrás adquirido la vida del pensamiento divino; así también si el ojo quiere mirar alguna cosa
que me disgusta o que no se refiere a Mí, y el alma se mortifica, ha consumado
el ojo humano y ha adquirido el ojo de la Vida Divina, y así el resto de tu
ser. ¡Oh!, Cómo estas nuevas Vidas Divinas me
las siento correr en Mí y toman parte en todo mi obrar, amo tanto estas vidas,
que por amor de ellas cedo a todo. Estas almas son las primeras delante de Mí,
y si las bendigo, a través de ellas vienen bendecidas las demás; son las primeras beneficiadas,
amadas, y por medio de ellas vienen beneficiadas y amadas las demás”.
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11-55
Junio 12, 1913
La Santísima Trinidad en las almas.
(1) Mientras rezaba estaba uniendo mi
mente a la de Jesús, mis ojos a los de Jesús, y así de todo lo demás, tratando
de hacer lo que hacía Jesús con su mente, con sus ojos, con su boca, con su
corazón, y así de todo de todo lo demás, y como parecía que la mente de Jesús,
sus ojos, etc., se difundían para bien de todos, así parecía que yo uniéndome y
ensimismándome con Jesús me difundía también para bien de todos. Entonces
pensaba entre mí: “¿Qué meditación es ésta? ¿Qué oración? ¡Ah, no soy buena
para nada, no sé ni siquiera meditar nada!” Pero mientras esto pensaba, mi
siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿cómo es que te afliges
por esto? En vez de afligirte deberías alegrarte, porque cuando tú meditabas y
tantas bellas reflexiones surgían en tu mente, tú no hacías otra cosa que tomar
de Mí parte de mis cualidades y de mis virtudes; ahora, habiéndote quedado sólo
el poder unirte y ensimismarte a Mí, tomas de Mí todo, y no siendo buena para
nada, Conmigo eres buena para todo, porque Conmigo quieres el bien de todos, y
sólo con el desear, el querer el bien, produce en el alma una fortaleza que la
hace crecer y la fija en la Vida Divina. Además, con unirse y ensimismarse
Conmigo, se une con mi mente, y así tantas vidas de pensamientos santos produce
en las mentes de las criaturas; conforme se une con mis ojos, así produce en
las criaturas tantas vidas de miradas santas; así si se une con mi boca dará
vida a las palabras; si se une a mi corazón, a mis deseos, a mis manos, a mis
pasos, así a cada latido dará una vida, vida a los deseos, a las acciones, a los
pasos, pero vidas santas, porque conteniendo en Mí la potencia creadora, junto
Conmigo el alma crea y hace lo que hago Yo. Ahora, esta unión Conmigo, parte
por parte, mente por mente, corazón por corazón, etc., produce en ti, en grado
más alto, la Vida de mi Voluntad y de mi Amor, y en esta Voluntad viene formado
el Padre, en el Amor el Espíritu Santo, y del obrar, de las palabras, de las
obras, de los pensamientos y de todo lo demás que puede salir de esta Voluntad
y de este Amor viene formado el Hijo, y he aquí la Trinidad en las almas, así
que si debemos obrar, es indiferente obrar en la Trinidad en el Cielo o en la
Trinidad de las almas en la tierra. He aquí el por qué voy quitándote todo lo
demás, si bien cosas buenas y santas, para poderte dar lo más bueno y lo más
santo, que soy Yo mismo, y poder hacer de ti otro Yo mismo, en cuanto a
criatura es posible. Creo que no te lamentarás más, ¿no es verdad?”
(3) Y yo: “¡Ah, Jesús, Jesús!, yo en
cambio siento que me he hecho mala, mala, y el mayor mal es que no sé encontrar
esta maldad mía, porque encontrándola, al
menos haría cuanto puedo para quitarla”.
(4) Y Jesús: “Basta, basta, tú quieres
adentrarte demasiado en el pensamiento de ti misma, piensa en Mí y Yo pensaré
en tu maldad, ¿has entendido?”
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11-56
Junio 24, 1913
(Sin título)
(1) El
alma que no apetece el bien, siente como una náusea y un rechazo de dicho bien,
y por eso esas almas son el rechazo de Dios
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11-57
Agosto 20, 1913
Para vivir en la Divina Voluntad, la vida
de
la propia voluntad debe terminar.
(1) Mientras rezaba veía en mí a mi
siempre amable Jesús y a otras almas en torno a mí, las cuales decían: “Señor,
todo has puesto en esta alma”. Y extendiendo sus manos hacia mí me decían: “Ya
que Jesús está en ti, y con Él todos los bienes, toma y danos a nosotras”. Yo
he quedado confundida, y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, en mi Voluntad están
todos los bienes posibles, y el alma que vive en Ella es necesario que esté con
confianza obrando junto Conmigo como dueña. Todo esperan las criaturas de esta
alma, y si no lo tienen se sienten defraudadas; ¿y cómo puede dar si no está
con toda confianza obrando junto Conmigo? Por eso al alma que vive en mi
Voluntad le es necesaria la confianza para dar, la simplicidad para comunicarse
a todos, con el desinterés de sí para poder vivir toda para Mí y para el
prójimo. Tal soy Yo”.
(3) Luego ha agregado: “Hija mía, a
quien en verdad hace mi Voluntad le sucede como al árbol injertado, que la
fuerza del injerto tiene virtud de hacer destruir la vida del árbol que recibe
el injerto, así que no más los frutos, las hojas del primer árbol se ven, sino
los del injerto, y si el primer árbol dijera al injerto, “quiero retener para
mí al menos una pequeña ramita para poder dar también yo algún fruto para poder
hacer conocer a todos que yo existo aún”, el injerto le respondería: “Tú no
tienes ya razón de existir, después de que te has sometido a recibir mi injerto
la vida será toda mía”. Así el alma que hace mi Voluntad puede decir: “Mi vida
ha terminado, no más mis obras saldrán de mí, mis pensamientos, mis palabras,
sino las obras, los pensamientos, las palabras de Aquél cuya Voluntad es mi
vida”. Así que Yo digo a quien hace mi Querer: “Tú eres vida mía, sangre mía,
huesos míos”. Entonces sucede la verdadera, real, Sacramental transformación,
no en virtud de las palabras del sacerdote, sino en virtud de mi Voluntad. En
cuanto el alma se decide a vivir en mi Querer, mi Voluntad me crea a Mí mismo
en el alma, y a medida que mi Querer corre en la voluntad, en las obras, en los
pasos del alma, tantas creaciones mías recibe. Sucede propiamente como a un
cáliz lleno de partículas consagradas, por cuantas partículas hay, tantos Jesús
están, uno en cada partícula. Así el alma, en virtud de mi Voluntad me contiene
en todo y en cada parte de su ser; quien hace mi Voluntad hace la verdadera
comunión eterna, y comunión con fruto completo”.
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11-58
Agosto 27, 1913
El enemigo por vía indirecta busca turbar
al alma.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
estaba lamentándome con mi siempre amable Jesús por mi pobre estado presente, y
con toda la amargura de mi alma le decía: “Vida de mi vida, ¿no quieres ya
tener compasión de mí? ¿Para qué vivir? No quieres más servirte de mí, todo ha
terminado, es tal y tanta mi amargura que por el dolor me siento petrificada,
pero lo que es más, que mientras yo me estoy toda abandonada en tus brazos,
como si ni siquiera diera un pensamiento a mi gran desventura, los demás, y Tú
sabes quienes son, me susurran al oído: “Y, ¿cómo? Y, ¿por qué? ¿Entonces has
cometido pecados? Te has distraído”. Y lo que es peor, mientras me dicen esto,
yo siento que no quiero oírlos, pues es como si interrumpieran el sueño que Tú
me haces hacer en los brazos de tu Voluntad. ¡Ah! Jesús, tal vez no te has dado
cuenta de cuán duro me es este dolor, pues de otra manera vendrías a
socorrerme”. Y otras muchas tonterías le decía. Entonces el bendito Jesús me ha
dicho:
(2) “Hija mía, pobre hija mía, te
quieren afligir, ¿no es verdad? ¡Ah, hija mía, hago tanto para tenerte en paz y
ellos te quieren turbar! No, no, debes saber que el primero en disgustarse si
tú osaras ofenderme sería Yo, y por eso sería el primero en decírtelo, y si
nada te digo, no te preocupes. Pero, ¿quieres
saber quién es la causa de todo esto? Es el demonio. Él se corroe de rabia y
cada vez que hablas de los efectos de mi Voluntad a quien se te acerca, monta
en furor, y no pudiendo él acercarse a quien hace mi Voluntad directamente, da
la vuelta y va a quien puede acercársete bajo aspecto de bien, para tener al
menos el mísero intento de turbar el cielo sereno del alma en la que me deleito
morar, por eso desde lejos truena y relampaguea creyendo hacer con esto alguna
cosa, pero pobrecito, la fuerza de mi Voluntad rompe sus piernas y hace caer
truenos y relámpagos sobre él mismo, y queda más enfurecido que antes. Además,
no es cierto como tú dices: ¿A que aprovecha mi estado? Debes saber que en el
alma que hace en verdad mi Voluntad, es tal y tanta la virtud de mi Querer, que
en el lugar donde esté dicha alma, si Yo me acerco para mandar castigos,
encontrando mi Voluntad y mi mismo Amor, no me quiero castigar a Mí mismo en
esa alma, es más, por ella quedo herido y sin fuerzas, y en lugar de castigar
me voy a arrojar en brazos de esa alma que contiene mi Querer y mi Amor, me
reposo y quedo descansando. ¡Ah, si tú supieras en qué aprietos de amor me
pones y cuánto sufro cuando te veo mínimamente descontenta o turbada por causa
mía, estarías más contenta y los otros dejarían de causarte molestia!”.
(3) Y yo: “¿Ves, ¡oh! Jesús, cuántos
males hago, hasta hacerte sufrir tanto?” Y Jesús inmediatamente:
(4) “Hija mía, no te turbes por esto,
los sufrimientos que me vienen del amor del alma contienen a la vez grandes
gozos, porque el amor verdadero por cuanto lleva sufrimientos, no está jamás
separado de gran gozo y de indecibles contentos”.
+ + + +
11-59
Septiembre 3, 1913
Cuando Jesús pone al alma en su Voluntad,
y ella
hace estable morada en su Querer, el alma
se pone
en las mismas condiciones de Jesús.
(1) Mientras estaba rezando, pero yo no
sé explicarme bien, puede ser también una fina soberbia mía, pero yo no pienso
nunca en mí misma, en mis grandes miserias, sino siempre en reparar, para
consolar a Jesús, por los pecadores, por todos, pero no es que lo piense desde
antes, no, sólo basta que me ponga a rezar y me encuentro en ese punto. Ahora,
yo estaba pensando en esto, y mi siempre amable Jesús viniendo me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿cómo? ¿Te preocupas por
esto? Tú debes saber que cuando Yo pongo al alma en mi Voluntad y ella hace
estable morada en mi Querer, siendo que mi Voluntad contiene todos los bienes
posibles e imaginables, por eso el alma se siente que abunda de todo y se pone
en mis mismas condiciones, esto es, que siente
necesidad de dar en vez de recibir, siente que ella de nada tiene necesidad, y
si algo quiere puede tomar lo que quiere, no pedirlo. Y como mi Voluntad
contiene una fuerza irresistible de querer dar, sólo queda contenta cuando da,
y mientras da queda más sedienta de dar, ¡y en qué aprietos se encuentra cuando
quiere dar y no encuentra a quien dar! Hija, al alma que hace mi Voluntad la
pongo en mis mismas condiciones, y le doy parte en mis grandes gozos y
amarguras, y todo su obrar está sellado con el desinterés de sí misma. ¡Ah!,
sí, quien hace mi Querer es el verdadero sol que da luz y calor a todos, y
siente la necesidad de dar esta luz y calor; y mientras da a todos, el sol no
toma nada de ninguno, porque él es superior a todo y no hay sobre la tierra
quien pueda igualarlo en la luz y en el gran fuego que contiene. ¡Ah!, si las
criaturas pudieran ver a un alma que hace mi Voluntad, la verían más que sol
majestuoso en acto de hacer bien a todos, y lo que es más, descubrirían en este
sol a Mí mismo. Así que la señal de que el alma ha llegado a hacer mi Voluntad,
es si se siente en condiciones de dar. ¿Has comprendido?”
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11-60
Septiembre 6, 1913
Las horas de la Pasión son las mismas
oraciones de Jesús.
(1) Estaba pensando en las horas de la
Pasión escritas, y en que como están sin indulgencias, quien las hace no gana nada, mientras que hay tantas oraciones
enriquecidas con tantas indulgencias. Mientras esto pensaba, mi siempre amable
Jesús, todo benignidad me ha dicho:
(2) “Hija mía, con las oraciones
indulgenciadas se gana alguna cosa, en cambio las horas de mi Pasión, que son
mis mismas oraciones, mis reparaciones y todo amor, han salido propiamente del
fondo de mi corazón. ¿Has acaso
olvidado cuántas veces me he unido contigo para hacerlas juntos y he cambiado
los flagelos en gracias para toda la tierra? Por eso es tal y tanta mi
complacencia, que en lugar de la indulgencia le doy al alma un puñado de amor,
que contiene precio incalculable de infinito valor, y además, cuando las cosas
son hechas por puro amor, mi Amor encuentra en eso su desahogo, y no es
indiferente que la criatura dé alivio y desahogo al Amor de su Creador”.
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11-61
Septiembre 12, 1913
El éxtasis en la Humanidad de Jesús y el
éxtasis de la Divina Voluntad.
(1) Estaba pensando en cómo Jesús
bendito ha cambiado las cosas, aún viniendo Él yo no quedo petrificada como
antes, sino que en cuanto se va me siento en estado natural; yo no sé que me ha sucedido, pero lo que es más, es que me da fastidio si me viene el
pensamiento, o bien que quien tiene autoridad sobre mí quiere conocer mis
cosas. Entonces el buen Jesús que me vigila cada pensamiento, y ni siquiera una
de estas mis cosas quiere que mi mente olvide, al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¿quisieras acaso tú que Yo
usara cuerdas y cadenas para tenerte atada? En un tiempo eran necesarias, y Yo
con todo amor te tenía atada y me hacía el sordo ante cualquier lamento tuyo,
recuérdalo. Pero ahora no lo veo ya necesario, hace ya más de dos años que he
querido usar contigo cadenas más nobles, como es mi Voluntad, por eso en este
tiempo te he hablado siempre de mi Querer y de los efectos sublimes e
indescriptibles que mi Querer contiene y que a ninguno hasta ahora he
manifestado. Mira cuantos libros quieras y verás que en ninguno encontrarás lo
que te he dicho a ti de mi Voluntad. Esto era necesario para disponer tu alma
al estado presente en el cual te encuentras; después de haberte tenido siempre
conmigo, lo sabía muy bien, que tú no habrías podido soportar el sufrir la
falta de mi presencia continua si no la hubiera
sustituido con una cosa toda mía, que invadiendo toda tu alma debía tenerte
raptada mucho más que como lo haría mi misma presencia, así que mi Voluntad es
la que la sustituye para tenerte raptado cada pensamiento tuyo, afecto, deseo,
palabra, tanto, que tu lengua habla de mi Voluntad con tal elocuencia y
entusiasmo, porque está raptada por mi Querer. Por eso sientes fastidio cuando se
te pregunta cómo y porqué Jesús no viene como antes, porque estás raptada por
mi Voluntad, y tu alma sufre cuando te quieren romper el dulce encanto de mi
Querer”.
(3) Y yo: “Jesús, ¿qué dices? Déjame,
déjame, vete, son mis maldades las que me han reducido a este estado”. Jesús ha
sonreído al oír decirse: “Vete”, y estrechándome más a Él me ha dicho:
(4) “No puedo irme, ¿puedo acaso
separarme de mi Voluntad? Si tú tienes mi Voluntad debo estarme siempre
contigo, mi Querer y Yo somos uno solo, no somos dos, pero vayamos a los
hechos, dime, ¿cuáles son tus maldades?”
(5) Y yo: “Amor mío, no lo sé. Tú mismo
lo has dicho, que tu Voluntad me tiene raptada, ¿cómo puedo conocerlas? “
(6) Y Jesús: “¡Ah! ¿no las conoces?”
(7) Y yo: “No puedo conocerlas, porque
Tú me tienes siempre arriba y no me das tiempo para pensar en mí misma, y en el
acto en el que quiero pensar en mí, Tú, o me reprendes severamente hasta
decirme que debería avergonzarme por hacerlo, o bien amorosamente atrayéndome a
Ti con tal fuerza, que haces que me olvide de mí misma, ¿cómo puedo hacerlo?”
(8) Y Jesús: “Si no puedes hacerlo
significa que Yo me complazco más en que no lo hagas, manteniendo en ti mi
Voluntad en lugar de todo y viéndose quitada alguna cosa de lo suyo, por eso te
está encima y te impide pensar en ti misma, sabiendo que donde tiene en todo el
lugar mi Querer, maldades no puede haber. Por eso, celoso me mantengo
vigilante”.
(9) Y yo: “Jesús, ¿te burlas de mí?”
(10) Y Jesús: “Hija mía, me obligas a
hablar para hacerte comprender cómo están las cosas. Escucha, para hacerte
llegar a un punto tan noble y divino, Yo he hecho contigo como dos amantes que
se aman hasta la locura; jamás habrías tú amado tanto mi Voluntad si no me
hubieras conocido, por eso primero te he dado el éxtasis de mi Humanidad, a fin
de que conociendo quién soy Yo, tú me amaras, y para atraer todo tu amor he
usado contigo muchas estratagemas de amor, y tú las recuerdas, no es necesario
que te las enumere. Ahora, después de haberte atraído bien, bien, a amar mi
persona, tú has sido tomada por mi Voluntad, y la amas, y no pudiendo estar sin
Mí después de tanto tiempo, como si hubiéramos vivido juntos, era necesario que
el éxtasis de mi Voluntad tomara el lugar de mi Humanidad, y todo lo que he
hecho antes han sido gracias para disponerte al éxtasis de mi Voluntad, porque
cuando Yo dispongo a un alma a vivir en modo más alto en mi Voluntad, estoy
obligado a manifestarme para infundir gracias tan grandes”.
(11) Y yo sorprendida he dicho: “¡Qué
dices, oh Jesús! ¿Cómo, tu Voluntad es éxtasis?”
(12) Y Jesús: “¡Sí, verdadero y perfecto
éxtasis es mi Querer! Y entonces tú rompes este éxtasis cuando quieres pensar
en ti, pero Yo no te dejo vencer. Por lo tanto, los tiempos que exigen grandes
castigos vendrán, si bien tú no lo crees, pero creerás tú y quien te dirige
cuando oigan de ellos, por eso es necesario que el éxtasis de mi Humanidad sea
interrumpido, pero no del todo, de otra manera tú me atarías por todos lados,
así que haré entrar el dulce encanto de mi Querer para hacerte sufrir menos al
ver los castigos”.
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11-62
Septiembre 20, 1913
Todo lo que sucede fuera y dentro del
alma, no es más
que el trabajo continuo de Jesús para
hacer cumplir
y desenvolver en ella su Voluntad.
(1) Estaba pensando en mi estado
presente en el que poco o nada sufro, y Jesús rápidamente me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo lo que sucede en
torno y dentro del alma, amarguras, placeres, contrastes, muertes, privaciones,
contentos y demás, no es mas que mi trabajo continuo de hacer cumplir y
desarrollar en ellos mi Voluntad, cuando obtengo esto todo está hecho, y por eso todo le da paz, aun el mismo sufrir
parece que quiere estar lejos de esta alma, viendo que el Querer Divino es más
que él, y que el alma lo tiene en lugar de
todo y supera todo; parece que todos le hagan reverencia, y Yo mismo cuando el
alma llega a este punto en el que de todo se sirve para hacerme cumplir el
trabajo de mi Querer, la dispongo para el Cielo”.
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11-63
Septiembre 21, 1913
Todas las cosas que el alma hace en la
Divina Voluntad y
junto con Jesús, adquieren sus mismas
cualidades. Todas
las obras de Jesús están siempre en acto.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús
se ha hecho ver con una dulzura y afabilidad indescriptibles, como si me
quisiera decir una cosa para Él muy querida y para mí de gran sorpresa.
Entonces, abrazándome y estrechándome a su corazón me ha dicho:
(2) “Hija querida mía, todas las cosas
que el alma hace en mi Voluntad y junto Conmigo, esto es, oraciones, acciones,
pasos, etc., adquieren mis mismas cualidades, la misma vida y el mismo valor.
Mira, todo lo que Yo hice en la tierra, oraciones, sufrimientos, obras, están
todos en acto y estarán eternamente para bien de quien los quiera. Mi obrar
difiere del obrar de las criaturas, pues
conteniendo en Mí la potencia creadora, hablo y creo, así como un día hablé y
creé el sol, y este sol está siempre lleno de luz y calor, y da siempre luz y
calor sin disminuir jamás, como si estuviese en acto de recibir de Mí creación
continua. Tal fue mi obrar en la tierra, conteniendo en Mí la potencia
creadora, así como el sol está en continuo acto de dar luz, así las oraciones
que hice, los pasos, las obras, la sangre derramada, están en continuo acto de
rezar, de obrar, de caminar, etc., así que mis oraciones continúan, mis pasos
están siempre en acto de correr hacia las almas, y así de todo lo demás, de
otra manera, ¿qué gran diferencia habría entonces entre mi obrar y el de mis
santos?
(3) Ahora, escucha hija mía una cosa muy
bella, y aun no comprendida por las criaturas: Todo lo que el alma hace junto
Conmigo y en mi Voluntad, tal como son mis cosas así quedan las suyas, y debido
a la conexión con mi Voluntad y por el obrar junto Conmigo, participa de mi
misma potencia creadora”.
(4) Yo he quedado extática y con un gozo
tal que no podía contener, y le he dicho: “¿Es posible, ¡oh! Jesús todo esto?”
(5) Y Él: “Quien no comprende esto puede
decir que no me conoce”.
(6) Y ha desaparecido. Pero yo no sé
decir bien, ni sé explicarme mejor, ¿quién puede decir lo que Jesús me hacía
comprender? Es más, me
parece haber dicho disparates.
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11-64
Septiembre 25, 1913
Los Sacramentos producen sus frutos según
las almas estén
sometidas a la Divina Voluntad, y según la
conexión que
tengan con el Divino Querer así producen
los efectos.
(1) Habiendo dicho al confesor que Jesús
me había dicho que la Voluntad de Dios es el centro del alma, y que este centro
está en el fondo del alma, que como sol expandiendo sus rayos da luz a la
mente, santidad a las acciones, fuerza a los pasos, vida al corazón, potencia a
la palabra, a todo; y no sólo esto, sino que este centro de la Voluntad de
Dios, mientras nos está dentro para hacer que nunca la podamos dejar, y para
estar a nuestra continua disposición y ni siquiera un minuto dejarnos solos ni
separados, nos está al frente, a la derecha, a la izquierda, por detrás y por
doquier, y aun en el Cielo será nuestro centro, el confesor decía en cambio que
nuestro centro es el Santísimo Sacramento. Entonces, al venir el bendito Jesús
me ha dicho:
(2) “Hija mía, Yo debía hacer de modo
que la santidad debía ser fácil y accesible a todos, excepto para quien no la
quisiera, y en todas las condiciones, en todas las circunstancias y en todos
los lugares. Es verdad que el Santísimo Sacramento es centro, pero, ¿quién lo
instituyó? ¿Quién sojuzgó a mi Humanidad a encerrarse en el breve giro de una
hostia? ¿No fue mi Voluntad? Por lo tanto mi Voluntad tiene siempre la
supremacía sobre todo; y además, si el todo está en la Eucaristía, los
sacerdotes que me llaman del Cielo en sus manos y que están más que todos en
contacto con mi carne sacramental deberían ser los más santos, los más buenos,
y en cambio muchos son los más malos. ¡Pobre de Mí, cómo me tratan en el
Santísimo Sacramento! Y tantas almas devotas que me reciben, tal vez todos los
días, deberían ser otras tantas santas si bastara el centro de la Eucaristía, y
en cambio, cosa de llorar, están siempre en el mismo punto: Vanidosas,
iracundas, escrupulosas, etc., ¡pobre centro del Santísimo Sacramento, cómo
quedo deshonrado! En cambio una madre de familia que hace mi Voluntad y que por
sus condiciones, no que no quiera, no puede recibirme todos los días, se ve
paciente, caritativa, lleva en sí el perfume de mis virtudes eucarísticas;
¡ah!, ¿es acaso el Sacramento, o mi Voluntad, a la que ella se ha sometido la
que la tiene sojuzgada y que suple al Santísimo Sacramento? Es más, te digo que
los mismos Sacramentos producen sus frutos según las almas están sujetas a mi
Voluntad, y según la conexión que tienen con mi Querer así producen sus
efectos, y si conexión con mi Querer no hay, me comulgarán pero quedarán en
ayunas; se confesarán, pero quedarán siempre sucias; vendrán a mi presencia
Sacramental, pero si nuestros quereres no se identifican estaré para ellas como
muerto, porque sólo mi Voluntad en el alma que se hace sojuzgar por Ella
produce todos los bienes y da vida a los mismos Sacramentos, y quien esto no
comprende, significa que es niño en la religión”.
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11-65
Octubre 2, 1913
Quien hace la Voluntad de Dios, puede
decir que su vida ha terminado.
(1) Continuando mi habitual estado, el
bendito Jesús se hacía ver dentro de mí, pero tan fundido conmigo que veía sus
ojos en los míos, su boca en la mía, y así de todo lo demás, y mientras así lo
veía me ha dicho:
(2) “Hija mía, mira a quien hace mi
Voluntad y cómo me fundo y me hago una sola cosa con ella, me hago su vida
propia, porque mi Voluntad está dentro y fuera del alma, se puede decir que es
como el aire que ella respira, que da vida a todo en ella; como luz que hace ver todo y hace comprender todo; calor que calienta, que fecunda y
hace crecer; corazón que palpita; manos que obran; pie que camina, y cuando la voluntad humana se une a mi Querer, se
forma mi Vida en el alma”.
(3) Después, habiendo recibido la
comunión estaba diciendo a Jesús: “Te amo”. Y Él me ha dicho:
(4) “Hija mía, ¿quieres amarme en
verdad? Di: “Jesús, te amo con tu Voluntad”. Y como mi Voluntad llena Cielo y
tierra, tu amor me circundará por doquier, y tu te amo se repercutirá arriba en
los Cielos y hasta en lo profundo de los abismos; así si quieres decir te adoro, te bendigo, te alabo, lo dirás
unida con mi Voluntad, y llenarás Cielos
y tierra de adoraciones, de bendiciones, de alabanzas, de agradecimientos. En
mi Voluntad las cosas son simples, fáciles e inmensas, mi Voluntad es todo,
tanto, que mis mismos atributos, ¿qué son? Un acto simple de mi Voluntad, así
que si la Justicia, la Bondad, la Sabiduría, la Fortaleza hacen su curso, mi
Voluntad los precede, los acompaña, los pone en actitud de obrar, en suma, no
se apartan un punto de mi Querer. Por eso quien toma mi Voluntad toma todo, es
más, puede decir que su vida ha terminado, terminadas las debilidades, las
tentaciones, las pasiones, las miserias, porque en quien hace mi Querer todas
las cosas pierden sus derechos, porque mi Querer tiene el primado sobre todo y
derecho a todo”.
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11-66
Noviembre 18, 1913
Tanto bien puede producir la cruz, por
cuanta
conexión tiene el alma con la Voluntad de
Dios.
(1) Estaba pensando en mi pobre estado y
cómo aun la cruz se ha alejado de mí, y Jesús en mi interior me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando dos voluntades
están opuestas entre ellas, una forma la cruz de la otra; así es entre Yo y las
criaturas: Cuando su voluntad está opuesta a la Mía, Yo formo la cruz de ellas
y ellas la cruz mía, así que Yo soy el asta larga de la cruz y ellas la corta,
que cruzándose forman la cruz. Ahora, cuando la voluntad del alma se une con la
Mía, las astas no quedan más cruzadas, sino unidas entre ellas, y por lo tanto
la cruz no es más cruz, ¿has entendido? Y además, Yo santifiqué a la cruz, no
la cruz a Mí, así que no es la cruz la que santifica, es la resignación a mi
Voluntad lo que santifica la cruz; por lo tanto, también la cruz tanto de bien
puede obrar por cuanta conexión se tiene con mi Voluntad, no sólo esto, la cruz
santifica, crucifica parte de la persona, pero a mi Voluntad no se le escapa
nada, santifica todo y crucifica los pensamientos, los deseos, la voluntad, los
afectos, el corazón, todo, y siendo luz, mi Voluntad hace ver al alma la
necesidad de esta santificación y crucifixión completa, de modo que ella misma
me incita a querer cumplir el trabajo de mi Voluntad en ella. Así que la cruz y
todas las demás virtudes se contentan con tener alguna cosa, y si pueden clavar
a la criatura con tres clavos se alegran y cantan victoria; en cambio mi
Voluntad, no sabiendo hacer obras incompletas, no se contenta con tres clavos,
sino con tantos clavos por cuantos actos de mi Voluntad dispongo sobre la
criatura”.
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11-67
Noviembre 27, 1913
La Divina Voluntad es el punto más alto
que
puede existir en el Cielo y en la tierra.
(1) Mi siempre
amable Jesús continúa hablándome de su santísima Voluntad:
(2) “Hija mía, por cuantos actos
completos de mi Voluntad hace la criatura, tantas partes de Mí toma en sí, y
por cuanto más toma de mi Voluntad, tanta más luz adquiere y dentro de sí forma
el sol, y como este sol se ha formado de la luz que toma de mi Voluntad, los
rayos de este sol están concatenados con los rayos de mi Sol Divino, así que
uno se refleja en el otro, uno saetea al otro y mutuamente se saetean, y
mientras esto hacen, el sol que mi Voluntad ha formado en el alma se va
engrandeciendo siempre más”.
(3) Y yo: “Jesús, siempre estamos aquí,
en tu Voluntad, parece que no tienes otra cosa qué decir”.
(4) Y Jesús: “Mi Voluntad es el punto
más alto que puede existir en el Cielo y en la tierra, y cuando el alma ha
llegado a Ella, ha sojuzgado todo y ha hecho todo, y no le queda más que morar
en lo alto de estas alturas, gozárselas y comprender siempre más esta mi
Voluntad, aún no bien comprendida ni en el Cielo ni en la tierra. Se necesita
tiempo para estarnos, porque poquísimo has comprendido y mucho te queda por
comprender, mi Voluntad es tal, que quien la hace puede decirse dios de la
tierra, y como mi Voluntad forma la beatitud del Cielo, así estos dioses que
hacen mi Voluntad forman la beatitud de la tierra y de quienes les están junto,
y no hay bien que sobre la tierra exista, que no se deba atribuir a estos
dioses de mi Voluntad, o como causa directa o indirecta, pero todo a ellos se
debe. Y así como en el Cielo no hay felicidad que de Mí no salga, así en la
tierra no hay bien que exista que no venga de ellos”.
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11-68
Marzo 8, 1914
Quien
está en la Divina Voluntad, todo lo que haceJesús,
puede decir es mío. Viviendo y muriendo en
el Divino
Querer no hay bien que el alma no se lleve
con ella.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
siempre amable Jesús no ha dejado de hablarme continuamente de su
Santísima Voluntad; diré
lo poco que recuerdo. Entonces, no estando bien, al venir el bendito Jesús me
dijo:
(2) “Hija mía, quien está en mi
Voluntad, todo lo que Yo hago, el alma puede decir es mío, porque la voluntad
del alma está tan fundida con la mía, que lo que hace mi Voluntad hace ella,
así que viviendo y muriendo en mi Querer no hay bien que con ella no se lleve,
porque no hay bien que mi Voluntad no contenga, y de todos los bienes que hacen
las criaturas mi Voluntad es la vida, entonces, muriendo el alma en mi Voluntad
se lleva consigo todas las misas que se celebran, las oraciones y las obras
buenas que se hacen, porque todas son frutos de mi Voluntad, y además, todo
esto es mucho menos en comparación del obrar mismo de mi Voluntad que el alma
se lleva consigo como suyo, basta un instante del obrar de mi Voluntad para
sobrepasar todo el obrar de todas las criaturas pasadas, presentes y futuras,
así que el alma muriendo en mi Voluntad, no hay belleza que la iguale, ni
altura, ni riqueza, ni santidad, ni sabiduría, ni amor, nada, nada la puede
igualar, así que el alma que muere en mi Voluntad, al ingreso que hará en la patria
celestial no sólo se abrirán las puertas del Cielo, sino que todo el Cielo se
abajará para hacerla entrar en la celestial morada, para hacer honor al obrar
de mi Voluntad; qué decirte además, la fiesta, la sorpresa de todos los
bienaventurados al ver esta alma toda sellada por el obrar de la Voluntad
Divina; al ver en esta alma que todo lo ha hecho en mi Querer, que todo lo que
ha hecho en vida, cada palabra, cada pensamiento, obra, acción, etc., son
tantos soles que la adornan y uno diverso del otro en la luz y en la belleza;
al ver en esta alma los tantos ríos divinos que inundarán a todos los
bienaventurados, y que no pudiéndolos contener el Cielo correrán también en la
tierra para bien de los viadores.
(3) ¡Ah!, hija mía, mi Voluntad es el
portento de los portentos, es el secreto para encontrar la luz, la santidad,
las riquezas; es el secreto de todos los bienes, y no es conocido, y por lo
tanto ni apreciado ni amado. Al menos tú aprécialo y ámalo, y hazlo conocer a
cuantos veas dispuestos”.
(4) Otro día, estando sufriendo sentía
que no podía hacer nada y me sentía oprimida por esto, y Jesús estrechándome
toda me dijo:
(5) “Hija mía, no te inquietes, busca
solamente el estar abandonada en mi Voluntad, y Yo haré todo por ti, porque es
más un solo instante en mi Voluntad, que todo lo que podrías hacer de bien en
toda tu vida”.
(6) Recuerdo también que otro día me
dijo:
(7) “Hija mía, quien verdaderamente hace
mi Voluntad, puede decir que todo lo que se desarrolla en ella, tanto en el
alma como en el cuerpo, lo que siente, lo que sufre, puede decir: “Jesús sufre,
Jesús está oprimido”. Porque todo lo que las criaturas me hacen me llega hasta
en el alma en la cual habito, porque hace mi Voluntad, así que si las
frialdades de las criaturas me llegan, mi Voluntad las siente, y siendo mi
Voluntad vida de esa alma, por consecuencia sucede que también el alma las
siente, así que en vez de afligirse por estas frialdades como suyas, debe estar
en torno a Mí para consolarme y repararme por las frialdades que mandan las
criaturas; así si siente distracciones, opresiones y otras cosas, debe estar en
torno a Mí para aliviarme y repararme, no como cosas suyas sino como mías, por
eso el alma que vive de mi Voluntad sentirá muy diversas penas, según las
ofensas que me hacen las criaturas, pero las sentirá repentinamente y casi de
sobresalto, como también sentirá gozos y contentos indescriptibles, y si en las
penas debe ocuparse en consolarme y en repararme, en las alegrías y en los
contentos debe ocuparse en gozárselos, y entonces mi Voluntad encuentra su
compensación, de otra manera quedará contristada y sin poder desarrollar lo que
contiene mi Querer”.
(8) Otro día me dijo: “Hija mía, quien
hace mi Voluntad, absolutamente no puede ir al purgatorio, porque mi Voluntad
purga al alma de todo, y habiéndola tenido en vida tan celosamente custodiada
en mi Querer, ¿cómo podré permitir que el fuego del purgatorio la toque?
Además, a lo más le podrá faltar algún adorno, y mi Voluntad antes de develarle
la Divinidad, la va adornando de todo lo que le falta y luego me develo”.
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11-69
Marzo 14, 1914
El alma que hace la Voluntad de Dios, toma
a todo Jesús.
(1) Hoy estaba fundiéndome toda en
Jesús, pero tanto, de sentir a lo vivo y real a todo Jesús en mí, y mientras lo
sentía me ha dicho, pero en un modo tan tierno y conmovedor, que mi pobre
corazón me lo sentía romper:
(2) “Hija mía, me es demasiado duro no
contentar a quien hace mi Voluntad. Como tú
ves no tengo más manos, ni pies, ni corazón, ni ojos, ni boca, nada me queda; en mi Voluntad que has tomado, de
todo te has adueñado, y a Mí nada me queda. He aquí el por qué ante los tantos
males que inundan la tierra no llueven los flagelos merecidos, porque me es
duro no contentarte, y además cómo lo puedo hacer si no tengo manos, y tú no me
las cedes. Si me llegan a ser absolutamente necesarias, me veré obligado a
hacerte un robo, o bien a convencerte, de manera que tú misma me las cedas.
¡Cómo me es duro, cómo me es duro desagradar a quien hace mi Voluntad! Me
desagradaría a Mí mismo”.
(3) Yo he quedado asombrada por este
hablar de Jesús, y no sólo eso, sino que en verdad veía que yo tenía las manos,
los pies, los ojos de Jesús, y le he dicho: “Jesús, hazme ir ya al Cielo”.
(4) Y
Él: “Dame otro poco de vida en ti, y después vendrás”.
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11-70
Marzo 17, 1914
Quien hace la Voluntad de Dios entra a
tomar
parte de las acciones ad intra de las
Divinas
Personas, y se vuelve inseparable de
Ellas.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
amable Jesús continuaba haciéndose ver en toda yo, y que yo poseía todos sus
miembros, y se mostraba tan contento, que pareciendo que no podía contener este
contento me ha dicho:
(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad
entra a tomar parte de las acciones “ad intra” de las Divinas Personas; solo para quien hace mi Querer está
reservado este privilegio, no sólo de tomar parte en todas nuestras obras “ad
extra”, sino que de estas pasa a las obras “ad intra”. He aquí porqué me es
duro no contentar a quien vive de mi Querer, porque estando el alma en mi
Voluntad, está en lo íntimo de nuestro corazón, de nuestros deseos, de nuestros
afectos, de los pensamientos; su latido, su respiro y el nuestro son uno solo,
así que son tales y tantos los contentos que nos da, las complacencias, la
gloria, el amor, todos de modos y de naturaleza infinitos, nada desemejantes de
los nuestros, que así como en nuestro Amor eterno,
Uno rapta al Otro, el Uno forma el contento del Otro, tanto, que no pudiendo muchas veces
contener este Amor y estos contentos salimos en obras “ad extra”, así quedamos
raptados y felicitados por esta alma que hace nuestro Querer. Por tanto, ¿cómo
dejar descontenta a quien tanto nos contenta? ¿Cómo no amar como nos amamos a
Nosotros mismos, no como amamos a las demás criaturas, a quien nos ama con
nuestro Amor? Con esta alma no hay velos de secretos entre Nosotros y ella, no
hay nuestro y tuyo, sino todo es en común, y lo que Nosotros somos por
naturaleza, impecables, santos, etc., al alma la hacemos por gracia, a fin de
que ninguna disparidad haya entre ella y Nosotros. Y así como Nosotros no
pudiendo contener nuestro Amor salimos en obras “ad extra”, así no pudiendo
contener el amor de quien hace nuestro Querer, la sacamos fuera de Nosotros y
la señalamos ante los pueblos como nuestra favorita, nuestra amada, y que sólo
por ella y por las almas semejantes hacemos descender los bienes sobre la
tierra, y que sólo por amor a ellas conservamos la tierra; luego a esa alma la encerramos dentro de Nosotros para gozárnosla,
porque así como las Divinas Personas somos inseparables, así se vuelve
inseparable quien hace nuestro Querer”.
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11-71
Marzo 19, 1914
El alma en la Divina Voluntad es el joyel de Dios.
(1) Parece que el bendito Jesús tiene
ganas de hablar de su Santísimo Querer. Yo me estaba difundiendo en todo el
interior de Él, en sus pensamientos, deseos, afectos, en su Voluntad, en su
Amor, en todo, y Jesús con una dulzura infinita me ha dicho:
(2) “¡Oh, si tú supieras el contento que
me da quien hace mi Voluntad, tu corazón estallaría de gozo! Mira, a medida que
tú te difundías en mis pensamientos, deseos, etc., así formabas el
entretenimiento de mis pensamientos, deseos, y mis deseos fundiéndose en los
tuyos jugaban juntos; tus
afectos unidos a tu voluntad y a tu amor, corriendo y volando en mis afectos,
en mi Querer y Amor, se besaban juntos, y derramándose como rápidos ríos en el
mar inmenso del Eterno, se entretenían con las Divinas Personas, ahora con el
Padre, ahora Conmigo, y ahora con el Espíritu Santo, y ahora, no queriendo
ceder el tiempo el Uno al Otro, nos entreteníamos los Tres juntos y de ella
formábamos nuestro joyel, y este joyel nos es tan querido, que debiendo formar
nuestro entretenimiento lo tenemos celosamente “ad intra”, en lo íntimo de
nuestra Voluntad, y cuando las criaturas nos amargan, nos ofenden, para
serenarnos tomamos nuestro joyel y nos entretenemos juntos”.
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11-72
Marzo 21, 1914
Irresistible necesidad de Jesús de hacer
conocer
al alma como la ama, y todos los dones
con los cuales la va llenando.
(1) Jesús continúa: “Hija mía, Yo amo
tanto a quien hace mi Voluntad, que no puedo manifestarlo todo, ni todo junto
el amor con el que la amo, la gracia con la
que la voy enriqueciendo, la belleza con la que la voy embelleciendo, ni todos
los bienes con los que la voy llenando; si Yo le manifestase todo junto el alma
moriría de alegría, el corazón le estallaría, de manera que no podría vivir más
sobre la tierra, y de golpe tomaría el vuelo hacia el Cielo; sin embargo Yo
siento una irresistible necesidad de hacer conocer lo mucho que la amo, es demasiado duro amar, hacer el bien y
no hacerse conocer. Mi corazón
me lo siento como romper, y no pudiendo resistir a tanto amor le voy
manifestando poco a poco como la amo, y todos los dones con los cuales la voy
llenando, y cuando el alma se sentirá llena hasta el borde, hasta no poderlos
contener más, en una de estas manifestaciones mías desaparecerá de la tierra y
desembocará en el seno del Eterno”.
(2) Y yo: “Jesús, vida mía, me parece
que exageras un poco al manifestarme hasta dónde puede llegar un alma que hace
tu Voluntad”. Y Jesús, compadeciendo mi ignorancia, sonriendo me ha dicho:
(3) “No, no amada mía, no exagero, quien
exagera parece que quiere engañar; tu Jesús no sabe engañarte, más bien es nada
lo que te he dicho, recibirás mayores sorpresas cuando rota la cárcel de tu
cuerpo y nadando en mi seno, abiertamente te será develado hasta dónde mi
Querer te ha hecho llegar”.
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11-73
Marzo 24, 1914
La Humanidad de Jesús es limitada,
mientras su Voluntad es interminable.
(1) Continuando mi habitual estado me
lamentaba con Jesús porque no venía aún, y viniendo me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Voluntad esconde en Sí
a mi misma Humanidad, he aquí porqué hablándote de mi Voluntad, alguna vez te
escondo mi Humanidad y te sientes rodeada de luz, oyes la voz y no me ves,
porque mi Voluntad la absorbe en Sí, pues ésta tiene sus límites, mientras que
mi Voluntad es eterna y
sin límites. En efecto, mi Humanidad estando en la tierra no ocupó todos los
lugares, todos los tiempos ni todas las circunstancias, y adonde no pudo Ella
llegar, suplió y llegó mi Voluntad interminable; y cuando encuentro a las almas que en todo viven de mi Querer,
suplen a mi Humanidad, a los tiempos, a los lugares y a las circunstancias y
hasta a los sufrimientos, porque viviendo en ellas mi Querer, Yo me sirvo de
ellas como me serví de mi Humanidad. Qué cosa fue mi Humanidad sino un órgano
de mi Voluntad”. Y tales son quienes hacen mi Voluntad”.
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11-74
Abril 5, 1914
Todo lo que se hace en la Voluntad de Dios
se vuelve luz.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
adorable Jesús se hacía ver dentro de una inmensidad de luz, y yo nadaba en esa
luz, así que me la sentía correr en los oídos, en los ojos, en la boca, en
todo, y entonces Jesús
me dijo:
(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad,
si obra, la obra se vuelve luz, si habla, si piensa, si desea, si camina, etc.,
las palabras, los pensamientos, los deseos, los pasos, se cambian todos en luz,
pero luz tomada de mi Sol, así que mi Voluntad atrae con tanta fuerza a quien
hace mi Querer, que lo hace girar
siempre en torno a esta luz, y a medida que gira, más luz toma, luz que la tiene como raptada en Mí”.
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11-75
Abril 10, 1914
El centro de Jesús en la tierra es el alma
que hace
su Voluntad. La Divina Voluntad es reposo
perpetuo.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús
ha venido crucificado y me participaba sus penas, y me ha atraído hacia Él en
el mar de su Pasión, tanto,
que casi paso a paso la seguía. ¿Pero quién
puede decir todo lo que comprendía? Es tanto que no sé por dónde empezar, diré sólo que al verle arrancar
la corona de espinas, las espinas mismas obstruían el paso a la sangre y no la
dejaban salir del todo, pero al arrancarle la corona de espinas esa sangre ha
brotado fuera por aquellas heridas y le chorreaba a grandes ríos sobre el
rostro, sobre los cabellos y después descendía por toda la persona de Jesús.
(2) Y Jesús: “Hija, estas espinas que me
atraviesan la cabeza, pincharán el orgullo, la soberbia, las llagas más ocultas de las almas para hacerles salir fuera el pus que
contienen, y las espinas tintas en mi sangre las sanarán y les restituirán la
corona que el pecado les había quitado”.
(3) Luego Jesús me hacía pasar a otros
momentos de la Pasión, pero yo me sentía traspasar el corazón al verlo sufrir
tanto, y Él casi para consolarme continuó hablando de su Santo Querer:
(4) “Hija mía, mi centro sobre la tierra
es el alma que hace mi Voluntad. Mira, el sol sobre la tierra expande su luz
por todas partes, pero él tiene su centro. Yo en el Cielo soy vida de cada uno
de los bienaventurados, pero tengo mi centro, mi trono; así en la tierra me
encuentro por todas partes, pero mi centro, el lugar donde erijo mi trono para
reinar, mis carismas, mis complacencias, mis triunfos, y mi mismo corazón
palpitante, todo Yo mismo, se encuentra todo
como en su propio centro en el alma que hace mi Santísima Voluntad. Tan fundida
está Conmigo esa alma, que se hace inseparable de Mí, y toda mi sabiduría y mi
potencia no saben encontrar medios cómo separarse mínimamente de ella”.
(5) Después ha continuado: “El amor
tiene sus ansias, sus deseos, sus ardores, sus inquietudes; mi Voluntad es
reposo perpetuo, ¿y sabes por qué? Porque el amor contiene el principio, el
medio y el fin de la obra, por lo tanto para llegar al fin se suscitan las
ansias, las inquietudes, y en éstas mucho de humano se mezcla y de
imperfecciones, y si no se unen paso a paso mi Voluntad y el amor, pobre Amor,
cómo queda deshonrado, aun en las obras más grandes y más santas. En cambio mi
Voluntad obra en un acto simple, dando el alma toda la actitud de la obra a mi
Voluntad, y mientras mi Voluntad obra el alma reposa, por lo tanto, no obrando
el alma sino mi Voluntad en ella, no hay ansias ni inquietudes, y está libre de
cualquier imperfección”.
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11-76
Mayo 18, 1914
Las almas pacíficas son el apoyo de Jesús.
(1) Sintiéndome oprimida, estaba casi a punto
de ser sorprendida por las venenosas olas de la turbación. Mi amable Jesús, mi
centinela fiel, pronto ha
corrido a impedir que la turbación entrara en mí, y gritándome ha dicho:
(2) “Hija, ¿qué haces? Es tal y tanto el
amor y el interés que tengo de mantener al alma en paz, que estoy obligado a
hacer milagros para conservar al alma en paz, y quien turba a estas almas
quisiera hacerme frente e impedir este milagro mío todo de amor, por tanto te
recomiendo que seas equilibrada en todo. Mi Ser está en pleno equilibrio en todo, males veo, los siento,
amarguras no me faltan, sin embargo no me desequilibro jamás; mi paz es perenne, mis pensamientos
son pacíficos, mis palabras están endulzadas con paz, el latido de mi corazón
no es jamás agitado, aun en medio de inmensos gozos o de interminables
amarguras, aun el mismo obrar de mis manos en el acto de flagelar corre en la
tierra inmerso en olas de paz. Así que si tú no te conservas en paz, estando Yo
en tu corazón me siento deshonrado, mi modo y el tuyo no van más de acuerdo,
así que me sentiría en ti obstaculizado para desarrollar mis modos en ti, y por
lo tanto me harías infeliz. Sólo las almas pacíficas son mis bastones donde me
apoyo, y cuando las muchas iniquidades me arrancan los flagelos de las manos, apoyándome
en estos bastones hago siempre menos de lo que debería hacer. ¡Ah, jamás sea,
si me faltaran estos bastones, faltándome los apoyos reduciría todo a ruinas!”
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11-77
Junio 29, 1914
Cómo la criatura que vive en el Querer Divino,
entra a participar de las acciones “ad
intra”
de las Divinas Personas.
(1) Habiendo leído personas autorizadas
lo que está escrito el 17 de marzo, esto es, que quien hace la Voluntad de Dios
entra a participar de las acciones “ad intra” de las Divinas Personas, etc.,
han dicho que la cosa no estaba bien, y que la criatura no entra en esto. Yo he quedado pensativa, pero calmada y
convencida de que Jesús haría conocer la verdad. Después, encontrándome en mi
habitual estado, ante mi mente he visto un mar interminable, y dentro de este
mar muchos objetos, algunos pequeños, algunos más grandes, algunos quedaban en
la superficie del mar y quedaban sólo mojados, otros iban más al fondo y
quedaban impregnados de agua por dentro y por fuera, y otros iban tan abajo que
quedaban perdidos en el mar. Ahora, mientras esto veía, ha venido mi siempre
amable Jesús y me ha dicho:
(2) “Querida hija mía, ¿has visto? El
mar simboliza mi inmensidad, y los objetos diferentes en el tamaño, las almas
que viven en mi Voluntad; los
diferentes modos de estar en Ella, quién en la superficie, quién más adentro, y
quién perdido en Mí, son según vivan en mi Querer, quién imperfecto, quién más
perfecto, y quién llega a tanto de perderse del todo en mi Querer. Ahora hija
mía, mi “ad intra” que te dije es propiamente esto, que ahora te tengo junto
Conmigo, con mi Humanidad, y tú tomas parte en mis penas, en las obras y en las
alegrías de mi Humanidad; y ahora, atrayéndote dentro de Mí, te hago perderte
en mi Divinidad, ¿cuántas veces no te he hecho nadar en Mí, y te he tenido tan
dentro de Mí que tú no podías ver otra cosa más que a Mí dentro y fuera de ti?
Ahora, teniéndote en Mí tú has tomado parte en los gozos, en el amor y en todo
lo demás, siempre según tu pequeña capacidad, y si bien nuestras obras “ad
intra” son eternas, también las criaturas gozan de los efectos de esas obras en
su vida según sea su amor. Ahora, ¿que maravilla si la voluntad del alma es una
con la mía, poniéndola dentro de Mí y haciéndose indisoluble, siempre, hasta en
tanto que no se aparte de mi Voluntad, he dicho que toma parte en las obras “ad
intra”? Y además, por el modo como está desarrollado el tema en conjunto, si
hubieran querido conocer la verdad, habrían podido muy bien conocer el
significado de mi “ad intra”, porque la verdad es luz a la mente, y con la luz
las cosas se ven tal cual son, en cambio si no se quiere conocer la verdad, la
mente queda ciega y las cosas no se ven como son, por lo tanto suscitan dudas y
dificultades y permanecen más ciegos que antes. Y además mi Ser está siempre en
acto, no tiene ni principio ni fin, soy viejo y nuevo, por lo tanto nuestras
obras “ad intra” han estado, están y estarán, y siempre en acto, por lo tanto
el alma con la unión íntima con nuestra Voluntad, está ya dentro de Nosotros, y
por tanto admira, contempla, ama, goza, y por eso toma parte en nuestro Amor,
en nuestros gozos y en todo lo demás. ¿Por qué entonces ha sido un desatino el
que Yo haya dicho que quien hace mi Voluntad toma parte en las acciones “ad intra”?
(3) Ahora, mientras Jesús decía esto, en
mi mente me ha venido una semejanza: Un hombre que desposa a una mujer, de
éstos nacen los hijos, éstos son ricos, virtuosos y tan buenos, que harían
feliz a quien pudiera vivir con ellos. Ahora, una persona atraída por la bondad
de estos esposos quiere vivir junto con ellos, y ¿no viene a tomar parte en las
riquezas, en la felicidad de ellos, y con vivir junto no se sentirá infundir
sus virtudes? Si esto se puede hacer humanamente, mucho más con nuestro amable Jesús.
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11-78
Agosto 15, 1914
El alma mitiga los dolores de Jesús.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús saliéndose de
la costumbre que tiene conmigo en este periodo de mi vida, que si viene es por
poco y como de escapada, y casi con la total cesación de los sufrimientos que
al venir me comunicaba; sólo
su Santo Querer es lo que me suple por todo. Ahora, esta mañana ha venido y ha
permanecido conmigo varias horas, pero en un estado que hacía llorar hasta las piedras; todo Él se dolía y en todas las
partes de su Santísima Humanidad quería ser confortado, parecía que si no fuera
así, al mundo lo reduciría a escombros; parecía
que no quería irse para no ver los estragos y los graves espectáculos del
mundo, que casi lo obligaban a mandar peores
flagelos. Entonces yo lo he estrechado, y
queriéndole aliviar me fundía en su inteligencia, para poder encontrarme en
todas las inteligencias de las criaturas, y así dar a cada pensamiento malo mi
pensamiento bueno, para reparar y aliviar todos los pensamientos ofendidos de
Jesús; así me fundía en sus deseos, para poderme encontrar en todos los deseos
malos de las criaturas, para poner mi deseo bueno para aliviar los deseos
ofendidos de Jesús; y así de todo lo demás. Luego, después que le he aliviado
parte por parte, como si se hubiera repuesto me ha dejado.
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11-79
Septiembre 25, 1914
Efectos de las oraciones hechas en la
Divina Voluntad.
(1) Estaba ofreciendo mis pobres
oraciones al bendito Jesús, y pensaba entre mí a quién sería mejor que Jesús
bendito las aplicara. Entonces Él benignamente me ha dicho:
(2) “Hija mía, las oraciones hechas
junto Conmigo y con mi misma Voluntad, pueden darse a todos, sin excluir a
ninguno, y todos tienen su parte y sus efectos como si fueran ofrecidas para
uno solo, pero actúan según las disposiciones de las criaturas, como la
Comunión o mi Pasión, para todos y cada uno Yo las doy, pero los efectos son
según las disposiciones de ellos, y si los reciben diez, no es menor el fruto
que si los reciben cinco. Tal es la oración hecha junto Conmigo y con mi
Voluntad”.
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11-80
Octubre, 1914
Valor de las horas de la Pasión, y
recompensa
que dará a aquellos que las harán.
(1) Estaba escribiendo las horas de la Pasión
y pensaba entre mí: “Cuántos sacrificios para escribir estas benditas horas de
la Pasión, especialmente por tener que poner en el papel ciertos actos internos
que sólo entre yo y Jesús han pasado, ¿cuál será la recompensa que Él me dará
por esto?” Y Jesús haciéndome oír su voz tierna y dulce me ha dicho:
(2) “Hija mía, en recompensa por haber
escrito las horas de mi Pasión, por cada palabra que has escrito te daré un
beso, un alma”.
(3) Y yo: “Amor mío, esto a mí, y a
aquellos que las harán, ¿qué les darás?”
(4) Y Jesús: “Si las hacen junto Conmigo
y con mi misma Voluntad, por cada palabra que reciten les daré también un alma,
porque toda la mayor o menor eficacia de estas horas de mi Pasión está en la
mayor o menor unión que tienen Conmigo, y haciéndolas con mi Voluntad, la
criatura se esconde en mi Querer, y actuando mi Querer puedo hacer todos los
bienes que quiero, aun por medio de una sola palabra, y esto cada vez que las
hagan”.
(5) En otra ocasión estaba lamentándome
con Jesús, porque después de tantos sacrificios para escribir las horas de la
Pasión, eran muy pocas las almas que las hacían, y entonces Él me dijo:
(6) “Hija mía, no te lamentes, aunque
fuera sólo una deberías estar contenta, ¿no habría sufrido Yo toda mi Pasión
aunque se debiera salvar una sola alma? Así también tú, jamás se debe omitir el
bien porque sean pocos los que lo aprovechen, todo el mal es para quien no lo
aprovecha, y así como mi Pasión hizo adquirir el mérito a mi Humanidad como si
todos se salvaran, a pesar de que no todos se salvan, porque mi Voluntad era la
de salvarlos a todos, entonces merecí según lo que Yo quería, no según el
provecho que las criaturas harían; así tú, según que tu voluntad se haya
ensimismado con mi Voluntad, de querer y de hacer el bien a todos, así serás
recompensada, todo el mal es de aquellos que pudiendo no las hacen, estas horas
son las más preciosas de todas, pues no son otra cosa que repetir lo que Yo
hice en el curso de mi Vida mortal, y lo que continúo en el Santísimo
Sacramento. Cuando escucho estas horas de mi Pasión, escucho mi misma voz, mis
mismas oraciones, veo mi Voluntad en esa alma, la cual es de querer el bien de
todos y de reparar por todos, y Yo me siento transportado a morar en ella para
poder hacer en ella lo que hace ella misma. ¡Oh, cuánto quisiera que aunque
fuera una sola por región hiciera estas horas de mi Pasión!, me oiría a Mí
mismo en cada lugar, y mi Justicia en estos tiempos tan grandemente indignada,
quedaría en parte aplacada”.
(7) Agrego que un día estaba haciendo la
hora cuando la Mamá Celestial dio sepultura a Jesús, y yo la seguía para
hacerle compañía en su amarga desolación para compadecerla. No tenía la
costumbre de hacer esta hora siempre, sólo algunas veces, y estaba indecisa si
debía hacerla o no, y Jesús bendito, todo amor y como si me lo rogara me ha
dicho:
(8) “Hija mía, no quiero que la
descuides, la harás por amor mío en honor de mi Mamá. Debes saber que cada vez
que tú la haces, mi Mamá se siente como si estuviera en persona en la tierra y repetir
su vida, y por lo tanto recibe Ella la gloria y el amor que me dio a Mí en la
tierra, y Yo siento como si estuviera de nuevo mi Mamá en la tierra, sus
ternuras maternas, su amor y toda la gloria que Ella me dio, por eso te tendré
en consideración de madre”.
(9) Entonces, abrazándome, oía que me
decía quedo, quedo: “Mamá mía, mamá”. Y me sugería lo que hizo y sufrió en esta
hora la dulce Mamá, y yo la seguía. Desde ese día en adelante no la he
descuidado, ayudada por su gracia.
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11-81
Octubre 29, 1914
Los actos unidos con la Voluntad de Dios,
son actos completos y perfectos.
(1) Estaba lamentándome con Jesús
bendito por sus privaciones y mi pobre corazón oprimido deliraba, y desatinando
he dicho: “Amor mío, cómo, ¿has olvidado que sin Ti no sé ni puedo estar? O
Contigo en la tierra o Contigo en el Cielo, ¿acaso quieres que te lo recuerde?
¿Quieres estar en silencio, dormir, enojado? Está bien, siempre y cuando estés conmigo, pero siento que me has
puesto fuera de tu corazón. ¡Ah! ¿Has tenido corazón para hacerlo?” Pero
mientras decía estos y otros desatinos, mi dulce Jesús moviéndose en mi
interior me dijo:
(2) “Hija mía, cálmate, estoy aquí, y
diciéndome que te he puesto fuera de mi corazón es un insulto que me haces, pues
te tengo en el fondo de mi corazón, y tan estrechada, que todo mi Ser corre en
ti y el tuyo en Mí, por lo tanto se atenta a que de este Ser mío que corre en
ti nada te escape, y que cada acto tuyo esté unido con mi Voluntad, porque mi
Voluntad contiene actos cumplidos, basta un solo acto de mi Voluntad para crear
miles de mundos, y todos perfectos y completos, no tengo necesidad de actos
subsiguientes, uno solo me basta por todos. Entonces
tú, haciendo el acto más simple unido con mi
Voluntad, me darás un acto completo de amor, de alabanza, de reparación, de todo, en suma, todo encerrarás en este acto, es más, me encerrarás también a Mí mismo y
me darás a Mí a Mí mismo. ¡Ah! sí, sólo estos actos unidos con mi Voluntad me
pueden estar enfrente, porque para un Ser perfecto que no sabe hacer actos
incompletos, se necesitan actos completos y perfectos para darle honor y
complacencia, y la criatura sólo en mi Voluntad encontrará estos actos
completos y perfectos; fuera
de mi Voluntad, por cuan buenos fuesen sus actos, serán siempre imperfectos e
incompletos, porque la criatura tiene necesidad de actos subsiguientes para
completar y perfeccionar una obra, si acaso lo logra; por lo tanto, a todo lo
que la criatura hace fuera de mi Voluntad Yo lo veo como una nada. Por eso mi
Voluntad sea tu vida, tu régimen, tu todo, y así, encerrando mi Voluntad tú
estarás en Mí y Yo en ti, y te cuidarás muy bien de no decir otra vez que te he
puesto fuera de mi corazón”.
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11-82
Noviembre 4, 1914
Complacencia de Jesús por las horas de la
Pasión.
(1) Estaba haciendo las horas de la
Pasión, y Jesús complaciéndose me ha dicho:
(2) “Hija mía, si tú supieras la gran
complacencia que siento al verte repetir estas horas de mi Pasión, y siempre
repetirlas, y de nuevo repetirlas, quedarías feliz. Es verdad que mis santos
han meditado mi Pasión y han comprendido cuánto sufrí y se han deshecho en
lágrimas de compasión, tanto, de sentirse consumar de amor por mis penas, pero
no lo han hecho así de continuo y siempre repetido con este orden, así que
puedo decir que tú eres la primera que me da este gusto tan grande y especial,
y al ir desmenuzando en ti hora por hora mi Vida y lo que sufrí, Yo me siento
tan atraído, que hora por hora te voy dando el alimento y como contigo el mismo
alimento, y hago junto contigo lo que haces tú. Debes saber que te recompensaré
abundantemente con nueva luz y nuevas gracias, y aun después de tu muerte, cada
vez que sean hechas por las almas en la tierra estas horas de mi Pasión, Yo en
el Cielo te cubriré siempre de nueva luz y gloria”.
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11-83
Noviembre 6, 1914
Quien hace las horas de la Pasión hace
suya la
Vida de Jesús, y toma el mismo oficio de
Él.
(1) Continuando las acostumbradas horas
de la Pasión, mi amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, el mundo está en continuo
acto de renovar mi Pasión, y como mi inmensidad envuelve a todos, dentro y
fuera de las criaturas, por eso estoy obligado por su contacto a recibir
clavos, espinas, flagelos, desprecios, escupitajos y todo lo demás que sufrí en
la Pasión, y aun más. Ahora, quien hace estas horas de mi Pasión, a su contacto
me siento sacar los clavos, romper las espinas, endulzar las llagas, quitar los
salivazos, me siento cambiar en bien el mal que me hacen los demás, y Yo,
sintiendo que su contacto no me hace mal, sino bien, me apoyo siempre más sobre
ella”.
(3) Después de esto, volviendo el
bendito Jesús a hablar de estas horas de la Pasión ha dicho:
(4) “Hija mía, has de saber que con
hacer estas horas, el alma toma mis pensamientos y los hace suyos, mis
reparaciones, las oraciones, los deseos, los afectos y aun mis más íntimas
fibras y las hace suyas, y elevándose entre el Cielo y la tierra hace mi mismo
oficio, y como corredentora dice junto Conmigo: “Ecce ego mitte me”, quiero
repararte por todos, responderte por todos e implorar el bien para todos”.
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11-84
Noviembre 20, 1914
Necesidad de escribir sobre los castigos.
La Divina
Voluntad y el Amor forman en el alma la
Vida y Pasión de Jesús.
(1) Me sentía muy afligida por las
privaciones de Jesús bendito, mucho más por los flagelos que actualmente están
lloviendo sobre la tierra, y que Jesús hace tantos años, tantas veces me había
dicho. Me parece que en los tantos que me ha tenido en cama, dividíamos juntos
el peso del mundo, sufríamos y trabajábamos juntos en provecho de todas las
criaturas. Me parece que el estado de víctima en el que el amable Jesús me
había puesto, concatenaba juntas entre yo y Él a todas las criaturas, no había
cosa que Jesús hiciera o castigo que debiera mandar, que no me lo hiciera
saber, y yo hacía tanto ante Él, que o disminuía el castigo o lo suprimía. Oh,
cómo me aflige el pensamiento de que Jesús se haya retirado en Sí todo el peso
de las criaturas, y que a mí como indigna de trabajar junto con Él me haya
dejado a un lado. Pero otras aflicciones aún, porque Jesús en sus escapadas que
hace, continúa diciéndome que las guerras y los flagelos que ahora caen son
nada aún, mientras que parece que son demasiado, y otras naciones se pondrán en
guerra, y no sólo, sino que con el tiempo desatarán guerras contra la Iglesia,
atacarán personas sagradas y las matarán. ¡Cuántas Iglesias serán profanadas!
Yo, en verdad, he omitido por cerca de dos años escribir acerca de los castigos
que Jesús frecuentemente me ha manifestado, en parte porque son cosas
repetidas, y en parte porque escribir acerca de los castigos me hace tanto mal
que no puedo continuar; pero Jesús, una tarde mientras escribía lo que me había
dicho sobre su Santísima Voluntad, y habiendo pasado por alto lo que me había
dicho de los castigos, reprochándomelo dulcemente me dijo:
(2) “¿Por qué no has escrito todo?”
(3) Y yo: “Amor mío, no me parecía
necesario, además, Tú sabes cuánto sufro”.
(4) Y Jesús: “Hija mía, si no fuera
necesario no te lo diría, además, estando tu estado de víctima unido con los
eventos que mi providencia dispone sobre las criaturas, y viéndose en tus
escritos este entrelazamiento entre tú y Yo y las criaturas, y entre tus
sufrimientos para impedir los flagelos, ahora viéndose este vacío la cosa
parecerá discordante e incompleta, y Yo cosas discordantes e incompletas no sé
hacer”.
(5) Y yo, encogiéndome de hombros he
dicho: “Me es demasiado duro hacerlo, y además, ¿quién se recordará de todo?”
(6) Y Jesús sonriendo agregó: “¿Y si
después de tu muerte te doy una pena de fuego en las manos en el Purgatorio,
qué dirás?”
(7) Esta es la causa por la que me he
decidido a escribir sobre los castigos, espero que Jesús perdonará mi omisión,
y prometo ser atenta en el futuro.
(8) Ahora, regreso a decir que estando
muy afligida, Jesús al venir, para animarme me tomó entre sus brazos y me dijo:
(9) “Hija mía, anímate, quien hace mi
Voluntad jamás queda sin mi compañía, más bien está junto Conmigo en las obras
que hago, en mis deseos, en mi Amor, en todo, y por doquier está junto Conmigo.
Además puedo decir que como quiero todo para Mí, afectos, deseos, etc., de
todas las criaturas, no teniéndolos, Yo estoy en actitud en torno a las
criaturas para hacer adquisición de ellos; ahora, encontrando en quien hace mi
Voluntad el cumplimiento de mis deseos, mi deseo se reposa en ella, mi Amor
toma reposo en su amor, y así de todo lo demás”.
(10) Luego ha agregado: “Te he dado dos
cosas grandísimas, que se puede decir que formaban mi misma Vida; mi Vida
estuvo encerrada en estos dos puntos: Voluntad Divina y Amor. Y esta Voluntad
desenvolvió en Mí mi Vida y cumplió mi Pasión. No quiero otra cosa de ti, que
mi Voluntad sea tu vida, tu regla, y que ninguna cosa, sea pequeña o grande,
escape de Ella, y esta Voluntad desarrollará en ti mi Pasión, y por cuanto más
estrechada a mi Voluntad estés, tanto más sentirás en ti mi Pasión. Si haces
correr en ti como vida a mi Voluntad, Ella hará correr en ti mi Pasión, así que
la sentirás correr en cada uno de tus pensamientos, en tu boca sentirás
impregnada la lengua y tu palabra saldrá caliente de mi sangre y elocuentemente
hablarás de mis penas; tu corazón estará lleno de mis penas, y en cada latido que hará, a todo tu ser llevará
la marca de mi Pasión, y Yo te iré siempre repitiendo: “He aquí mi Vida, he
aquí mi Vida”. Y me deleitaré en darte sorpresas, narrándote ahora una pena y
ahora otra, aún no conocida ni comprendida
por ti. ¿No estás contenta?”
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11-85
Diciembre 17, 1914
La Divina Voluntad forma la verdadera y
perfecta
consagración de la Vida Divina en el alma.
(1) Continuando mi habitual estado y
estando muy afligida por las privaciones de Jesús, después de mucho esperarlo
ha venido, haciéndose ver en todo mi pobre ser, y yo, me parecía como si fuera
la vestidura de Jesús, y rompiendo su silencio me dijo:
(2) “Hija mía, también tú puedes formar
hostias y consagrarlas. ¿Ves la vestidura que me cubre en el Sacramento? Son
los accidentes del pan con los cuales es formada la hostia, la Vida que existe
en esta hostia es mi cuerpo, mi sangre y mi Divinidad, la actitud que contiene
esta Vida es mi Suprema Voluntad, y esta Voluntad desarrolla el amor, la
reparación, la inmolación y todo lo demás que hago en el Sacramento, el cual no
se separa ni un punto de mi Querer; no hay cosa que salga de Mí de la cual mi
Querer no vaya delante. Y he aquí cómo también tú puedes formar la hostia: La
hostia es material y hechura del todo humana; también tú tienes un cuerpo material
y una voluntad humana, este cuerpo tuyo y esta tu voluntad, si los mantienes
puros, rectos, alejados de cualquier sombra de pecado, son los accidentes, los
velos para poderme consagrar y vivir escondido en ti. Pero esto no basta, sería
como en la hostia sin la consagración, por eso se necesita mi Vida; mi Vida
está compuesta de santidad, de amor, de sabiduría, de potencia, etc., pero el
motor de todo es mi Voluntad, por eso después de que has preparado la hostia,
debes hacer morir tu voluntad en esa hostia, la debes cocer bien, bien, para
hacer que no renazca más, y debes hacer entrar en todo tu ser a mi Voluntad, y
Ésta, que contiene toda mi Vida, formará la verdadera y perfecta consagración.
Así que no tendrá más vida el pensamiento humano, sino el pensamiento de mi
Querer, y esta consagración creará mi sabiduría en tu mente, no más vida de lo
humano, la debilidad, la inconstancia, porque mi Voluntad formará la
consagración de la Vida Divina, de la fortaleza, de la firmeza y de todo lo que
Yo soy. Entonces, cada vez que hagas correr tu voluntad en la mía, en tus
deseos y en todo lo que eres y puedes hacer, Yo renovaré la consagración, y
como en hostia viviente, no muerta como son las hostias sin Mí, Yo continuaré
mi Vida en ti. Pero esto no es todo, en las hostias consagradas, en los
copones, en los sagrarios, todo está muerto, mudo, no hay sensiblemente un
latido, un ímpetu de amor que pueda responder a tanto amor mío. Si no fuera
porque espero a los corazones para darme a ellos, Yo sería bien infeliz,
quedaría defraudado en mi Amor y sin finalidad mi Vida Sacramental; y si esto
lo tolero en los tabernáculos, no lo toleraré en las hostias vivientes. A la
vida le es necesaria la nutrición, y Yo en el Sacramento quiero ser alimentado,
pero quiero ser nutrido y alimentado con mi mismo alimento, esto es, el alma
hará suya mi Voluntad, mi Amor, mis oraciones, las reparaciones, los
sacrificios, y me los dará a Mí como cosas suyas, y Yo me nutriré. El alma se
unirá Conmigo, escuchará atenta para oír lo que estoy haciendo para hacerlo
junto Conmigo, y conforme repita mis mismos actos me dará su alimento, y Yo por
ello seré feliz, y sólo en estas hostias vivientes encontraré la compensación
de la soledad, del ayuno y de lo que sufro en los tabernáculos”.
+ + + +
11-86
Diciembre 21, 1914
El tener compañía en las penas es el
más grande consuelo para Jesús.
(1) Estaba en mi habitual estado, y el
bendito Jesús viniendo todo afligido me ha dicho:
(2) “Hija mía, no puedo más con el
mundo, consuélame tú por todos, hazme palpitar en tu corazón, a fin de que
sintiendo por medio de tu corazón los latidos de todos, los pecados no me
lleguen directos, sino indirectos por medio de tu corazón, de otra manera mi
Justicia hará salir todos los castigos que no han salido nunca”.
(3) Y en el acto de decir esto ha
ensimismado su corazón al mío y me hizo sentir su latido, pero quién puede
decir lo que se sentía, los pecados como saetas herían aquel corazón, y
mientras yo tomaba parte, Jesús tenía alivio. Luego, sintiéndome toda fundida
en Él, parecía que yo encerraba su inteligencia, sus manos, sus pies, y así
todo lo demás, y yo tomaba parte en recibir todas las ofensas de cada uno de los sentidos de las criaturas,
¿pero quién puede decir cómo sucedía esto? Luego Jesús agregó:
(4) “Tener compañía en las penas es el
más grande alivio para Mí, he aquí porqué mi Padre Divino después de la
Encarnación no fue tan inexorable, sino más benigno, porque las ofensas no las
recibía directas, sino indirectas, esto es, a través de mi Humanidad, la cual
le hacía continuas reparaciones. Así Yo voy buscando almas que se pongan entre
Mí y las criaturas, de otra manera reduciría el mundo a ruinas”.
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11-87
Febrero 8, 1915
La unión de Voluntad forma toda la
perfección de las Tres Divinas Personas.
(1) Me la paso afligidísima por los
modos que mi siempre amable Jesús tiene conmigo, pero resignada a su Santísimo
Querer. Si me lamento con Jesús por sus privaciones y por su silencio, Él me
dice:
(2) “No es tiempo de poner atención a
esto, estas son niñerías y de almas muy débiles que ponen atención a sí mismas
y no a Mí, que piensan en lo que sienten y no lo que les conviene hacer, estas
almas apestan a humano y no puedo fiarme de ellas. De ti no espero esto, quiero
el heroísmo de las almas que olvidándose de sí mismas ponen atención sólo a Mí,
y unidas Conmigo se ocupan de la salvación de mis hijos, porque el demonio usa
de todas sus astucias para arrancarlos de mis brazos. Quiero que te adaptes a
los tiempos, ahora dolorosos, ahora luctuosos y ahora trágicos, y junto Conmigo
reces y llores por la ceguera de las criaturas; tu vida debe desaparecer haciendo entrar en ti toda mi Vida.
Haciéndolo así, sentiré en ti el perfume de mi Divinidad, me fiaré de ti en
estos tiempos tan tristes, que sin embargo no son mas que los preludios de los
castigos, ¿qué será cuando las cosas avancen más? ¡Pobres hijos, pobres hijos!”
(3) Y parece que Jesús sufre tanto que
se queda sin palabras y se oculta más adentro de mi corazón, de modo que desaparece del todo. Y cuando cansada de mi
estado doloroso renuevo los lamentos, lo llamo y le digo: “Jesús, ¿no sabes las
tragedias que están sucediendo? ¿Cómo es posible que tu piadoso corazón pueda
soportar tales estragos en tus hijos?” Y parece que Él apenas se mueve en mi
interior, como si no se quisiera hacer sentir, y siento dentro de mi respiro
otro respiro afanoso, como si estuviera en agonía, es el respiro de Jesús, porque advierto que es dulce, pero mientras me
consuela toda me hace sentir penas mortales, porque en aquel respiro siento el
respiro de todos, especialmente los de tantas vidas muriendo y que Jesús sufre
con ellos el estertor de la agonía. Otras veces parece que se duele tanto, que
manda tristes lamentos, de mover a piedad los corazones más duros. Ahora,
continuando con mis lamentos, esta mañana al venir me ha dicho:
(4) “Hija mía, la unión de nuestros
quereres es tanta, que no se distingue cuál sea el querer del Uno y cual el del
Otro; y esta unión de Voluntad, que forma toda la perfección de las Tres
Divinas Personas, porque como somos uniformes en la Voluntad, esta uniformidad
lleva uniformidad de santidad, de sabiduría, de belleza, de potencia, de amor y
de todo lo demás de nuestro Ser, así que nos vemos como en un espejo recíprocamente
Uno en el Otro, y es tanta nuestra complacencia al mirarnos, que nos vuelve
plenamente felices. Entonces Uno refleja en el Otro, y cada cualidad de nuestro
Ser, como tantos mares inmensos diferentes en sus gozos, uno descarga en el
otro, por eso, si alguna cosa fuera disímil entre Nosotros, nuestro Ser no
podría ser ni perfecto ni plenamente feliz. Ahora, al crear al hombre
infundimos en él nuestra imagen y semejanza para poder arrollar al hombre en
nuestra felicidad, y reflejarnos y hacernos felices en él, pero el hombre
rompió el primer anillo de conjunción, de voluntad entre él y el Creador, y por
lo tanto perdió la verdadera felicidad, es más, cayeron sobre él todos los
males, por eso ni podemos reflejarnos en él ni hacernos felices, sólo en el
alma que hace en todo nuestro Querer lo hacemos y gozamos el fruto completo de
la Creación; porque aun en aquellos que tienen alguna virtud, que rezan, que
frecuentan los Sacramentos, pero si no son uniformes a nuestro Querer no
podemos reflejarnos en ellos, porque como está separada la voluntad de ellos de
la nuestra, todas las cosas están desordenadas y revueltas. ¡Ah, hija mía, sólo
nuestra Voluntad es acepta, porque reordena, hace feliz y lleva consigo todos
los bienes! Por eso siempre y en todo haz mi Voluntad, no pongas atención a
otra cosa”.
(5) Y yo: “Amor mío y vida mía, ¿cómo
puedo uniformarme a tu Voluntad, a los tantos flagelos que estás mandando? Se
necesita demasiado para decir “Fiat”, y además, ¿cuántas veces me has dicho que
si yo hacía tu Querer, Tú habrías hecho el mío? Y ahora, cómo has cambiado”.
(6) Y Jesús: “No soy Yo quien ha
cambiado, es que ha llegado a tanto la criatura que se ha hecho insoportable.
Acércate y chupa de mi boca las ofensas que las criaturas me envían, y si tú
puedes tragarlas, Yo suspenderé los castigos”.
(7) Entonces me he acercado a su boca y
con avidez chupaba, pero con sumo dolor mío me esforzaba por tragarlo y no
podía, me sofocaba, volvía a hacer nuevos esfuerzos y no lo lograba, entonces
Jesús con voz tierna y sollozando me ha dicho:
(8) “¿Has visto? No puedes pasarlo,
arrójalo a tierra y caerá sobre las criaturas”.
(9) Entonces yo lo he arrojado, y
también Jesús lo arrojaba de su boca sobre la tierra diciendo: “¡Es nada aún,
es nada aún”.
(10) Y ha desaparecido.
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11-88
Marzo 6, 1915
Jesús suspende en parte el estado de
victima
de Luisa para dar curso a la Justicia.
(1) Estando
en mi habitual estado, mi siempre amable Jesús vino por poco, y como el
confesor no estaba bien de salud, y habiéndose interrumpido mi estado, no como
una vez cuando volvía en mí por la llamada por la obediencia, por eso le he
dicho a Jesús: “¿Qué quieres que haga? ¿Debo permanecer, o bien tratar de
volver en mí cuando me sienta libre?”
(2) Y Jesús: “Hija mía, ¿quieres acaso
tú que actúe como antes, que no sólo te ordenaba estar firme, sino que te ataba
en tal modo que no podías volver en ti sino sólo con la obediencia? Si lo
hiciera así ahora, mi Amor se encontraría en estrecheces y mi Justicia
encontraría un obstáculo para desahogarse plenamente sobre las criaturas, y tú
podrías decirme: “Como me tienes atada
como víctima de sufrimiento por
amor tuyo y por las criaturas, así yo te ato, en modo de detener a tu Justicia
para que no se desahogue sobre las criaturas”. Así que las guerras, los
preparativos que están haciendo otras naciones para ponerse en guerra
terminarían todas en un juego. ¡No lo puedo, no lo puedo! A lo más, si quieres
estar tú o te quiere tener el confesor, si así lo hacen tendré alguna consideración
por Corato, le evitaré alguna cosa, pero mientras tanto las cosas van avanzando más y mi Justicia quiere
que no estés más en este estado, para poder de inmediato mandar otros flagelos
y hacer entrar a otras naciones en guerra y humillar la soberbia de las
criaturas, porque donde creen que habrá victorias encontrarán derrotas. ¡Ah, mi
amor lo llora, pero mi Justicia exige su satisfacción! Hija mía, paciencia”.
(3) Y habiendo dicho esto ha
desaparecido. ¿Pero quién puede decir cómo quedé? Me sentía morir, porque si
salgo por mí sola de mi estado, podría pensar que yo habría sido la causa de hacer aumentar los flagelos, y por lo tanto de hacer entrar a otras naciones
en guerra, especialmente a Italia. ¡Qué dolor,
qué pena! Sentía todo el peso de la suspensión de mi
estado por parte de Jesús y pensaba entre mí: “Quien
sabe, tal vez Jesús no permite que el confesor esté bien para poner en guerra a
Italia”. Cuántas dudas y temores, y habiendo salido por mí misma de mi estado, he pasado una jornada de lágrimas y
de intensa amargura.
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11-89
Marzo 7, 1915
Castigos. Los hijos de la Iglesia serán
sus más fieros enemigos.
(1) El pensamiento de los flagelos y de que yo los pudiera fomentar por
salirme por mí de mi estado, me
traspasaba el corazón. El confesor continuaba sin estar bien, y yo rezaba y
lloraba, y no sabía decidirme. El bendito Jesús venía como relámpago y huía y
me dejaba libre. Finalmente, movido
a compasión vino y compadeciéndome y acariciándome me dijo:
(2) “Hija mía, tu constancia me vence.
El amor y la oración me atan y casi me hacen guerra, por eso he venido a
entretenerme un poco contigo, no pudiendo resistir más; pobre hija, no llores,
heme aquí todo para ti, paciencia, ánimo, no te abatas. Si tú supieras cuánto
sufro, pero la ingratitud de las criaturas a esto me obliga, los pecados
enormes, la incredulidad, el querer casi desafiarme, y todo esto es lo menos,
si te dijera de la parte religiosa, ¡cuántos sacrilegios! ¡Cuántas rebeliones! ¡Cuántos que se fingen hijos míos y son mis
más encarnizados enemigos! Estos fingidos
hijos son usurpadores, interesados, incrédulos, sus corazones son cloacas de
vicios, y estos hijos serán los primeros en desatar la guerra contra la Iglesia
y buscarán matar a su propia Madre, ¡oh, cuántos están ya listos para
desatarla! Por ahora la guerra es entre gobiernos, naciones, pero dentro de poco harán guerra a la
Iglesia, y sus más grandes enemigos serán sus propios hijos. Mi corazón está
lacerado por el dolor, pero a
pesar de esto tolero que pase esta borrasca y que la faz de la tierra, las
iglesias, sean lavadas por la sangre de aquellos mismos que la han ensuciado y
contaminado. También tú únete con mi dolor, reza y ten paciencia mientras ves
pasar esta borrasca”.
(3) ¿Pero quién puede decir mi dolor? Me
sentía más muerta que viva. Sea siempre bendito Jesús y sea hecho siempre su
Santo Querer.
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11-90
Abril 3, 1915
La Divina Voluntad es como cielo y sol del
alma.
(1) Mi siempre amable Jesús continúa
viniendo de vez en cuando, pero sin cambiar su actitud de amenazas y de
flagelos, y si tarda en venir, viene con un aspecto que da piedad, cansado,
desfallecido, me atrae hacia Él y me transforma en Él, luego entra en mí y se
transforma en mí, quiere que yo bese una por una sus llagas, que las adore y
repare. Y después de que se ha hecho aliviar su Santísima Humanidad me dice:
(2) “Hija mía, hija mía, es necesario
que venga a ti de vez en cuando a tomar reposo, a hacerme aliviar, a
desahogarme, de otra manera al mundo lo haría devorar por el fuego”.
(3) Y sin darme tiempo para decirle nada
huye. Ahora, esta mañana encontrándome en mi habitual estado y tardando Él en venir, pensaba entre mí: “¿Que habría sido de
mí en estas privaciones de mi dulce Jesús si no fuera por el Santo Querer
Divino? ¿Quién me habría dado vida, fuerza, ayuda? ¡Oh Santo Querer Divino, en
Ti me encierro, en Ti me abandono, en Ti reposo! ¡Ah, todos me huyen, también
el sufrir, y también el mismo Jesús que parecía que no sabía estar sin mí! Sólo
Tú no me huyes, ¡oh Querer Santo, te ruego
que cuando veas que mis débiles fuerzas no pueden
más, muéstrame a mi dulce Jesús que se esconde de mí y que Tú posees!” ¡Oh
Querer Santo, te adoro, te beso, te agradezco, pero no seas cruel conmigo!” Y
mientras así pensaba y rezaba, me he sentido investir por una luz purísima, y
el Querer Santo develándome a Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía, el alma sin mi Voluntad
habría sido como la tierra si no hubiera tenido ni cielo, ni estrellas, ni sol,
ni luna; la tierra por sí misma no es otra cosa que precipicios, montañas,
aguas, tinieblas, si la tierra no tuviera un cielo, un sol encima de ella para
alumbrar al hombre el camino para hacerle conocer los diversos peligros que la
tierra contiene, el hombre iría al encuentro, ahora de precipitarse, ahora de
ahogarse, etc., pero el cielo le está encima, especialmente el sol, el cual en
su mudo lenguaje dice al hombre: “Mira, yo no tengo ojos, ni manos, ni pies,
sin embargo soy la luz de tu ojo, la acción de tu mano, el paso de tu pie, y
cuando debo iluminar otras regiones, te dejo el centelleo de las estrellas y la
claridad de la luna para continuar mi oficio. Ahora, habiendo dado al hombre un
cielo para bien de la naturaleza, también al alma, siendo ésta más noble, le he
dado el cielo de mi Voluntad, porque también el alma contiene precipicios,
alturas y barrancos, cuales son las pasiones, las virtudes, las tendencias y
otras cosas. Ahora, si el alma se quita de debajo del cielo de mi Voluntad, no
hará otra cosa que precipitarse de culpa en culpa, las pasiones la ahogarán y
las alturas de las virtudes se cambiarán en abismos. Así que como en la tierra
sin el cielo estaría todo en desorden e infecundo, así el alma sin mi
Voluntad”.
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11-91
Abril 24, 1915
Cómo lo que sufrió Jesús en la corona
espinas es incomprensible
a mente creada. Mucho más dolorosos que
aquellas espinas se
clavaban en su mente todos los malos
pensamientos de las criaturas.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
estaba pensando cuánto sufrió el bendito Jesús al ser coronado de espinas, y
Jesús haciéndose ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, los dolores que sufrí son
incomprensibles a mente creada; pero mucho más dolorosos que aquellas espinas
se clavaban en mi mente todos los pensamientos malos de las criaturas, de modo
que de todos estos pensamientos de las criaturas ninguno se me escapaba, todos
los sentía en Mí, así que no sólo sentía las espinas, sino también el horror de
las culpas que aquellas espinas clavaban en Mí”.
(3) Entonces, traté de ver al amable
Jesús, y veía su santísima cabeza circundada como por una corona de espinas que
le salían de dentro. Todos los pensamientos de las criaturas estaban en Jesús,
y de Jesús pasaban a ellas y de ellas a Jesús y en Él quedaban como
concatenados juntos. ¡Oh, cómo sufría Jesús! Después ha agregado:
(4) “Hija
mía, sólo las almas que viven en mi Voluntad pueden darme verdaderas
reparaciones y endulzarme espinas tan punzantes, porque viviendo en mi
Voluntad, mi Voluntad se encuentra en todas partes, y ellas encontrándose en Mí
y en todos, descienden en las criaturas y suben a Mí y me traen todas las
reparaciones y me endulzan, y hacen cambiar en las mentes las tinieblas en
luz”.
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11-92
Mayo 2, 1915
Penas de Jesús por los castigos.
(1) Mis días son siempre más amargos.
Esta mañana mi dulce Jesús ha venido en un estado tan sufriente que no se puede
expresar, al verlo tan sufriente, yo a cualquier costo habría querido darle un
alivio, pero no sabiendo qué hacer me lo he estrechado al corazón y acercándome
a su boca, con la mía buscaba extraer parte de sus amarguras internas, ¿pero qué? Por cuanta fuerza
hacía al chupar no
salía nada, volvía a intentarlo con más esfuerzos, pero todo era inútil, Jesús
lloraba, yo lloraba al ver que en nada podía aliviar sus penas. ¡Qué suplicio
cruel! Jesús lloraba porque quería hacer salir todo, pero su Justicia lo impedía, yo lloraba al verlo llorar y
porque no podía ayudarlo; son penas que faltan las palabras para expresarlas. Y
Jesús sollozando me ha dicho:
(2) “Hija mía, los pecados arrancan de
mis manos los flagelos, las guerras, Yo estoy obligado a permitirlas, pero al
mismo tiempo lloro y sufro con la criatura”.
(3) Yo me sentía morir por el dolor, y
Jesús queriéndome distraer ha agregado:
(4) “Hija mía, no te abatas, también
esto está en mi Voluntad, porque únicamente las almas que viven en mi Voluntad
son las que pueden hacer frente a mi Justicia, sólo aquellas que viven de mi
Querer tienen libre el acceso para entrar a participar en los decretos divinos,
y abogar en favor de sus hermanos. Quienes habitan en mi Voluntad son los que
poseen todos los frutos de mi Humanidad, porque mi Humanidad tenía sus límites,
mientras que mi Voluntad no tiene límites, y mi Humanidad vivía en mi Voluntad,
cubierta por Ella, por dentro y fuera. Ahora, las almas que viven en mi
Voluntad son las más inmediatas a mi Humanidad, y haciéndola de ellas, porque a
ellas se las he dado, pueden presentarse investidas de Ella, como otro Yo mismo
delante de la Divinidad y desarmar la Justicia Divina e impetrar rescritos de
perdón para las pervertidas criaturas. Ellas, viviendo en mi Voluntad viven en
Mí, y como Yo vivo en todos, también ellas viven en todos y en pro de todos.
Viven libres en el aire como soles, y sus oraciones, sus actos, las
reparaciones y todo lo que hacen son como rayos que descienden de ellas en pro
de todos”.
+ + + +
11-93
Mayo 18, 1915
Castigos. Jesús tendrá cuidado de las
almas que viven de su Querer.
(1) Continuando mi pobre estado, mi
pobre naturaleza me la sentía sucumbir. Me encuentro en estado de violencia continua, quiero hacer violencia
a mi amable Jesús, y Él para no hacerse violentar más, se esconde, y después, cuando ve que no estoy en acto de hacerle
violencia por su ocultamiento, de improviso se hace ver y rompe en llanto por
lo que está sufriendo y sufrirá la mísera humanidad. Otras veces, con un acento
conmovedor y casi suplicante me dice:
(2) “Hija, no me violentes, ya mi estado
es violento por sí solo por causa de los graves males que sufren y sufrirán las
criaturas, pero debo dar los derechos a la Justicia”.
(3) Y mientras dice esto llora, y yo
lloro junto con Él, y muchas veces parece que transformándose todo en mí, llora
por medio de mis ojos, por eso, en mi mente pasan todas las tragedias, las
carnes humanas mutiladas, los ríos de sangre, los pueblos destruidos, las
iglesias profanadas que Jesús me ha hecho ver desde hace tantos años. Mi pobre
corazón está lacerado por el dolor, ahora me lo siento contorsionar por
los espasmos, ahora helar, y mientras sufro esto,
oigo la voz de Jesús que dice:
(4) “¡Cómo me duele, cómo me duele!” Y
se pone a llorar, ¿pero quién puede decirlo todo?
(5) Ahora, estando en este estado, mi
dulce Jesús para calmar de alguna manera mis temores me dijo:
(6) “Hija mía, ánimo, es cierto que
grande será la tragedia, pero has de saber que tendré cuidado de las almas y de
los lugares donde haya almas que vivan en mi Querer. Así como los reyes de la
tierra tienen sus cortes, sus gabinetes donde están al seguro en medio de los
peligros y de los enemigos más fieros, porque es tanta la fuerza que tienen, que los mismos enemigos mientras destruyen otros
puntos, aquel punto no lo miran por temor de ser derrotados, así también Yo,
Rey del Cielo, tengo mis gabinetes, mis cortes sobre la tierra, y son las almas
que viven de mi Querer donde Yo vivo en ellas, y la corte del Cielo está
concentrado en torno a ellas, y la fuerza de mi Voluntad las tienen al seguro,
volviendo inofensivas las balas y rechazando hacia atrás a los enemigos más
fieros. Hija mía, los mismos bienaventurados, ¿por qué están al seguro y son
plenamente felices cuando ven que las criaturas sufren y la tierra está en
llamas? Precisamente porque viven del todo en mi Voluntad. Entonces has de
saber que Yo pongo en las mismas condiciones de los bienaventurados a las almas
que en la tierra viven del todo de mi Querer, por eso vive en mi Querer y no
temas de nada, más bien quiero que no sólo vivas en mi Voluntad, sino que vivas
también en medio de tus hermanos, entre Yo y ellos en estos tiempos de
carnicería humana y me tendrás estrechado en ti y defendido de las ofensas que
me mandan las criaturas, y haciéndote don de mi Humanidad y de cuanto sufrí,
mientras me tendrás defendido, darás a tus hermanos mi sangre, mis llagas, las
espinas, mis méritos, para su salvación”.
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11-94
Mayo 25, 1915
Los hombres son obedientes a los gobiernos
que
usan la fuerza, pero no a Dios que usa el
amor.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús, en cuanto se ha hecho ver me ha dicho:
(2) “Hija mía, el flagelo es grande,
pero a pesar de esto los pueblos no se estremecen, más bien permanecen casi
indiferentes, como si debieran asistir ala representación de una escena trágica y no a una realidad; en lugar de venir todos humillados a mis pies a llorar y a implorar piedad, perdón, están más bien
atentos a oír lo que sucede. ¡Ah, hija mía, qué grande es la perfidia humana!
Mira como son obedientes a los gobiernos; sacerdotes, seglares, no pretenden
nada, no rehúsan ningún sacrificio y deben estar dispuestos a dar la propia
vida; ah, sólo para Mí no hay obediencia ni sacrificios, y si alguna cosa
hacen, son más las pretensiones y los intereses, y esto porque los gobiernos
usan la fuerza, pero Yo uso el amor; para las criaturas este amor es
desconocido y ante él se están indiferentes, como si Yo no mereciera nada de
ellas”.
(3) Pero mientras esto decía ha roto en
llanto, ¡qué dolor tan cruel ver llorar a Jesús! Luego continuó:
(4) “Pero la sangre y el fuego
purificarán todo y harán que el hombre se arrepienta, pero mientras más se
tarde en volver, tanta más sangre correrá y será tal la carnicería, que el
hombre jamás lo hubiera pensado”.
(5) Y mientras esto decía me hacía ver
esta carnicería humana. Qué dolor vivir en estos tiempos, pero sea siempre
hecho el Querer Divino.
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11-95
Junio 6, 1915
En la Voluntad de Dios todo se reduce en
amor para Dios y para el prójimo.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús mientras se mantiene oculto, me quiere toda atenta a Él
y para abogar continuamente por mis hermanos, y mientras rezaba y lloraba por
la salvación de los pobres combatientes, queriéndome estrechar con Jesús para
suplicarle de tal manera que ninguno de ellos se perdiera, llegaba a decirle
desatinos, y Jesús, si bien afligido, parecía que gozaba por mis insistencias y
como que cedía a lo que yo le pedía, pero un pensamiento ha volado en mi mente:
“Que yo debería pensar más
bien en mi propia salvación”. Y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, mientras pensabas en ti
has producido una sensación humana, y mi Voluntad toda Divina la ha notado. En
mi Voluntad todo se resuelve en amor para Mí y para el prójimo, no hay cosas
propias, porque conteniendo sólo mi Voluntad, el alma contiene para sí todos los bienes posibles, y si los contiene,
¿por qué pedírmelos? ¿No es justo más bien que se ocupe en rezar por quien no
tiene? Ah, si supieras por qué desgracias pasará la mísera humanidad, serías más
activa en mi Voluntad en favor de ella”.
(3) Y mientras esto decía me hacía oír
todos los males que están maquinando los masones en contra de la humanidad.
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11-96
Junio 17, 1915
Todo debe terminar en la Voluntad de Dios.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
estaba lamentándome con Jesús diciéndole: “Vida mía Jesús, todo ha terminado,
no me queda nada, sino
a lo más tus visitas como de relámpago, tu sombra. Y Jesús interrumpiendo mi
hablar me dijo:
(2) “Hija mía, todo debe terminar en mi
Voluntad, y cuando el alma ha llegado a esto,
ha hecho todo, y si hubiera hecho mucho y no lo
hubiera encerrado en mi Voluntad, se puede decir que habría hecho nada, porque
de todo lo que termina en mi Voluntad Yo tengo cuenta, pues sólo en Ella está
como empeñada mi misma Vida, y es justo que como cosa mía Yo tenga cuenta hasta de las más pequeñas cosas y aun de las mismas naderías, porque en
cada pequeño acto que la criatura hace unida con mi Voluntad, siento que
primero lo toma de Mí y luego obra, así que en el más pequeño acto va encerrada toda mi Santidad, mi Potencia,
Sabiduría, Amor y todo lo que soy, por eso siento en ese acto hecho unido con
mi Voluntad repetir mi Vida, mis obras, mi palabra, mi pensamiento y todo lo
demás. Entonces, si
tus cosas han terminado en mi Voluntad, ¿qué puedes querer de más? Todas las
cosas tienen un solo punto final: El sol tiene un solo punto, que su luz invada
toda la tierra; el agricultor siembra, palea, trabaja la tierra, sufre frío y
calor, pero todo eso no es su punto final, no, sino su punto es el de recoger
los frutos para hacer de ellos su alimento; y así de tantas otras cosas, que
son muchas, pero que se resuelven dentro de un solo punto, y éste es la vida del hombre. Así el alma todo
lo debe hacer terminar en el punto solo de mi Voluntad, y Ésta constituirá su
vida, y Yo de ella haré mi alimento”.
(3) Después ha agregado: “Yo y tú en
estos tristes tiempos pasaremos un periodo demasiado doloroso, las cosas
empeorarán más, pero debes saber que si te quito mi cruz de madera, te doy la
cruz de mi Voluntad, que no tiene altura ni anchura, sino que es interminable,
cruz más noble no podría darte, no es de madera sino de luz, y en esta luz,
quemante más que cualquier fuego, sufriremos juntos en cada criatura, en sus
agonías y torturas, y buscaremos ser vida de todas”.
+ + + +
11-97
Julio 9, 1915
Quien en verdad hace la Divina Voluntad,
es puesto
en las mismas condiciones de la Humanidad
de Jesús.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
me sentía muy mal y mi siempre amable Jesús, moviéndose a compasión de mi pobre
estado, vino por poco tiempo y besándome me ha dicho:
(2) “Pobre hija, pero no temas, no te
dejo ni puedo dejarte, porque quien hace mi Voluntad es mi imán que obra potentemente
sobre Mí, y me atrae hacia sí con tal violencia, que no puedo resistir. Demasiado se necesita para separarme de
quien hace mi Voluntad, debería separarme de Mí mismo, lo que no es posible”.
(3) Después ha agregado: “Hija, quien
hace de verdad mi Voluntad es puesto en las mismas condiciones en las que fue
puesta mi Humanidad. Yo era Hombre y Dios, como Dios contenía en Mí todas las
felicidades, bienaventuranzas, bellezas y todos los bienes que poseo. Mi
Humanidad por una parte tomaba parte de mi Divinidad, y por lo tanto era
bienaventurada, feliz, su visión beatífica no se le separaba jamás; por otro
lado, habiendo mi Humanidad tomado sobre Ella la satisfacción de las criaturas
ante la Divina Justicia, era atormentada por la vista clara de todas las
culpas, y debiendo tomarlas sobre Ella para satisfacerlas, sentía lo horrible
de cada pecado con su tormento especial, por lo tanto, al mismo tiempo sentía
alegría y dolor, sentía amor
por parte de mi Divinidad, frialdad por parte de las criaturas; santidad por
una parte, pecado por la otra, no había cosa que me escapara, ni aun la más
mínima de las que las criaturas hacían. Ahora, mi Humanidad no es capaz ya de sufrir, por eso en quien hace mi
Voluntad Yo vivo en ella, y ella me sirve de humanidad, por eso el alma siente
por una parte amor, paz, firmeza en el bien, fortaleza y demás; y por la otra
parte frialdad, molestias, cansancio, etc. Entonces, si el alma se está del
todo en mi Voluntad y toma todas esas cosas no como cosas suyas, sino como
cosas que sufro Yo, no se abatirá, sino me compadecerá y tendrá como un honor
que la haga participar de mis penas, porque ella no es otra cosa que un velo
que me cubre, y no sentirá más que las molestias de las espinas, del hielo,
pero es en Mí, en mi corazón en quien serán clavadas”.
+ + + +
11-98
Julio 25, 1915
Cómo Jesús es desventurado en el amor.
Jesús quiere consuelo.
(1) Continuando mi habitual estado me
lamentaba con Jesús por sus acostumbradas privaciones, y Él siempre benigno me compadecía
diciéndome:
(2) “Hija mía, sé valiente, seme fiel en
estos tiempos de tragedias y carnicerías horrendas, y de amarguras intensas
para mi corazón”.
(3) Y casi sollozando ha agregado: “Hija
mía, en estos tiempos Yo me siento como un desventurado: Me siento desventurado
con el herido sobre el campo de batalla, desventurado por el que muere en su
propia sangre abandonado por todos, desventurado con el pobre que siente el
peso del hambre, siento la desventura de tantas madres que les sangra el
corazón por sus hijos en la guerra, ¡ah, todas las desventuras pesan sobre mi
corazón y por ellas quedo traspasado! Y de frente a todas estas desventuras veo
a la Divina Justicia que quiere hacer salir en campo el divino furor contra las
criaturas, desgraciadamente rebeldes e ingratas, y además, ¿quién te puede
decir cuán desventurado soy en el amor? ¡Ah, las criaturas no me aman, y a
tanto amor mío soy correspondido con repetidas ofensas!
(4) Hija mía, en tantas desventuras
mías, en vez de consolar quiero consuelo, quiero las almas que me aman en torno
a Mí, que me hagan fiel compañía, y todas sus penas me las den a Mí para alivio
de mis desventuras y para implorar gracia a los pobres desventurados, y según
me sean fieles las almas en estos tiempos de flagelos y de desventuras, cuando
la Divina Justicia se haya aplacado, recompensaré a las almas que me han sido
fieles y han tomado parte en mis desventuras”.
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11-99
Julio 28, 1915
El alma que vive en la Divina Voluntad
forma un solo corazón con el de Jesús.
(1) Repetía mis lamentos con Jesús
diciéndole: “¿Cómo me has dejado? Me prometiste que todos los días, al menos
una vez vendrías, y hoy ha pasado la mañana, el día está terminando y aún no
vienes. Jesús, que desgarro es tu privación, que muerte continua, pero a pesar
de todo estoy abandonada del todo en tu Voluntad, es más, te ofrezco esta tu privación como Tú me enseñas, para dar la
salvación a tantas otras almas por cuantos instantes estoy privada de Ti. Las
penas que sufro mientras estoy privada de Ti, las pongo como corona en torno a
tu corazón, para impedir que las ofensas de las criaturas entren en tu corazón,
y para impedirte a Ti que condenes a alguna
alma al infierno. Pero con todo esto,
¡oh! mi Jesús, la naturaleza me la siento trastornar, e incesantemente te
llamo, te busco, te suspiro. Mientras estaba en esto, mi amable Jesús me ha
puesto sus brazos alrededor de mi cuello, y estrechándome me ha dicho:
(2) “Hija mía, dime ¿qué deseas, qué
quieres hacer, qué amas?”
(3) Y yo: “Te deseo a Ti, y que todas
las almas se salven; quiero
hacer tu Voluntad y te amo a Ti solamente”.
(4) Y Él: “Así que deseas lo que quiero
Yo, con esto me tienes en tu propio puño, y Yo a ti, ni tú puedes desunirte de
Mí, ni Yo de ti. ¿Cómo dices entonces que te he dejado?”
(5) Luego ha agregado con acento tierno:
“Hija mía, quien hace mi Voluntad está tan fundido Conmigo, que su corazón y el
mío forman uno solo, y como todas las almas que se salvan se salvan por medio
de este corazón, y conforme se forma el latido así toman el vuelo a la
salvación saliendo de la boca de este corazón, así que daré al alma el mérito
de aquellas almas salvadas, porque ha querido ella junto Conmigo la salvación
de aquellas almas y por haberme servido de ella como vida de mi propio
corazón”.
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11-100
Agosto 12, 1915
Amenazas de Jesús. Dureza de los pueblos y
como
quieren ser tocados en su propia piel para
rendirse ante Dios.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi siempre amable Jesús ha venido por poco tiempo diciéndome:
(2) “Hija mía, qué duros son los
pueblos. El flagelo de la guerra no basta, la miseria no es en dosis suficiente
para rendirlos, así que quieren ser tocados en su propia piel, de otra manera
no se llega a hacerlos reaccionar. ¿No ves como triunfa la religión sobre el
campo de batalla? ¿Y por qué? Porque son tocados en su propia piel, he aquí la
necesidad de que no haya pueblo que no sea tomado en la red, quién de un modo,
quién de otro, pero casi todos quedarán expuestos a ser tocados en su propia
piel. Yo no quiero hacerlo, pero su dureza me obliga”.
(3) Y al decir esto Jesús lloraba, yo
lloraba junto con Él y le pedía que hiciera que los pueblos se rindieran
sin derramamiento de sangre y que
todos se salvaran. Y Jesús:
(4) “Hija mía, en la unión de nuestros
quereres quedará todo encerrado, tu voluntad
correrá junto con la mía e impetrará gracia suficiente para salvar a las almas,
tu amor correrá en el mío, y tus deseos, tu latido, correrá en el mío y pedirá
con un latido eterno almas. Todo esto formará una red en torno a ti y a
Mí, y quedaremos como entretejidos dentro,
y esto servirá como baluarte de defensa, que mientras me defenderá a Mí,
quedarás también tú defendida de cualquier peligro. Cómo me es dulce sentir en
mi latido un latido de criatura que dice en el mío: “¡Almas, almas!” Me siento
como encadenado y vencido, y cedo”.
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11-101
Agosto 14, 1915
Todo lo que hizo y sufrió Jesús, está en
acto y
sirve de apoyo a las almas para salvarse.
(1) Continuando mi habitual estado,
Jesús ha venido, y estaba tan cansado y extenuado, que Él mismo me ha llamado a
besar sus llagas y secarle la sangre que por todas partes de su Santísima
Humanidad le escurría. Después de haber repasado todos sus miembros haciendo
varias adoraciones y reparaciones, mi dulce Jesús aliviado y apoyándose en mí
me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Pasión, mis llagas, mi
sangre, todo lo que hice y sufrí, está todo en medio a las almas en continuo
acto, como si ahora mismo obrara y sufriera, y me sirven como puntales para
apoyarme y como puntales para que se apoyen las almas para no caer en la culpa
y salvarse. Ahora, en estos tiempos de flagelos Yo estoy como una persona que
vive en el aire, que le falta el piso bajo los pies y entre continuos choques,
la Justicia me golpea desde el Cielo, las criaturas con la culpa desde la
tierra. Ahora, por cuanto más el alma se está en torno a Mí besándome las
llagas, reparándome, ofreciendo mi sangre, en un palabra, rehaciendo ella lo
que Yo hice en el curso de mi Vida y Pasión, tantos otros puntales forma para
poderme apoyar y no dejarme caer, y más se ensancha el círculo donde las almas
encuentran el apoyo para no caer en la culpa y salvarse. No te canses hija mía
de estar en torno a Mí, y de repetir, y volver a repetir tu recorrido por mis
llagas, Yo mismo te suministraré los pensamientos, los afectos, las palabras,
para darte el campo de estarte en torno a Mí. Seme fiel, los tiempos apremian,
la Justicia quiere desplegar su furor, las criaturas la irritan, es necesario
que se multipliquen más los puntales, así que no falles en esta obra”.
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11-102
Agosto 24, 1915
La única cosa que hace que la criatura se
asemeje a Dios, es la Divina Voluntad.
(1) Continuando mi habitual estado, en
cuanto vino mi siempre amable Jesús yo le he dado un beso diciéndole: “Mi
Jesús, si me fuera posible quisiera darte el beso de todas las criaturas, así
contentaría a tu amor trayéndolas todas a Ti”. Y Jesús:
(2) “Hija mía, si quieres darme el beso
de todos, bésame en mi Voluntad, porque mi Voluntad conteniendo la virtud
creadora, contiene la potencia de multiplicar un acto en tantos actos por
cuantos se quieran, y así me darás el contento como si todos me besaran, y tú tendrás
el mérito como si por todos me hubieras hecho besar, y todas las criaturas
tendrán sus efectos según sus propias disposiciones.
(3) Un acto en mi Voluntad contiene
todos los bienes posibles e imaginables. Una imagen la encontrarás en la luz
del sol: La luz es una, pero esta luz se multiplica en todas las miradas de las
criaturas; la luz es siempre una y un solo acto, pero no todas las miradas de
las criaturas gozan la misma luz, algunos, de
vista débil tienen necesidad de ponerse la mano sobre los ojos para no sentirse
cegar por la luz; otros, ciegos, no la gozan en nada, pero esto no por defecto
de la luz, sino por defecto de la vista de las criaturas. Así hija mía, si tú
deseas amarme por todos, si lo haces en mi Voluntad, tu amor correrá en Ella, y
llenando de mi Voluntad el Cielo y la tierra me sentiré repetir tu te amo en el
Cielo, en torno a Mí, dentro de Mí, en la tierra, y en todos los puntos se
multiplicará por cuantos actos puede hacer mi Voluntad. Por lo tanto puedes
darme la satisfacción del amor de todos, porque la criatura es limitada y
finita, en cambio mi
Voluntad es inmensa e infinita.
(4) ¿Cómo se pueden explicar aquellas
palabras dichas por Mí al crear al hombre: “Hagamos al hombre a nuestra imagen
y semejanza?” ¿Pero cómo la criatura, tan inhábil podía asemejarme y ser mi
imagen? Sólo en mi Voluntad podía llegar a esto, porque haciéndola suya viene a
obrar a lo divino, y con la repetición de estos actos divinos viene a
asemejarse a Mí, a volverse mi perfecta imagen. Sucede como al niño que con
repetir los actos que ve en el maestro, se asemeja al maestro. Así que la única
cosa que hace asemejarse a la criatura a Mí, es mi Voluntad, por eso tengo
tanto interés en que la criatura, haciéndola suya, cumpla la verdadera
finalidad por la cual ha sido creada”.
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11-103
Agosto 27, 1915
El alma que vive en la Divina Voluntad
se llena de las cualidades divinas.
(1) Estaba fundiéndome en la Santísima
Voluntad de Jesús bendito, y mientras esto hacía me he encontrado en Jesús y me
ha dicho:
(2) “Hija mía, cuando una alma se funde
en mi Voluntad sucede como con dos recipientes llenos de diferentes líquidos,
que uno se vierte en el otro, y uno queda lleno de lo que contenía el otro, y éste de lo que contenía el primero. Así la
criatura queda llena de Mí y Yo de ella, y como mi Voluntad contiene santidad,
belleza, potencia, amor, etc., así el alma, llenándose de Mí, fundiéndose y
abandonándose en mi Voluntad, viene a llenarse de mi Santidad, de mi Amor, de
mi Belleza, etc., en el modo más perfecto que a criatura es dado, y Yo me
siento lleno de ella, y encontrando en ella mi Santidad, mi Belleza, mi Amor,
etc., las miro como si fueran cosas suyas, y me agrada tanto que me enamoro de tal manera, que la tengo
celosamente custodiada en lo más íntimo de Mí, y la voy continuamente
enriqueciendo y embelleciendo con mis atributos divinos, para así poder siempre
más complacerme y enamorarme”.
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11-104
Septiembre 20, 1915
El alma debe atar todos sus actos al Fiat.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
amable Jesús se hacía ver con los flagelos en las manos, que tocaba y golpeaba
a las criaturas, y parecía que los castigos se iban haciendo cada vez mayores; y entre tantas cosas parecía que se estaba urdiendo una conjura
contra la Iglesia, y nombraban a Roma. El bendito Jesús estaba afligido y como
cubierto por un manto negro y me ha dicho:
(2) “Hija mía, los flagelos harán
resurgir los pueblos, pero serán tantos, que todos los pueblos serán
recubiertos de dolor y de luto, y siendo las criaturas mis miembros, por eso
estoy cubierto por un manto negro por causa de ellas”.
(3) Yo me consternaba toda y le
suplicaba que se aplacara, y Él para consolarme me ha dicho:
(4) “Hija mía, el Fiat debe ser el dulce
nudo que ate todos tus actos,
así que mi Voluntad y la tuya formarán el nudo, y has de saber que cada
pensamiento, palabra, acto, anudado con mi Voluntad, son otros tantos canales
de comunicación que se abren entre Yo y la criatura; si todos tus actos son
anudados con mi Voluntad, ningún canal de comunicación divina estará cerrado
entre Yo y tú”.
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11-105
Octubre 2, 1915
El alma trata de tomar parte en las
amarguras de Jesús.
(1) Después de haber sufrido mucho por
las privaciones de mi siempre amable Jesús, Él vino por poco, pero tan
sufriente que aterrorizaba. Yo me hice el ánimo y me acerqué a su boca y
habiéndolo besado me puse a chupar, quién sabe, tal vez lograra aliviarlo extrayéndole parte de sus amarguras. Con
mi sorpresa, lo que otras veces no había podido hacer, he tenido éxito en
extraerle un poco de amargura, pero Jesús estaba tan sufriente que parecía que
no lo advertía, pero después que hice esto, como si se estremeciera me ha
mirado y me ha dicho:
(2) “Hija mía, no puedo más, no puedo
más, la criatura ha llegado al colmo y me llena de tal amargura, que mi
Justicia estaba a punto de decretar la destrucción general, pero tú has llegado
a extraerme un poco de amargura, así mi Justicia podrá esperar aún, pero los
castigos se acrecentarán más. ¡Ah, el hombre me incita, me dispone a llenarlo y
casi a saturarlo de dolores y de castigos, de otra manera no se convertirá”.
(3) Entonces yo me apresuré a pedirle
que se aplacase, y Él con un acento conmovedor me ha dicho: “¡Ah hija mía, ah
hija mía!” Y
ha desaparecido.
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11-106
Octubre 25, 1915
Complacencia de Jesús al sentir repetir
por el alma lo que Él hizo.
(1) Continuando mi habitual estado entre
privaciones y amarguras, estaba pensando en la Pasión de mi amable Jesús, y Él me
iba repitiendo:
(2) “Vida mía, vida mía. Mamá mía, mamá
mía”.
(3) Yo sorprendida le de dicho: “¿Qué
quiere decir esto?”
(4) Y Jesús: “Hija mía, conforme siento
repetir en ti mis pensamientos, mis palabras, amar con mi amor, querer con mi
Voluntad, desear con mis deseos y todo lo demás, así siento correr mi Vida en
ti y repetir los mismos actos míos, y por eso es tanta mi complacencia que voy
repitiendo: “Vida mía, vida mía”. Y cuando pienso en lo que sufrió mi querida
Mamá que quería tomar todas mis penas para sufrirlas Ella en lugar mío, y como
tú buscas imitarla pidiéndome sufrir tú las penas que las criaturas me dan, voy
repitiendo: “Mamá mía, mamá mía”. En tantas amarguras de mi corazón por los
tantos miembros lacerados que siento en mi Humanidad de tantas criaturas, mi
único alivio es sentir repetir mi Vida, así siento los miembros de las
criaturas consolidarse en Mí”.
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11-107
Octubre 28, 1915
La Vida de Jesús es simiente.
(1) Esta mañana, mi siempre amable Jesús
al venir me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Vida sobre la tierra
no fue otra cosa que semilla sembrada, donde mis hijos cosecharán siempre que
se estén en el terreno donde he sembrado esta semilla, y según su actitud de
cosechar, mi semilla reproducirá su fruto. Ahora, esta semilla son mis obras,
palabras, pensamientos, también mis respiros, etc., entonces si el alma las
cosecha todas, haciéndolas suyas, se enriquecerá de tal manera que podrá
comprar el reino de los Cielos, pero si no, esta semilla le servirá de
condena”.
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11-108
Noviembre 1, 1915
Jesús quiere desahogarse en el amor.
(1) Esta mañana mi dulce Jesús no me ha
hecho esperar mucho, ha venido, pero afanado, inquieto, y arrojándose en mis
brazos me ha dicho:
(2) “Hija mía, dame reposo, hazme desahogar
en amor. Si la Justicia quiere su desahogo puede desahogarse con todas las
criaturas, mi Amor en cambio puede desahogarse solamente con quien me ama, con
quien está herido por mi mismo Amor, y delirando va buscando desahogo en mi
Amor, pidiéndome más amor, y si mi Amor no encontrase una criatura que me
hiciera desahogar, mi Justicia se encendería mayormente y daría el último golpe
para destruir a las pobres criaturas”.
(3) Y mientras esto decía me besaba,
volvía a besarme y me decía:
(4) “Te amo, pero con amor eterno; te
amo, pero con amor inmenso; te amo, pero con un amor incomprensible para ti; te
amo, pero con un amor que jamás tendrá límites ni fin; te amo con un amor que
nunca me podrás igualar”.
(5) ¿Pero quién puede decir todos los
títulos que Jesús decía del amor con que me ama? Y a cada modo de los que decía
esperaba mi respuesta, yo, no sabiendo qué decirle, ni teniendo movimiento suficiente para poderlo igualar le he dicho:
“Vida mía, Tú sabes que no tengo nada y que todo lo que hago lo tomo de Ti, y
luego lo dejo en Ti de nuevo para hacer que mis cosas, estando en Ti, tengan
continua actitud y vida en Ti, y yo permanezco siempre nada, por eso tomo tu
amor y lo hago mío y te digo: “Te amo con amor eterno, inmenso, con un amor que
no tiene límites ni fin y que es igual al tuyo”. Y lo besaba y lo volvía a
besar, y a medida que repetía “te amo”, Jesús se aquietaba y tomaba reposo y ha
desaparecido. Después, volviendo, hacía ver su Santísima Humanidad magullada,
herida, desgarrada, dislocada, toda sangre. Yo ante eso he quedado horrorizada y Jesús me ha dicho:
(6) “Hija mía, mira, tengo en Mí a todos
los pobres heridos que están bajo las balas y sufro junto con ellos, y quiero
que también tú tomes parte en estas penas para su salvación”.
(7) Y Jesús, transformándose en mí, me
hacía sentir ahora agonizante, ahora doliente, en suma, sentía lo que sentía
Jesús.
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11-109
Noviembre 4, 1915
Dolor de la Santísima Virgen por el
flagelo de la guerra.
(1) Encontrándome en mi habitual estado
me encontraba fuera de mí misma junto con la Reina Mamá, y le pedía que se
interpusiera ante Jesús para hacer cesar el flagelo de la guerra, le decía:
“Mamá mía, piedad de tantas pobres víctimas, ¿no ves cuánta sangre, cuántos
miembros destrozados, cuántos gemidos y lágrimas? Eres la Mamá de Jesús, pero
también nuestra, por lo tanto te corresponde a Ti pacificar a tus hijos”. Y
mientras le rogaba, Ella lloraba, pero a pesar de que lloraba parecía
inflexible. Yo lloraba también y continuaba rogando por la paz, y mi querida
Mamá me ha dicho:
(2) “Hija mía, la tierra no está aún
purificada, los pueblos se mantienen endurecidos; y además, si el flagelo
termina, ¿quién salvará a los sacerdotes? ¿Quién los convertirá? La vestidura
que en muchos cubre sus vidas es tan deplorable, que los mismos seglares tienen
repugnancia de acercárseles. Recemos, recemos”.
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11-110
Noviembre 11, 1915
Las almas que viven en la Divina Voluntad
son
otros Cristos, y éstos obtienen misericordia.
(1) Esta mañana sentía tal compasión por
las ofensas que Jesús recibe, y por tantas pobres criaturas que tienen la
desventura de ofenderlo, que quisiera afrontar cualquier pena con tal de
impedir la culpa, y rezaba y reparaba de corazón. Mientras estaba en esto, el
bendito Jesús ha venido y parecía que tenía las mismas heridas de mi corazón,
pero ¡oh!, cuánto más grandes, y me ha dicho:
(2) “Hija mía, mi Divinidad al hacer salir
a la criatura quedó como herida por mi mismo Amor por amor a ella, y esta
herida me hizo descender del Cielo a la tierra y llorar y derramar mi sangre, y
hacer todo lo que hice. Ahora, el alma que vive en mi Voluntad siente a lo vivo
esta herida mía como si fuera de ella, y llora y reza y quisiera sufrir todo
para poner a salvo a la pobre criatura, y para que esta mi herida de amor no
sea recrudecida por las ofensas de las criaturas. ¡Ah! hija mía, estas
lágrimas, oraciones, penas, reparaciones, endulzan mi herida y descienden en mi
pecho como fúlgidas gemas, que me glorío de tenerlas sobre mi pecho para
mostrarlas a mi Padre para inclinarlo a piedad de las criaturas. Así que entre
ellas y Yo desciende y asciende una vena divina que les va consumando la sangre
humana, y por cuanto más toman parte en mi herida, en mi misma Vida, tanto más
esta vena divina se agranda, se agranda tanto de volverse ellas otros tantos
Cristos, y Yo voy repitiendo al Padre: “Yo estoy en el Cielo, pero hay otros
Cristos sobre la tierra que están heridos con mi misma herida, que lloran como Yo,
que sufren, que rezan, etc., por lo tanto debemos derramar sobre la tierra
nuestras misericordias”. Ah sí, sólo estas almas que viven en mi Querer, que
toman parte en mi herida, me asemejan en la tierra y me asemejarán en el Cielo
con el tomar parte en la misma gloria de mi Humanidad”.
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11-111
Noviembre 13, 1915
Necesidad de Jesús de comulgarse a Sí
mismo antes de
darse a los demás. Cómo debe el alma
ofrecer la Comunión.
(1) Después de haber recibido la Santa
Comunión, pensaba para mí cómo debía
ofrecerla para complacer a Jesús. Y Él, siempre benigno, me dijo:
(2) “Hija mía, si quieres agradarme,
ofrécela como la ofreció mi misma Humanidad. Yo, antes de darme en comunión a
los demás, me comulgué a Mí mismo, y quise hacer esto para dar al Padre la
gloria completa de todas las Comuniones de las criaturas, para encerrar en Mí
todas las reparaciones de todos los sacrilegios, de todas las ofensas que
habría de recibir en el Sacramento. Mi Humanidad, encerrando la Voluntad
Divina, encerraba todas las reparaciones de todos los tiempos, y recibiéndome a
Mí mismo, me recibía dignamente; y como
todas las obras de las criaturas fueron divinizadas por mi Humanidad, así
también quise sellar con mi comunión las comuniones de las criaturas; de otra
manera, ¿cómo podía la criatura recibir a un Dios? Fue mi Humanidad la que
abrió esta puerta a las criaturas y les mereció recibirme a Mí mismo. Ahora tú
hija mía, recíbela en mi Voluntad, únete a mi Humanidad y así encerrarás todo y
Yo encontraré en ti las reparaciones de todos, la retribución de todo y mi
complacencia, más bien encontraré otra vez a Mí mismo en ti”.
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11-112
Noviembre 21, 1915
El hombre obliga a Dios a los castigos.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
en cuanto vi a mi siempre amable Jesús le pedí que por piedad cambiara los
decretos de la Divina Justicia, y le dije: “Jesús mío, no más, mi pobre corazón
se deshace al oír tantas tragedias; Jesús, basta, son tus queridas imágenes,
tus amados hijos que gimen, lloran, se duelen bajo el peso de medios casi
infernales”.
(2) Y Él: “¡Ah hija mía, sin embargo
todo lo que de terrible sucede ahora, no es más que el esbozo del proyecto! ¿No
ves qué amplio giro estoy trazando? ¿Qué será cuando ejecute el proyecto? En
muchos lugares se dirá: “Aquí estaba tal ciudad, tales edificios”. Habrá
lugares totalmente destruidos, el tiempo apremia, el hombre ha llegado hasta a
obligarme para que lo castigue, ha querido casi desafiarme, incitarme, y Yo he
tenido paciencia, pero todos los tiempos llegan. No me han querido conocer por
vía de amor y de misericordia; me conocerán entonces por vía de justicia. Por
tanto, ánimo, no te abatas tan pronto”.
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11-113
Diciembre 10, 1915
El alma debe hacer suyas las oraciones,
las obras, los
sufrimientos de Jesús y todo el bien que
produjeron.
(1) Me sentía afligidísima porque mi
dulce Jesús, mi vida, mi todo, no se hacía ver. Yo me lamentaba, si me fuera
posible quisiera ensordecer con mis lamentos al Cielo y a la tierra para
moverlo a compasión de mi pobre estado. ¡Qué gran desventura, conocerlo, amarlo
y quedar privada de Él! ¿Se puede dar desventura mayor? Pero mientras me
lamentaba, el bendito Jesús haciéndose ver en mi interior, me ha dicho con un
aspecto severo:
(2) “Hija mía, no me tientes. Te lo he
dicho todo para hacerte estar tranquila, te he dicho que cuando me abstengo de
venir es porque debo apretar en los castigos, pues esto lo exige mi Justicia; y
te he explicado también las razones. Primero no me creías que era para castigar
por lo que Yo no venía como de costumbre, porque no oías que en el mundo
sucedían grandes castigos; ahora sí lo oyes, y a pesar de esto dudas aún, ¿no
es esto tentarme?”
(3) Yo temblaba al ver y al oír a Jesús
tan severo, y para tranquilizarme ha cambiado su aspecto y todo benignidad
agregó:
(4) “Hija mía, ánimo, Yo no te dejo,
sino estoy dentro de ti, si bien no siempre me ves; y tú únete siempre Conmigo,
si rezas tu oración corra en la mía y hazla tuya, así todo lo que hice con mis
oraciones, la gloria que di al Padre, el bien que impetré a todos, lo harás
también tú; si obras, haz que tu acto corra en el mío, y éste hazlo tuyo, así
tendrás en tu poder todo el bien que hizo mi Humanidad, que santificó y
divinizó todo; si sufres, tu sufrir corra en el mío, y éste hazlo tuyo, y así
tendrás en tu poder todo el bien que hice en la Redención. Con esto tomarás los
tres puntos esenciales de mi Vida, y a medida que lo hagas, saldrán de ti mares
inmensos de gracia que se derramarán para bien de todos, y Yo veré tu vida no
como tuya, sino como mía”.
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11-114
Enero 12, 1916
Todas las naciones se han unido en el
ofender a Dios, y han conspirado contra
Él.
(1) Estaba lamentándome con Jesús
bendito de sus acostumbradas privaciones, y lloraba amargamente, y mi adorable
Jesús ha venido, pero en un estado doloroso, y me hacía ver cómo las cosas irán
empeorando siempre más, y esto me hacía llorar aún más, y Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, tú lloras por los tiempos
presentes, pero Yo lloro por los futuros.
¡Oh, en qué laberinto se encontrarán las naciones, tanto que una formará el
terror y la muerte de la otra, y no sabrán reaccionar por ellas mismas, harán
cosas de locos, de ciegos, hasta actuar contra ellas mismas.
Este es el laberinto en el que se encuentra la pobre
Italia, cuántos golpes recibirá! Recuerda que hace años te dije que merecía el castigo, que la haría invadir por naciones extranjeras, y esta es la trama
que le están tejiendo. Cómo quedará humillada y aniquilada. Demasiado ingrata
me ha sido. Mis naciones predilectas: Italia y Francia, son aquellas que más me
han desconocido, se han dado la mano para ofenderme; justo castigo, se darán la
mano en quedar humilladas, pero serán también ellas las que más harán la guerra
a mi Iglesia. ¡Ah hija mía, casi todas las naciones se han unido en ofenderme,
han conjurado contra Mí. ¿Qué mal
les he hecho? Así que casi todas merecen el castigo”.
(3) ¿Pero quién puede decir el dolor de
Jesús, el estado de violencia en el que se encontraba y mi espanto, mi miedo? Y
decía a mi Jesús: ¿Cómo puedo vivir entre tantas tragedias? O haces que yo sea
la víctima y perdonas a los pueblos, o bien llévame Contigo”.
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11-115
Enero 28, 1916
El amor reprimido es la amargura más
grande. Suspensión del estado de víctima.
(1) Me sentía oprimida y pensaba entre
mí: “Todo ha terminado, estado de víctima, sufrimientos, Jesús, todo”. Con el
agregado de que el confesor no estaba bien y por eso tal vez me tocaría estar
sin la comunión. Sentía todo el peso de la suspensión de víctima por parte
de Jesús, y por parte de la obediencia no tenía
ninguna orden, ni en favor ni en contra, y esto aumentaba
mi aflicción recordando que en marzo del año pasado no estando bien el confesor
y encontrándome en las mismas condiciones, Jesús me había dicho que si yo, o
quien me guía me hubiera tenido en el estado de víctima, habría protegido
a Corato, y por eso ahora surgen nuevos temores de
que yo pueda ser la causa de algún grave mal aun para Corato. ¿Pero quién puede
decir todas mis aprehensiones y amarguras? Eran tantas que me sentía
petrificar. Ahora, el bendito Jesús teniendo compasión de mí, se hizo ver en mi
interior y parecía que tenía una mano apoyada en la frente, todo afligido,
tanto que yo no me sentía con valor de llamarlo y en voz baja le dije: “Jesús,
Jesús”. Y Él me ha mirado, pero, ¡oh! Cómo era triste su mirada, y me dijo:
(2) “Hija mía, ¡cuánto sufro! Si tú
supieras las penas de quien te ama no harías otra cosa que llorar. Sufro
también por ti, porque no viniendo frecuentemente, mi Amor está reprimido y no
me desahogo, y al ver que tampoco tú te desahogas porque no me ves, y viéndote
sufrir Yo sufro más. ¡Ah! hija mía, el amor reprimido es la más grande amargura
y lo que más tortura a un pobre corazón. Pero si tú sufriendo te estás
tranquila, Yo no sufro tanto, en cambio si te afliges y te afanas en tu sufrir,
Yo enloquezco y deliro, y me veo obligado a venir para desahogarme y hacerte a
ti desahogar, porque mis penas y las tuyas son hermanas; y además, tu estado de
víctima no ha terminado, mis obras son eternas, y si bien las suspendo, no es
sin causa justa, pero no es que las haga terminar, y además Yo veo las cosas en
la voluntad y por lo tanto tú eres tal como eras, porque tu voluntad no ha cambiado,
y faltándote las penas no eres tú quien recibe daño, sino más bien las
criaturas porque no reciben los efectos de tus penas, esto es, la supresión de
los castigos. Sucede como con las criaturas que ocupan oficios públicos,
puestos de gobierno por un tiempo dado, y que después de retirarse tienen su
paga de por vida a pesar de que no ocupen ya aquellos puestos. ¿Y Yo debería
ser menos que las criaturas? ¡Ah, no! Si a los gobernantes y a los
administradores les dan pensiones de por vida, Yo las doy “in eterno”; por lo
tanto no debes preocuparte por las pausas que hago. Y además, ¿de qué temes?
¿Has olvidado cuánto te amo? Quien te guía será previsor, conociendo todas las
cosas como están y como han ido, y Yo tendré cuidado de Corato. Y a ti te
tendré estrechada en mis brazos en cualquier cosa que pueda suceder”.
+ + + +
11-116
Enero 30, 1916
La Divina Voluntad cristaliza al alma que
vive en Ella.
(1) Estaba fundiéndome toda en mi
siempre amable Jesús, y mientras esto hacía, Jesús viniendo se fundía todo en
mí, y me dijo:
(2) “Hija mía, cuando el alma vive del
todo en mi Voluntad, si piensa, sus pensamientos se reflejan en mi mente en el
Cielo; si desea, si habla, si ama, todo se refleja en Mí y todo lo que Yo hago
se refleja en ella. Sucede como cuando el sol se refleja en un espejo, se ve en
éste otro sol, todo semejante al sol del cielo, pero con la diferencia que el
sol en el cielo está fijo y está siempre en su lugar, en cambio en el espejo es
pasajero. Mi Voluntad cristaliza al alma, y todo su obrar se refleja en Mí y
Yo, herido, raptado por estos reflejos le envío toda mi luz, de modo de formar
en ella otro sol, así que parece un sol en el cielo y otro sol en la tierra.
¡Qué encanto, qué armonía entre ellos! ¿Cuántos bienes no se derraman en favor de todos! Pero si el alma no está
fija en mi Querer, puede suceder como al sol que se forma en el espejo, donde
es un sol pasajero y luego el espejo queda en la oscuridad, y el sol del cielo
queda solo”.
+ + + +
11-117
Febrero 5, 1916
Las criaturas querrán destruir a Dios, y
hacerse un dios por su propia cuenta.
(1) Continúo mis días muy afligida,
especialmente por las amenazas casi continuas por parte de Jesús que los
flagelos se harán mayores. Esta noche, he quedado aterrorizada, pues me
encontré fuera de mí misma y encontré a mi afligido Jesús; yo me sentía renacer
a nueva vida al verlo, ¿pero qué? En cuanto me dispuse a consolarlo varias
personas me lo arrebataron y lo redujeron a pedazos. ¡Qué dolor! ¡Qué horror! Yo me eché por tierra cerca de uno de esos pedazos,
y una voz del Cielo ha resonado en aquel lugar:
(2) “Firmeza, ánimo a los pocos buenos,
no se separen en nada, no descuiden nada, serán expuestos a grandes pruebas por
Dios y por los hombres. Sólo la fidelidad no los dejará titubear y serán salvos. La tierra será cubierta por flagelos
jamás vistos, las criaturas querrán deshacer al Creador y querrán tener un dios
por su propia cuenta, y satisfacer sus caprichos a costo de cualquier carnicería, y con todo esto, no logrando su
intento llegarán a las más bajas bestialidades. Todo será terror y pavor”.
(3) Después de esto me he encontrado en
mí misma, yo temblaba, el pensamiento de cómo habían reducido a mi Jesús me
daba muerte, y a cualquier costo habría querido verlo, al
menos por un instante para saber qué había sido de Él. Y Jesús,
siempre bueno, vino y yo me tranquilicé. Sea siempre bendito.
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11-118
Marzo 2, 1916
El alma que vive en la Divina Voluntad,
conforme
va obrando el bien, hace salir de Dios ese
bien.
(1) Continúo mis días amarguísimos,
Jesús bendito viene muy poco, y
si me lamento, o me responde con un sollozo, o bien me dice:
(2) “Hija mía, tú sabes que no vengo
frecuentemente porque los castigos se van haciendo más severos, entonces, ¿por
qué te lamentas?”
(3) Pero yo llegué a un punto en que no
podía más y rompí en llanto, y Jesús para tranquilizarme y reforzarme ha
venido, y casi toda la noche la pasé con Jesús; ahora me besaba, me acariciaba,
me sostenía, ahora se arrojaba en mis brazos para tomar reposo, ahora me hacía
ver el terror de las gentes, quién huía de un punto y quién de otro. Recuerdo
que me dijo:
(4) “Hija mía, lo que Yo contengo en la
potencia, el alma lo contiene en la voluntad, así que todo el bien que
verdaderamente quiere hacer, Yo lo veo como si en realidad el alma lo hubiera
hecho. Yo tengo Querer y Poder, si quiero puedo, en cambio el alma muchas cosas
no las puede, y el querer suple al poder, y así se va asemejando a Mí, y Yo voy
enriqueciendo al alma con todos aquellos méritos que contiene su buena voluntad
y que quiere hacer su voluntad”.
(5) Luego agregó: “Hija mía, cuando el
alma se da toda a Mí, Yo establezco en ella mi morada, muchas veces me place
cerrar todo y estarme a oscuras, otras veces me place dormir, y al alma la
pongo como centinela a fin de que no deje venir a nadie a molestarme e
interrumpir mi sueño, y si es necesario debe afrontar ella las molestias y
responder por Mí. Otras veces me place abrir todo y hacer entrar los vientos,
las frialdades de las criaturas, los dardos de las culpas que me mandan, y
tantas otras cosas, y el alma debe estar contenta de todo, debe dejarme hacer
lo que quiero, es más, debe
hacer suyas mis cosas, y si no soy libre de hacer lo que quiero, sería un
infeliz en ese corazón si debiera estar atento en hacerle sentir cuánto gozo, y
ocultar, a pesar mío, cuánto sufro, así que, ¿dónde estaría mi libertad? ¡Ah!
Todo está en mi Voluntad, y si el alma toma Ésta, toma toda la sustancia de mi Ser
y me encierra a todo Yo en ella, y conforme va obrando el bien, teniendo en
ella la sustancia de mi Vida, hace salir ese bien de Mí mismo, y saliendo de
Mí, como rayo de luz corre para bien de todas las criaturas”.
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11-119
Abril 1, 1916
Qué desapego se requiere del alma, para
que
su latido sea uno con el latido de Jesús.
(1) Esta mañana, mi dulce Jesús se hacía
ver en mi corazón, y su latido latía en el mío. Yo lo he mirado y Él me dijo:
(2) “Hija mía, quien verdaderamente me
ama y en todo hace mi Querer, su latido y el mío son uno solo, así que Yo los
llamo latidos míos, y como tales los quiero en torno y aun dentro del latido de
mi corazón, todos dedicados a
consolarme, a endulzar todos mis latidos dolorosos, y su latido en el mío
formará dulce armonía que me repetirá toda mi Vida, me hablará de las almas
obligándome a salvarlas. Pero, hija mía, para hacer eco a mi latido, ¡qué
desapego se necesita, debe ser más vida de
Cielo que de tierra, más Divina que humana! Basta sólo una sombra, una pequeña cosa para hacer que el alma no sienta
la fuerza, las armonías, la santidad de mi latido, y por lo tanto no haga eco
al mío, no armonice junto Conmigo, y Yo me veo obligado a quedarme solo en mis
dolores o en mis gozos, y estos
dolores los tengo por las almas que, quién sabe cuánto me prometían, pero a la
hora de llevarlas a cabo he quedado defraudado de sus promesas”.
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11-120
Abril 15, 1916
Siendo Jesús el Verbo, todo en Él habla amorosamente
a las criaturas.
(1) Por las continuas privaciones de mi
dulce Jesús vivo muriendo. Esta mañana me encontré toda en Jesús, como si
nadara en la inmensidad de mi Sumo Bien. Luego veía en mí y veía a Jesús en mí,
y sentía que todo el Ser de Jesús hablaba: Los pies, las manos, el corazón, la
boca, en suma todo eran voces, no sólo esto, sino la maravilla era que estas
voces se hacían inmensas, se multiplicaban por cada criatura, los pies de Jesús
hablaban a los pies y a cada paso de criatura, las manos a las obras, los ojos
a las miradas, los pensamientos a cada pensamiento. ¡Qué armonías entre Creador
y criatura! ¡Qué encantadora vista! ¡Qué amor! Pero, ay de mí, todas estas
armonías eran destrozadas por las ingratitudes y por los pecados, el amor era
correspondido con las ofensas. Y Jesús todo afligido me dijo:
(2) “Hija mía, Yo soy el Verbo, es decir
la Palabra, y es tanto el amor hacia la criatura, que me multiplico en tantas
voces por cuantos actos, pensamientos, afectos, deseos, etc., hace cada
criatura, para recibir de ellas la correspondencia de sus actos hechos por amor
mío. Doy amor y quiero amor, pero recibo ofensas; doy vida, y si pudieran me
darían muerte; pero a pesar de todo Yo continúo mi oficio amoroso.
(3) Ahora, has de saber que quien vive
unido Conmigo y de mi Querer, también el alma, nadando en mi inmensidad es toda
voz junto Conmigo, así que si camina, sus pies hablan al pecador; sus
pensamientos son voces a las mentes, y así de todo lo demás; y solamente en
estas almas Yo encuentro como una recompensa en la obra de la Creación, y al
ver que no pueden nada por sí solas para corresponder a mi Amor y mantener las
armonías entre Yo y ellas, entran en mi Querer y se hacen dueñas, y obran a lo
divino, mi Amor entonces encuentra su desahogo, y las amo más que a todas las
demás criaturas”.
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11-121
Abril 21, 1916
Vestiduras de espinas que las criaturas
han
puesto sobre la Humanidad de Jesús.
(1) Continúan mis días amarguísimos,
temo que Jesús algún día no venga ni siquiera por un instante, y en mi dolor
voy repitiendo: “Jesús, no me lo hagas; que no quieres hablar, está bien; no
quieres hacerme sufrir, me resigno; no quieres hacerme don de tus carismas,
“Fiat”; pero que no debas venir, esto no, Tú sabes que me costaría la vida y la
misma naturaleza sin Ti hasta la noche, se disolvería”. Y mientras esto decía,
el bendito Jesús acrecentando mis amarguras, se hizo ver diciéndome:
(2) “Has de saber que si no vengo un
poco a desahogarme contigo, el mundo estaría por recibir el último golpe de
destrucción y de toda clase de flagelos”.
(3) ¡Qué espanto! Entonces quedé
aterrada y petrificada por el dolor. Por tanto continuaba rezando y decía:
“Jesús mío, cada momento de tu privación te pide que en las almas sea creada
una nueva Vida de Ti, y esta gracia me la debes dar, sólo con este pacto acepto
tu privación. No es una cosa de nada que me privo, sino de Ti, bien inmenso,
infinito, eterno, el precio es inmenso, por eso hagamos el pacto”.
(4) Y Jesús puso su brazo en mi cuello
como aceptando; y mirándolo, pero ay de mí, qué vista tan dolorosa, estaba
circundado de espinas, no sólo la cabeza sino toda su Santísima Humanidad,
tanto, que abrazándolo me picaban, pero a cualquier costo yo quería entrar en
Jesús, y Él todo bondad rasgó esa vestidura de espinas en la parte del corazón
y me puso dentro, y yo veía la Divinidad de Jesús, y si bien era una sola cosa
con su Humanidad, aunque la Humanidad quedaba desgarrada, la Divinidad
permanecía intangible. Y Jesús me ha dicho:
(5) “Hija mía, ¿has visto qué vestido
tan doloroso me han hecho las criaturas, y cómo estas espinas están encarnadas
en mi Humanidad? Estas espinas han cerrado la puerta a la Divinidad, al haber
circundado toda mi Humanidad de la cual, sólo salía mi Divinidad en beneficio
de las criaturas. Ahora es necesario que tire parte de estas espinas y las
vierta sobre las criaturas, y corriendo por medio de las espinas la luz de mi
Divinidad, pueda poner a salvo sus almas, por esto es necesario que la tierra
sea inundada de castigos, de terremotos, carestías, guerras, etc., para que se
rompa esta vestidura de espinas que las criaturas me han puesto, y así la luz
de la Divinidad, penetrando en sus almas, las pueda desengañar y haga surgir
tiempos mejores”.
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11-122
Abril 23, 1916
A cada pensamiento sobre la Pasión, el
alma toma luz de la Humanidad de Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, mi adorable Jesús se hacía ver todo
circundado de luz que le salía de dentro de su Santísima Humanidad, que lo
embellecía en modo tal de formar una vista encantadora y raptora, yo quedé sorprendida y Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, cada pena que sufrí, cada
gota de sangre, cada llaga, oración, palabra, acción, paso, etc., produjo una
luz en mi Humanidad capaz de embellecerme en modo tal, de tener raptados a
todos los bienaventurados. Ahora, el alma a cada pensamiento de mi Pasión, a
cada condolencia, a cada reparación, etc., que hace, no hace otra cosa que
tomar luz de mi Humanidad y embellecerse a mi semejanza, así que un pensamiento
de más de mi Pasión, será una luz de más que le llevará un gozo eterno”.
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11-123
Mayo 3, 1916
El alma en la Divina Voluntad ora como
Jesús, satisface
al Padre y repara por todos tal como lo
hizo Él.
(1) Mientras estaba rezando, mi amable
Jesús se puso junto, y oía que también Él rezaba y yo me puse a oírlo, entonces
me dijo:
(2) “Hija mía, reza, pero reza como rezo
Yo, es decir, vuélcate toda en mi Voluntad, y en Ella encontrarás a Dios y a
todas las criaturas, y haciendo tuyas todas las cosas de las criaturas, las
darás a Dios como si fuera una sola criatura, porque el Querer Divino es el
dueño de todas, y pondrás a los pies de la Divinidad los actos buenos para
darle honor, y los malos para repararlos con la santidad, potencia e inmensidad
de la Divina Voluntad a la que nada escapa. Esta fue la Vida de mi Humanidad en
la tierra, por cuan Santa era mi Humanidad, tenía necesidad de este Divino
Querer para dar completa satisfacción al Padre, y redimir a las generaciones
humanas, porque sólo en este Divino Querer Yo encontraba todas las generaciones
pasadas, presentes y futuras, y todos sus actos, pensamientos, palabras, etc.,
como en acto. Y en este Santo Querer, sin que nada me escapara, Yo tomaba todos
los pensamientos en mi mente, y por cada uno en particular Yo me presentaba
ante la Majestad Suprema y los reparaba, y en esta misma Voluntad descendía en
cada mente de criatura, dándole el bien que había impetrado para su
inteligencia; en mis miradas tomaba todos los ojos de las criaturas; en mi voz
sus palabras; en mis movimientos los suyos; en mis manos sus obras; en mi
corazón los afectos, los deseos; en mis pies los pasos; y haciéndolos como
míos, en este Divino Querer mi Humanidad satisfacía al Padre y Yo ponía a salvo
a las pobres criaturas, y el Padre Divino quedaba satisfecho, no podía
rechazarme siendo el Santo Querer Él mismo, ¿se habría rechazado Él mismo?
Ciertamente que no; mucho más que en estos actos encontraba santidad perfecta,
belleza inalcanzable y raptora, amor sumo, actos inmensos y eternos, potencia
invencible. Esta fue toda la Vida de mi Humanidad en la tierra, desde el primer
instante de mi concepción hasta el último respiro, para continuarla luego en el
Cielo y en el Santísimo Sacramento. Ahora, ¿por qué no puedes hacerlo también
tú? Para quien me ama todo es posible, unida Conmigo en mi Voluntad, toma y
lleva ante la Majestad Divina en tus pensamientos, los pensamientos de todos;
en tus ojos, las miradas de todos; en tus palabras, en los movimientos, en los
afectos, en los deseos, todos los de tus hermanos para repararlos, para
impetrar para ellos luz, gracia, amor. En mi Querer te encontrarás en Mí y en
todos, harás mi Vida, rezarás como Yo, y el Padre Divino por esto quedará
contento y todo el Cielo te dirá: “¿Quién nos llama en la tierra? ¿Quién es
quien quiere encerrar este Santo Querer en sí, encerrando a todos nosotros
juntos?” ¿Y cuánto bien no puede obtener la tierra haciendo descender el Cielo
a la tierra?”
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11-124
Mayo 25, 1916
Trabajo de Jesús en el alma. Cómo es
necesaria la
correspondencia para poder producir frutos
abundantes.
(1) Continuando mi habitual estado,
estaba toda afligida, especialmente porque en días pasados el bendito Jesús me
hizo ver cómo soldados extranjeros invadían Italia y la gran carnicería que
causaban en nuestros soldados, los ríos de sangre, de los cuales Jesús mismo tenía horror. Mi pobre corazón me lo sentía despedazar por el dolor y le decía a
Jesús: “Salva a mis hermanos, tus imágenes, desde dentro de ese lago de sangre y no permitas que ninguna alma caiga
al infierno”. Y viendo que la Divina Justicia encenderá más su furor contra las
pobres criaturas, yo me sentía morir, y Jesús casi para distraerme de estas
escenas tan desgarradoras me ha dicho:
(2) “Hija mía, es tanto el amor con que amo
a las almas, que en cuanto el alma se decide a darse a Mí, Yo la circundo de
abundante gracia, la acaricio, la conmuevo, la hago recogida, la doto de
gracias sensibles, de fervores, de inspiraciones, de necesidades del corazón, y
entonces el alma viéndose tan agraciada comienza a amarme, hace como un fondo
de oraciones en su corazón, de prácticas piadosas y se decide a ejercitarse en
las virtudes, todo esto forma un prado florido en el alma, pero mi Amor no
queda contento con las solas flores, sino que quiere frutos y por eso comienza
a hacer caer las flores, es decir, la despoja del amor sensible, del fervor y
de todo lo demás para hacer nacer los frutos. Si el alma es fiel, continúa sus
prácticas piadosas, sus virtudes, no toma gusto de ninguna otra cosa humana, si
no piensa en sí sino sólo en Mí, confía en Mí, con esto pondrá el sabor a los
frutos; con la fidelidad hará madurar los frutos, y con su valentía, tolerancia
y tranquilidad los hará crecer y serán frutos abundantes, y Yo, el Celestial
Agricultor cosecharé estos frutos y haré de ellos mi alimento, y plantaré otro
huerto más bello y más florido en el que nacerán frutos heroicos, que
arrancarán de mi corazón gracias inauditas. Pero si es infiel, desconfiada, se
agita, toma gusto de las cosas humanas, etc., los frutos serán acerbos,
insípidos, amargos, sucios y servirán para amargarme y hacerme retirar
del alma”.
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11-125
Junio 4, 1916
Jesús vierte sus amarguras en
el alma, y sobre los pueblos.
(1) Esta mañana mi siempre amable Jesús
ha venido, yo me lo estreché al corazón, y Él me dio un beso; pero mientras me
besaba sentí correr de su boca a la mía un líquido amarguísimo. Yo quedé
maravillada al ver que sin pedírselo, el dulce Jesús derramaba sus amarguras en
mí, mientras que otras veces se lo había tanto pedido y no me lo había
concedido. Entonces, cuando me llené de aquel líquido amarguísimo, Jesús
continuó derramándolo y caía hacia fuera, caía por tierra y continuaba derramándolo, haciendo en torno a mí y a Él un
lago de aquel líquido amarguísimo. Y como si con esto se hubiera aliviado un
poco me ha dicho:
(2) “Hija, ¿has visto cuántas amarguras
me dan las criaturas? Son tantas, que no pudiéndolas contener he querido
derramarlas en ti, pero ni siquiera tú has podido contenerlas, y por eso han
caído por tierra y se derramarán sobre los pueblos”.
(3) Y mientras esto decía, señalaba
varios puntos y pueblos que debían ser golpeados por las invasiones de gentes extranjeras,
unos huían, otros quedaban al desnudo, en ayunas, otros quedaban dispersos,
quien muerto, por doquier había horror y espanto. Jesús mismo quería retirar la
mirada de tantas tragedias, y yo, espantada
y aterrorizada, quería impedir que Jesús hiciera todo esto, pero parecía
irremovible, y entonces me
dijo:
(4) “Hija mía, son las mismas amarguras
de ellos las que la Divina Justicia derrama sobre los pueblos. He querido
primero derramarlas en ti para evitarlas en algunos lugares para contentarte,
pero todo lo demás lo he derramado sobre ellos, mi Justicia necesita su
satisfacción”.
(5) Y yo: “Amor mío y vida mía, yo no
entiendo de Justicia; si te pido es misericordia, apelo a tu amor, a tus
llagas, a tu sangre; además, son siempre tus hijos, tus queridas imágenes.
Pobres hermanos míos, ¿cómo harán? ¿En qué apuros serán puestos? Me dices para
contentarme que has derramado en mí tus amarguras, pero son demasiado pocos los
lugares que proteges”.
(6) Y Él: “Más bien es demasiado, y es
porque te amo, de otra manera no habría evitado nada. Además, ¿no has visto tú
misma que no podías contener más?”
(7) Y yo rompiendo en llanto agregué: “Sin
embargo me dices que me amas, pero, ¿dónde está todo esto que me amas? El
verdadero amor sabe contentar en todo a la persona amada, entonces, ¿por qué no
me ensanchas más para poder contener más amarguras y evitárselas a mis hermanos?”
(8) Jesús ha llorado junto conmigo y ha
desaparecido.
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11-126
Junio 15, 1916
En el Divino Querer todo es completo. Las oraciones
más
potentes sobre el corazón de Jesús y que
más lo enternecen,
es revestirse de todo aquello que obró y
sufrió Él mismo.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
siempre amable Jesús ha venido, me ha transformado toda en Él y luego me ha
dicho:
(2) “Hija, derrámate en mi Querer para
hacerme reparaciones completas, mi Amor siente la irresistible necesidad, ante
tantas ofensas de las criaturas, de que al menos haya una, que interponiéndose
entre Yo y ellas me dé reparaciones completas, amor por todas, y arrebate de Mí
gracias para todas, y esto lo puedes hacer sólo en mi Querer, donde me
encontrarás a Mí y a todas las criaturas. ¡Oh! Con qué ansias estoy esperando
que entres en mi Querer para poder encontrar en ti las complacencias y las
reparaciones de todas, pues sólo en mi Querer encontrarás todas las cosas en
acto, porque Yo soy motor, actor y espectador de todo”.
(3) Y mientras esto decía me he fundido
en su Querer, ¿pero quién puede decir lo que veía? Me encontraba en contacto
con cada pensamiento de criatura, cuya vida de cada pensamiento venía de Dios,
y yo en su Querer me multiplicaba en cada pensamiento, y con la santidad de su
Querer reparaba todo, tenía un gracias por todos, un amor por todos, y así me
multiplicaba en las miradas, en las palabras y en todo lo demás, ¿pero quién
puede decir cómo sucedía todo esto? A mí me faltan las palabras, tal vez las
mismas lenguas angélicas serían balbucientes, por eso pongo punto.
(4) Y
así toda la noche me la pasé con Jesús en su Querer. Después sentí a la Reina
Mamá junto a mí y me dijo:
(5) “Hija mía, reza”.
(6) Y yo: “Mamá mía, recemos juntas,
pues por mí sola yo no sé rezar”.
(7) Y Ella ha agregado: “Las oraciones
más potentes sobre el corazón de mi Hijo y que más lo enternecen, es cuando la
criatura se reviste con todo lo que Él mismo obró y sufrió, habiendo dado todo
eso como don a la criatura. Por tanto hija mía, reviste tu cabeza con las
espinas de Jesús, adorna tus ojos con sus lágrimas, impregna tu lengua con su
amargura, reviste tu alma con su sangre, adórnate con sus llagas, traspasa tus
manos y pies con sus clavos, y como otro Cristo preséntate ante su Divina
Majestad. Este espectáculo lo conmoverá, de manera que no sabrá rehusar nada al
alma revestida con sus mismas divisas, pero, ¡oh, cuán poco saben las criaturas
servirse de los dones que mi Hijo les ha dado! Estas eran mis oraciones en la
tierra, y éstas lo son aún en el Cielo”.
(8) Entonces juntas nos hemos revestido
con las divisas de Jesús, y juntas nos hemos presentado ante el trono divino,
cosa que conmovía a todos, los ángeles nos querían ver y quedaban sorprendidos.
Yo agradecí a la Mamá y me encontré en mí misma.
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11-127
Agosto 3, 1916
Cada acto que la criatura hace es un
paraíso de más que adquiere para el Cielo.
(1) Continuando mi habitual estado, mi
amable Jesús se hace ver por un instante, o dice sólo alguna palabrita y huye,
o bien se oculta en mi interior. Recuerdo que un día me dijo:
(2) “Hija mía, Yo soy el centro y toda
la Creación recibe vida de este centro, así que Yo soy vida de cada
pensamiento, de cada palabra, de cada acción de todos, y las criaturas se
sirven de esta vida que les doy para tomar ocasión de ofenderme, Yo doy vida, y
si ellas pudieran me darían muerte”.
(3) Recuerdo también que rezando para
que disminuyera los flagelos, me dijo:
(4) “Hija, ¿crees tú que sea Yo quien
quiere flagelarlos? ¡Ah no! Más bien es tanto el amor, que toda mi Vida la
consumé en rehacer lo que el hombre estaba obligado a hacer ante la Majestad Suprema, y como mis actos eran divinos, los
multipliqué en tantos para rehacer por todos y por cada uno, en modo de llenar
Cielo y tierra y dejarlos en
defensa del hombre, para hacer que la Justicia no pudiera golpearlo, pero el
hombre con el pecado rompe esta defensa, y rota la defensa los flagelos golpean
al hombre”.
(5) ¿Pero quién puede decir todas las
pequeñas cosas que me ha dicho? Esta mañana estaba rezando y me lamentaba con
Jesús de que no me escuchaba favorablemente,
especialmente porque no termina de castigar, y le decía: “¿Para qué rezar si no
quieres escucharme favorablemente? Es más, dices que los males empeorarán”. Entonces Él me dijo:
(6) “Hija mía, el bien es siempre bien,
es más, has de saber que cada oración, cada reparación, cada acto de amor,
cualquier cosa santa que hace la criatura es un paraíso de más que adquiere,
así que el acto más simple, santo, será un paraíso de más; un acto de menos, un
paraíso de menos, porque cada acto bueno viene de Dios, y por lo tanto el alma
en cada acto bueno toma a Dios, y como Dios contiene gozos infinitos,
innumerables, eternos, inmensos, tanto que los mismos bienaventurados por toda
la eternidad no llegarán a gustarlos todos, entonces no es de asombrarse que cada acto bueno, tomando a Dios, Dios queda
como comprometido en sustituirlos por otros tantos contentos. Entonces si el
alma sufre también las distracciones por amor mío, en el Cielo su inteligencia
tendrá más luz y gustará tantos paraísos de más por cuantas veces sacrificó su
inteligencia, y tanto más comprenderá de Dios. Si sufre las frialdades por amor
mío, tantos paraísos gustará y de la variedad de los contentos que hay en mi
Amor; si sufre la oscuridad, tantos contentos de más en mi luz inaccesible, y
así de todo lo demás, esto es lo que significa una oración de más o de menos”.
+ + + +
11-128
Agosto 6, 1916
Necesidad de Jesús que se multipliquen
las almas que vivan del Divino Querer.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
mi dulce Jesús por un instante vino y me dijo:
(2) “Hija mía, mi Amor siente una
irresistible necesidad de que se multipliquen las almas que viven de mi Querer,
porque estas almas son los lugares de mis reencuentros. Mi Amor quiere hacer el bien a todos, pero las culpas me impiden
verter sobre ellas mis beneficios, por eso voy buscando a estas almas, y como en estas almas no
soy impedido de derramar mis gracias, las
derramo, y por medio de estas
almas toman parte los pueblos
y las personas que las circundan.
Por eso, por cuantas más encuentros de tal
género tenga en la tierra, tanto más desahogo tiene mi Amor y más se derrama en
beneficios en pro de la humanidad”.
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11-129
Agosto 10, 1916
Cómo en la Voluntad de Dios nuestras penas
se encuentran junto con las penas de
Jesús.
(1) Continuando mi habitual estado, me
sentía amargada por la privación de mi amable Jesús, y me lamentaba con Él de
que cada privación que me hacía era una muerte que me daba, y muerte cruel,
pues mientras se siente la muerte, no se puede
morir, y decía: “¿Cómo tienes corazón de darme tantas muertes?” Y Jesús
viniendo por unos instantes me dijo:
(2) “Hija mía, no te abatas, mi
Humanidad estando en la tierra contenía todas las vidas de las criaturas, y
todas estas vidas salían de Mí, pero, ¿cuántas no volvían a Mí porque morían y
se sepultaban en el infierno? Y Yo sentía la muerte de cada una, en forma tal que se desgarraba mi Humanidad.
Estas muertes fueron la pena más dolorosa y cruel de toda mi Vida, hasta el
último respiro. Hija mía, ¿no quieres tomar parte en mis penas? La muerte que
sientes por mi privación no es otra cosa que una sombra de las penas de la
muerte que sentí por la pérdida de las almas, por eso dame tu pena para
endulzar las tantas muertes crueles que sufrió mi Humanidad, esta pena hazla correr
en mi Voluntad y ahí encontrarás la mía, y uniéndose juntas correrán para bien
de todos, especialmente por aquellas que están por caer en el abismo; si la
tienes sólo para ti, se formarán nubes entre Yo y tú y la corriente de mi
Querer quedará rota entre tú y Yo, tus penas no encontrarán las mías y no te
podrás difundir para bien de todos, y sentirás todo el peso de tu pena. En
cambio, si todo lo que puedas sufrir, piensas cómo hacerlo correr en mi Querer,
para ti no habrá nubes y las mismas penas te llevarán luz y abrirán nuevas
corrientes de unión, de amor y de gracias”.
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11-130
Agosto 12, 1916
Gloria de las almas que vivirán en el
Querer Divino en la tierra.
(1) Estaba fundiéndome en el Santísimo
Querer, y mi dulce Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, sólo por quien vive en mi
Querer me siento como correspondido por la Creación, por la Redención y por la
Santificación, y me glorifica en el modo como la criatura debe glorificarme,
por eso estas almas serán gemas de mi trono y tomarán en ellas todos los
contentos, la gloria que cada bienaventurado tendrá para sí solo, estas almas
estarán como reinas en torno a mi trono, y todos los bienaventurados les
estarán en torno, y como los bienaventurados serán tantos soles que
resplandecerán en la Jerusalén Celestial, las almas que habrán vivido en mi
Querer resplandecerán en mi mismo Sol, estarán como fundidas con mi Sol, y los
bienaventurados verán a estas almas dentro de Mí mismo, pues es justo que
habiendo vivido en la tierra unidas Conmigo, con mi Querer, no habiendo vivido
vida propia, es muy justo que en el Cielo tengan un puesto diferente de todos
los demás, y continúen en el Cielo la vida que llevaron en la tierra, todas
transformadas en Mí e inabismadas en el océano de mis contentos”.
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11-131
Septiembre 8, 1916
Por cuanto tiempo el alma está en la
Divina Voluntad, tanto de Vida
Divina puede decir que hace sobre la
tierra. Los actos en la Divina
Voluntad son los actos más simples, pero
como
son simples se comunican a todos.
(1) Esta mañana después de la comunión, sentí que mi amable Jesús en modo especial
me absorbía toda en su Querer, y yo nadaba dentro de Él, ¿pero quién puede
decir lo que yo sentía? Yo no tengo palabras para expresarme, y Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, por cuanto tiempo el alma
está en mi Voluntad, tanto de Vida Divina puede decir que hace en la tierra.
¡Oh, cómo me agrada cuando veo que el alma entra en mi Voluntad para hacer Vida
Divina! Mucho me agrada ver a las almas que repiten en mi Voluntad lo que hacía
mi Humanidad en Ella. Yo hice la comunión, me recibí a Mí mismo en la Voluntad
del Padre, y con esto no sólo reparaba todo, sino que encontrando en la Divina
Voluntad la inmensidad, la omnividencia de todo y de todos, por eso Yo abrazaba a todos, me daba en
comunión a todos, y viendo que muchos no habrían tomado parte en el Sacramento,
y al Padre ofendido porque no querían recibir la vida, Yo daba al Padre la satisfacción, la gloria, como si todos
hubieran recibido la comunión, dando al Padre por cada uno la satisfacción y la
gloria de una Vida Divina. También tú recibe la comunión en mi Voluntad, repite
lo que hice Yo, y así no sólo repararás todo, sino que me darás a Mí mismo a
todos como Yo quería darme a todos, y me darás la gloria como si todos hubieran
recibido la comunión. Mi corazón se siente enternecido cuando ve que la
criatura no pudiendo darme nada de ella que sea digno de Mí, toma mis cosas,
las hace suyas, imita como las hice Yo, y para agradarme me las da, y Yo en mi
complacencia le voy repitiendo: Bravo hija mía, has hecho precisamente lo que
hacía Yo”.
(3) Luego agregó: “Los actos en mi
Voluntad son los actos más simples, y porque son simples se comunican a todos.
La luz del sol, porque es simple, es luz de todo ojo, pero el sol es uno; un
acto solo en mi Voluntad, como luz simplísima se difunde en cada corazón, en
cada obra, en todos, pero el acto es uno, mi mismo Ser, porque es simplísimo,
es un acto solo, pero un acto que contiene todo, no tiene pies pero es el paso
de todos, no tiene ojos pero es ojo y luz de todos, da vida a todo, pero sin
esfuerzo, sin cansancio, pero da el acto de obrar a todos, entonces, el alma en
mi Voluntad se simplifica y junto Conmigo se multiplica en todos, hace bien a
todos. ¡Oh, si todos comprendieran el valor inmenso de los actos, aun los más
pequeños actos hechos en mi Voluntad, ningún acto dejarían escapar!”
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11-132
Octubre 2, 1916
Efectos de la comunión en la Divina
Voluntad.
(1) Esta mañana recibí la comunión como
Jesús me había enseñado, esto es, unida con su Humanidad, Divinidad y Voluntad
suya, y Jesús se hizo ver y yo lo besé y lo estreché a mi corazón, y Él
devolviéndome el beso y el abrazo, me dijo:
(2) “¡Hija mía, cómo estoy contento de que
hayas venido a recibirme unida con mi Humanidad, mi Divinidad y mi Voluntad! Me
has renovado todo el contento que sentí al recibirme en comunión a Mí mismo, y
mientras tú me besabas y me abrazabas, estando en ti todo Yo mismo, contenías
todas las criaturas, y Yo sentía darme el beso de todas, los abrazos de todas,
porque ésta era tu voluntad, igual que fue la mía al recibirme en la comunión,
rehacer al Padre por todo el amor de las criaturas y a pesar de que muchos no
lo amarían, y el Padre se rehacía en Mí del amor de todas las criaturas, y Yo
me rehago en ti del amor de todas las criaturas, y habiendo encontrado en mi
Voluntad quien me ama, me repara, etc., a nombre de todas, porque en mi
Voluntad no hay cosa que el alma no pueda darme, me siento amar a las criaturas
a pesar de que me ofendan, y voy inventando estratagemas de amor en torno a los
corazones más duros para convertirlos. Sólo por amor de estas almas que hacen
todo en mi Querer, Yo me siento como encadenado y raptado y les concedo los
prodigios de las más grandes conversiones”.
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11-133
Octubre 13, 1916
Los ángeles están en torno al alma que
hace las horas de la Pasión.
Estas horas son los pequeños sorbos dulces
que las almas dan a Jesús.
(1) Estaba haciendo las horas de la Pasión,
y el bendito Jesús me dijo:
(2) “Hija mía, en el curso de mi Vida
mortal, millones y millones de ángeles cortejaban a mi Humanidad y recogían
todo lo que Yo hacía, los pasos, las obras, las palabras y aun los suspiros,
las penas, las gotas de sangre, en suma, todo.
Eran ángeles destinados a mi custodia, a darme honor,
obedientes a todas mis señales, subían y bajaban del Cielo para llevar al Padre
todo lo que Yo hacía. Ahora estos ángeles tienen un oficio especial, y conforme
el alma hace memoria de mi Vida, de mi Pasión, de mi sangre, de mis llagas, de
mis oraciones, se ponen en torno a esta alma y recogen sus palabras, sus
oraciones y condolencias que me hacen, las lágrimas, los ofrecimientos, los
unen con los míos y los llevan ante mi Majestad para renovarme la gloria de mi
misma Vida, es tanta la complacencia de los ángeles, que reverentes están en
torno para oír lo que dice el alma y rezan junto con ella, por eso con qué
atención y respeto el alma debe hacer estas horas, pensando que los ángeles
están pendientes de sus labios, para repetir
junto a ella lo que ella dice”.
(3) Luego ha agregado: “Ante tantas
amarguras que las criaturas me dan, estas horas son los pequeños sorbos dulces
que las almas me dan, pero ante tantos sorbos amargos que recibo, son demasiado
pocos los dulces, por eso, más difusión, más
difusión”.
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11-134
Octubre 20, 1916
La gracia, como luz del sol se da a todos.
(1) Estaba fundiéndome en la Divina
Voluntad y me vino el pensamiento de encomendar especialmente a varias
personas, y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, la particularización va
ya de por sí misma, a pesar de que no se ponga ninguna intención. En el orden
de la gracia sucede como en el orden natural: El sol da luz a todos, sin embargo
no todos gozan los mismos efectos, pero esto no es por parte del sol, sino por
parte de las criaturas; una
persona se sirve de la luz del sol para trabajar, para ingeniarse, para
aprender, para apreciar las cosas, ésta se hace rica, se constituye y no va
mendigando el pan a los demás; otra persona se está ociosa, no quiere ocuparse
en nada, la luz del sol la inunda por todos lados, pero para ella es inútil, no
quiere hacer nada, ésta es pobre, enfermiza, porque el ocio produce muchos
males, físicos y morales, y si siente hambre tiene necesidad de mendigar el pan
a los demás. Ahora, de éstas dos, la
causa de su diferente estado será tal vez el sol? O bien ¿qué a una da más luz
y a la otra menos? Ciertamente que no, la única diferencia está en que una se
aprovecha en modo especial de la luz y la otra no. Ahora, así en el orden de la
gracia, la cual más que luz inunda las almas, y ahora se hace toda voz para
llamarlas, voz para instruirlas, para corregirlas, ahora se hace fuego y les
quema las cosas de acá abajo, y con sus llamas les pone en fuga las criaturas,
los placeres, con sus quemaduras forma los dolores, las cruces para dar al alma
la forma de la santidad que quiere de ella, ahora se hace agua y la purifica,
la embellece y la llena toda de gracia; ¿pero quiénes son los que están atentos
para recibir todos estos flujos de gracias, quiénes son los que aceptan? ¡Ah,
demasiado pocos! Y luego se atreven a decir que a unos doy la gracia para
hacerse santos y a otros no, casi como queriendo echarme la culpa, y se
contentan con llevar una vida ociosa, como si la luz de la gracia no estuviera
para ellos”.
(3) Luego agregó: “Hija mía, Yo amo
tanto a la criatura, que Yo mismo me pongo como centinela de cada corazón para
vigilarlo, para defenderlo y trabajar con mis mismas manos su propia
santificación. ¿Pero a cuántas amarguras no me sujeto? Unos me rechazan, otros
no me atienden y me desprecian, otros se lamentan de mi vigilancia, otros me
cierran las puertas en la cara haciendo inútil mi trabajo, y no sólo me pongo
Yo a hacerla de centinela, sino que también para esto elijo a las almas que
viven en mi Querer, porque encontrándose en todo Yo, las pongo junto Conmigo
como segundo centinela en cada corazón, y estas segundas centinelas me
consuelan, me corresponden por cada uno y me hacen compañía en la soledad a la
que me obligan muchos corazones, y me obligan a no dejarlos.
¡Gracia más grande no podría dar a las
criaturas, que darles a estas almas que viven de mi Querer, que son el portento
de los portentos”.
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11-135
Octubre 30, 1916
Advertencias de castigos, especialmente
para Italia.
(1) Estaba lamentándome con mi siempre
amable Jesús, que en estos días pasados apenas por unos instantes venía, es
más, en cuanto yo advertía su sombra Él huía. Y el bendito Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, qué pronto olvidas la
causa por la que en estos días no vengo tanto y huyo de ti, no es más que para
que los castigos aprieten. Las cosas empeorarán siempre más, ¡ah, el hombre ha
llegado a tal perversidad que para rendirlo no basta con tocarle la piel, sino
que parece que me quiere hacer llegar a pulverizarlo! Por eso una nación
invadirá a la otra y se herirán, la sangre correrá en los países como agua, es
más, en ciertas naciones se harán enemigos de ellos mismos y se destruirán, se
matarán, harán cosas de locos. ¡Ah, cuánto me duele el hombre! Yo lo lloro”.
(3) Ante el decir de Jesús he roto en
llanto y le rogaba para que perdonara a la pobre Italia, pero Jesús me
respondió:
(4) “Italia, Italia, ¡ah, si tú supieras
cuánto de mal está preparando! ¡Cuántas conjuras
contra mi Iglesia! No le basta con la sangre que está derramando en batalla,
sino que está sedienta de más sangre, y quiere la sangre de mis hijos, la
sangre de los sacerdotes, se quiere manchar de tales delitos en tal forma que
se atraerá la venganza del Cielo y de las demás naciones”.
(5) Yo quedé aterrorizada y temiendo
mucho, pero espero que el Señor se aplaque.
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11-136
Noviembre 15, 1916
El alma en la tierra se forma su paraíso.
(1) Me estaba lamentando con mi dulce
Jesús porque no me amaba como
antes, y Él todo bondad me ha dicho:
(2) “Hija mía, no amar a quien me ama me
es imposible, es más, me siento tan atraído hacia ella, que al más pequeño acto
de amor que me hace, Yo le respondo con amor triplicado y pongo en su corazón
una vena divina que le suministra ciencia divina, santidad y virtud divina, y
por cuanto más el alma me ama, tanto más esta vena divina surge, e irrigando
todas las potencias del alma se difunde para bien de las demás criaturas. Esta
vena la he puesto en ti, y cuando te falte mi presencia y no oigas mi voz, esta
vena suplirá a todo y te será voz para ti y para las demás criaturas”.
(3) Otro día estaba, según mi costumbre,
fundiéndome toda en la Voluntad del bendito Jesús, y Él me ha dicho:
(4) “Hija mía, por cuanto más te fundes
en Mí, tanto más Yo me fundo en ti, así que el alma su paraíso se lo forma en
la tierra según se ha llenado de pensamientos santos, de afectos, de deseos, de
palabras, de obras, de pasos santos, así va formando su paraíso. A un
pensamiento santo de más, a una palabra, corresponderá un contento de más y
tantas variedades de belleza, de contentos y de gloria por cuanto bien de más
habrá hecho. ¿Y cuál no será la sorpresa del alma cuando rota la cárcel del
cuerpo se encuentre en el océano de tantos placeres, felicidad, luz, belleza,
por cuanto de bien hizo, aunque haya sido un solo pensamiento?”
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11-137
Noviembre 30, 1916
Beneficios de reparar por los demás.
(1) Estaba muy afligida por la privación
de mi adorable Jesús y lloraba amargamente, y como estaba haciendo las horas de
la Pasión, un pensamiento me atormentaba diciéndome: “Ve para qué te han
servido las reparaciones por los demás, para hacer huir a Jesús”. Y pensaba
otros desatinos, y el bendito Jesús movido a compasión de mis lágrimas me
estrechó a su corazón y me dijo:
(2) “Hija mía, tú eres mi aguijón, mi
Amor se encuentra en aprietos con tus violencias. Si supieras cuánto sufro al
verte sufrir por causa mía, pero la Justicia que se quiere desahogar y tus
violencias mismas me obligan a esconderme, y como las cosas empeorarán, por eso
se necesita paciencia, y además has de saber que las reparaciones hechas por
los demás te han servido muchísimo, porque reparando por los demás tú querías
hacer lo que hice Yo, y Yo reparaba por todos y también por ti, pedía perdón
por todos, me dolía por las ofensas de todos, como también pedía perdón por ti,
y por ti también me dolía. Entonces, al
hacer tú lo que hice Yo, vienes a tomar juntas las reparaciones, el perdón y el
dolor que tuve por ti. ¿Y qué te podría servir más, mis reparaciones, mi
perdón, mi dolor, o los tuyos? Además, Yo no me dejo vencer nunca en
amor, y cuando veo que el
alma por amor mío está toda atenta a repararme, a amarme, a pedir perdón por
los pecadores, Yo, para ponerme a la par, en
modo especial pido perdón por ella, reparo y amo por parte suya, y voy
embelleciendo su alma con mi Amor, con mis reparaciones y perdón, por eso
continúa reparando y no suscites contrastes entre tú y Yo”.
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11-138
Diciembre 5, 1916
Bienes que hace el alma que vive en la
Voluntad de Dios.
(1) Estaba haciendo la meditación y
según mi costumbre estaba fundiéndome toda en el Querer de mi dulce Jesús. En ese
momento, ante mi mente veía una máquina que contenía innumerables fuentes que
hacían brotar olas de agua, de luz, de fuego, que elevándose hasta el Cielo se
derramaban sobre todas las criaturas; no
había criatura que no quedara inundada por esas olas, la única diferencia era
que algunas entraban dentro y otras quedaban sólo por fuera, y mi siempre
amable Jesús me dijo:
(2) “¡Hija mía, la máquina soy Yo! Mi Amor mantiene en movimiento a la máquina y en
todos se derrama; sólo que quien quiere recibir estas olas, está vacía y me
ama, estas olas entran dentro, los demás quedan tocados para disponerlos a
recibir tanto bien, pero las almas que hacen y viven en mi Voluntad están en la
misma máquina, y como viven de Mí, pueden disponer para bien de los demás las
olas que brotan, y ahora son luz que ilumina, ahora fuego que enciende, agua
que purifica. ¡Qué bello es ver a estas almas que viven de mi Querer que salen
de dentro de mi máquina como otras tantas pequeñas máquinas, difundiéndose para
bien de todos, y luego vuelven en mi máquina y desaparecen de entre las
criaturas, y viven de Mí y sólo de Mí!”
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11-139
Diciembre 9, 1916
Jesús quiere encontrarse a Sí mismo en
el alma, y que haga lo que hizo Él.
(1) Estaba afligida por la privación de
mi dulce Jesús, y si viene, mientras siento que respiro un poco de vida, quedo más afligida al verlo más afligido que yo
y que no quiere saber de aplacarse, pues las criaturas lo obligan, le arrancan
otros flagelos; pero mientras flagela llora por la suerte del mundo y se oculta
dentro de mi corazón, casi para no ver lo que sufre el hombre, parece que no se
puede vivir más en estos tristes tiempos, y además parece que se está solo al
principio de ellos. Entonces mi dulce Jesús, estando yo pensativa por mi dura y
triste suerte de deber estar casi continuamente privada de Él, vino y
poniéndome un brazo al hombro me ha dicho:
(2) “Hija mía, no acrecientes mis penas
con afligirte, son ya demasiadas, Yo no espero esto de ti, es más, quiero que
hagas tuyas mis penas, mis oraciones y todo Yo mismo, de modo que pueda
encontrar en ti otro Yo mismo, en estos tiempos quiero grandes satisfacciones y
sólo quien hace suyo a Mí mismo me las puede dar. Y lo que en Mí encontró el
Padre, es decir, gloria, complacencia, amor, satisfacción, completas y
perfectas, para bien de todos, Yo lo quiero encontrar en estas almas, como
otros tantos Jesús que lo hagan a la par de Mí, y estas intenciones las debes
repetir en cada hora de la Pasión que hagas, en cada acción, en todo, y si no
encuentro mis satisfacciones, ¡ah, para el mundo será el fin! Los flagelos
lloverán a torrentes. ¡Ah hija mía! ¡Ah hija mía!”
(3) Y ha desaparecido.
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11-140
Diciembre 14, 1916
Jesús durmió y obró para dar a las almas
el verdadero reposo en Dios.
(1) Estaba ofreciendo mi sueño a Jesús
diciéndole: “Tomo tu sueño y lo hago mío, y durmiendo con tu sueño quiero darte
el contento como si otro Jesús durmiera”. Y sin dejarme terminar lo que quería
decirle, Él me dijo:
(2) “Ah, sí hija mía, duerme con mi
sueño a fin de que mirándote pueda ver mi reflejo en ti, y mirándome pueda
encontrar en ti a todo Yo mismo, y ya que duermes con mi sueño, y a fin de que
mirándote tú en Mí, podamos los dos
estar de acuerdo en todo. Quiero decirte porqué mi Humanidad se sometió a la
debilidad del sueño: Hija mía, la criatura fue hecha por Mí, y como cosa mía la
quería tener sobre mi seno, en mis brazos, en continuo reposo, por tanto el
alma debía reposarse en mi Voluntad y Santidad, en mi Amor, en mi Belleza,
Potencia, Sabiduría, etc., todos estos, actos que constituyen el verdadero
reposo, ¡pero qué dolor! La criatura huye de mi seno, y esforzándose por
soltarse de mis brazos en los que la tengo abrazada, va en busca de vigilia:
Vigilia son las pasiones, el pecado, los apegos, los placeres; vigilia los temores, las ansiedades, las agitaciones, etc., así
que por cuanto la lloro y la llamo a reposarse en Mí, no soy escuchado, esta
era una ofensa grande, una afrenta a mi Amor, que la criatura ni siquiera
considera y no se preocupa en lo más mínimo en reparar. He aquí porqué yo quise
dormir, para dar la satisfacción al Padre del reposo que no toman las almas en
Él, correspondiéndole por todos, y mientras reposaba impetraba para todos el
verdadero reposo, haciéndome Yo vigilante de cada corazón para librarlo de la
vigilia de la culpa, y amo tanto este reposo de la criatura en Mí, que no sólo
quise dormir, sino que quise caminar para darle reposo a sus pies, obrar para
darle reposo a sus manos, latir, amar, para darle el reposo al corazón, en
suma, quise hacer todo para hacer que el alma hiciera todo en Mí y tomara
reposo, y Yo hiciera todo por ella, siempre y cuando la tuviera al seguro en
Mí”.
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11-141
Diciembre 22, 1916
Todo lo que el alma hace en la Voluntad
de Dios, Jesús lo hace junto con el alma.
(1) Habiendo recibido la comunión estaba
uniéndome toda con Jesús y fundiéndome toda
en su Querer, y le decía: “Yo no sé hacer nada ni decir nada, por eso siento la
gran necesidad de hacer lo que haces Tú y repetir tus mismas palabras; en tu
Querer encuentro presentes y como en acto los actos que Tú mismo hiciste al
recibirte Sacramentado, y yo los hago míos y te los repito”. Y así trataba
de entretejerme en todo lo que
había hecho Jesús al recibirse Sacramentado, y mientras esto hacía me dijo:
(2) “Hija mía, quien hace mi Voluntad y
todo lo que hace lo hace en mi Querer, me obliga a hacer junto con ella lo
que ella hace. Así que si recibe la
comunión en mi Querer, Yo repito los actos que hice al comulgarme, y renuevo el
fruto completo de mi Vida Sacramental; si reza en mi Querer, Yo rezo con ella y
renuevo el fruto de mis oraciones; si sufre, si obra, si habla en mi Voluntad,
Yo sufro junto y renuevo el fruto de mis penas, obro y hablo junto y renuevo el
fruto de mis obras y palabras, y así de todo lo demás”.
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11-142
Diciembre 30, 1916
Cómo Jesús nos ha hecho libres en la
voluntad y en el amor. Efectos de eso.
(1) Continuando mi estado, yo pensaba en
las penas de mi amable Jesús, y ofrecía mi martirio interior unido a las penas
de Jesús, y Él me ha dicho:
(2) “Hija mía, los verdugos pudieron
lacerar mi cuerpo, insultarme, pisotearme, etc., pero no pudieron tocar ni mi
Voluntad, ni mi Amor, estos los quise libres a fin de que como dos corrientes
pudieran correr, correr sin que ninguno pudiera impedirlas, vertiéndome para
bien de todos, aun de los mismos enemigos. ¡Oh, cómo triunfaba mi Voluntad, mi
Amor en medio de mis enemigos! Ellos me golpeaban con los flagelos y Yo golpeaba
sus corazones con mi Amor, y con mi Voluntad los encadenaba; ellos me pinchaban
la cabeza con espinas, y mi Amor encendía la luz en sus mentes para hacerme
conocer; ellos me abrían llagas, y mi Amor sanaba las llagas de las almas de
ellos; ellos me daban muerte y mi Amor les restituía la vida, tanto, que
mientras expiraba sobre la cruz, las llamas de mi Amor, tocando sus corazones
los constriñó a postrarse ante Mí y a confesarme por verdadero Dios; nunca fui
tan glorioso y triunfador como lo fui en las penas en el curso de mi Vida
mortal acá abajo. Ahora hija mía, a mi semejanza doté al alma de libertad en la
voluntad y en el amor, de manera que los demás pueden adueñarse del obrar
externo de la criatura, pero del obrar interior, de la voluntad y del amor,
¡ninguno, ninguno! Y Yo mismo la quise libre en esto, a fin de que, libremente,
no forzada, pudieran correr esta voluntad y este amor hacia Mí, y sumergiéndose
en Mí pudiera ofrecerme los actos más nobles y puros que la criatura puede
darme, y siendo Yo libre y ella también, podemos verternos mutuamente y correr,
correr hacia el Cielo para amar y glorificar al Padre, y morar juntos con la
Trinidad Sacrosanta, correr hacia la tierra para hacer el bien a todos, correr
en los corazones de todos para golpearlos de Amor, y con la Voluntad
encadenarlos y hacer de ella una conquista, así que dote más grande no podía
dar a la criatura; ¿pero dónde la criatura puede hacer desahogo de esta libre
voluntad y de este amor? En el sufrir. En el sufrir el amor crece, se
engrandece la voluntad y como reina se rige a sí misma, ata mi corazón, y sus
penas como corona me circundan, me apiadan y me hago dominar, así que no sé
resistir a las penas de un alma amante, y como reina la tengo a mi lado, y es
tanto el dominio de esta criatura en las penas, que le hacen adquirir modos
nobles, dignos, insinuantes, heroicos, desinteresados, semejantes a mis modos,
que las demás criaturas hacen competencia para hacerse dominar por esta alma. Y
por cuanto más el alma obra Conmigo, está unida Conmigo, se funde en Mí, tanto
más me siento absorbido por el alma, así que conforme piensa, me siento
absorber mi pensamiento en su mente; conforme mira, conforme habla, conforme
respira, así me siento absorber la mirada, la voz, el respiro, la acción, el
paso, el latido, todo me absorbe, y mientras me absorbe hace siempre
adquisición de mis modos, de mi semejanza, y Yo voy continuamente mirándome en
ella y me encuentro a Mí mismo”.
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11-143
Enero 10, 1917
Cómo la santidad está formada de cosas
pequeñas.
(1) Esta mañana mi amable Jesús me ha
dicho: “Hija mía, la santidad está formada de pequeñas cosas, así que quien
desprecia las pequeñas cosas no puede ser santo, sería como quien desprecia las
pequeñas semillas de los granos que unidas forman la masa del grano, y que si
no se tuviera cuidado de unirlas faltaría el alimento necesario y cotidiano de
la vida humana. Así a quien no cuida de unir juntos tantos pequeños actos, le
faltará el alimento a la santidad, y como sin alimento no se puede vivir, así
sin el alimento de los pequeños actos faltaría la verdadera forma de la
santidad y la masa suficiente para formar la santidad”.
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11-144
Febrero 2, 1917
El mundo se ha desequilibrado porque
ha perdido el pensamiento de la Pasión.
(1) Encontrándome en mi habitual estado,
me he encontrado fuera de mí misma, y he encontrado a mi siempre amable Jesús,
todo chorreando sangre, con una horrible corona de espinas, y con dificultad me
miraba por entre las espinas, y me dijo:
(2) “Hija mía, el mundo se ha
desequilibrado porque ha perdido el pensamiento de mi Pasión. En las tinieblas
no ha encontrado la luz de mi Pasión que lo ilumine, que haciéndole conocer mi
Amor y cuántas penas me cuestan las almas, pueda reaccionar y amar a quien
verdaderamente lo ha amado, y la luz de mi Pasión, guiándolo, lo ponía en
guardia de todos los peligros; en la debilidad no ha encontrado la fuerza de mi
Pasión que lo sostenga; en la impaciencia no ha encontrado el espejo de mi
paciencia que le infunda la calma, resignación, y ante mi paciencia,
avergonzándose tenga como un deber dominarse a sí mismo; en las penas no ha
encontrado el consuelo de las penas de un Dios, que sosteniendo las suyas le
infunda amor al sufrir; en el pecado no ha encontrado mi santidad, que
haciéndole frente le infunda odio a la culpa. ¡Ah! en todo ha prevaricado el
hombre porque se ha separado en todo de quien podía ayudarlo, por eso el mundo ha perdido el equilibrio,
ha hecho como un niño que no ha querido conocer más a su madre, como un
discípulo que desconociendo al maestro no ha querido escuchar más sus
enseñanzas ni aprender sus lecciones, ¿qué será de este niño y de este
discípulo? Serán el dolor de sí mismos y el terror y el dolor de la sociedad. Tal se ha hecho el hombre, terror y dolor,
pero dolor sin piedad, ¡ah, el hombre empeora, empeora siempre más y Yo lo lloro con lágrimas de
sangre!”
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11-145
Febrero 24, 1917
El alma al recibir la comunión debe
consumarse en
Jesús, y dar la gloria completa de la Vida
Sacramental
de Jesús a nombre de todos.
(1) Habiendo recibido la comunión, tenía
estrechado a mi corazón a mi dulce Jesús y le decía: “Vida mía, cuánto quisiera
hacer lo que hiciste Tú mismo cuando te recibiste Sacramentado, a fin de que Tú
puedas encontrar en mí tus mismos contentos, tus mismas oraciones, tus
reparaciones”. Y mi siempre amable Jesús me ha dicho:
(2) “Hija mía, en este breve giro de la
hostia Yo encierro todo, y por esto quise recibirme a Mí mismo, para hacer
actos completos que glorificaran al Padre dignamente, porque las criaturas
recibían a un Dios, y daba a las criaturas el fruto completo de mi Vida
Sacramental, de otra manera habría sido incompleto para la gloria del Padre y
para el bien de las criaturas, y por eso en cada hostia están mis oraciones,
mis agradecimientos, y todo lo demás que se necesitaba para glorificar al Padre, y lo que la criatura debía hacerme; así que si
la criatura falta, Yo en cada hostia continúo mi labor como si por cada alma me
recibiera otra vez a Mí mismo, entonces el alma debe transformarse en Mí y
hacerse una sola cosa Conmigo, y hacer suya mi Vida, mis oraciones, mis gemidos
de amor, mis penas, mis latidos de fuego con los que quisiera hacerlas arder, pero no encuentro quien se deje en poder
de mis llamas. Y Yo en la hostia renazco, vivo y muero, y me consumo, pero no
encuentro quien se consuma por Mí, y si el alma repite lo que hago Yo, me
siento repetir como si otra vez me hubiera recibido a Mí mismo, y encuentro
gloria completa, contentos divinos, desahogos de amor a la par de Mí, y doy
gracia al alma de consumarse en mi misma consumación”.
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Nihil obstat Canonico Hanibale M. Di Francia Eccl. |
Imprimatur Arzobispo Giuseppe M. Leo Octubre de 1926 |
[1] Este libro ha sido traducido directamente del
original manuscrito de Luisa Piccarreta.
[2] En los
manuscritos de Luisa se encuentran múltiples correcciones y añadiduras de
Annibale di Francia, para muestra están el volumen 01, cuya traducción consta
de más de 120 páginas en el corregido por Annibale, y sólo 77 en la traducción
del manuscrito. El otro es el volumen 17, donde se omitieron páginas y en
ocasiones capítulos enteros. En la presente traducción hemos tenido
un cuidado extremo para poner solamente lo que Luisa escribió, y tal como lo
escribió, con una sola excepción, que es ésta: La palabra que estaba
originalmente donde Annibale puso “permitiendo”, fue tachada de tal modo que
resulta imposible saber qué decía originalmente, y por eso hemos dejado la que agregó
el beato Annibale di Francia. Dios quiera y con el tiempo se pueda
descifrar dicha palabra.
I. M. I.